Crítica de Arabella. Strauss. Dresde

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José M. Irurzun 

Semperoper de Dresde. 10 Noviembre 2014. 

En la vida de las personas es muy habitual que cuanto mayores son las expectativas sobre cualquier hecho, mayor suele ser la decepción. Pocas veces las expectativas excepcionales se cumplen. La ópera no es una excepción a esta regla general y seguramente todos los aficionados hemos salidos decepcionados de representaciones, cuando mayores eran las expectativas iniciales. Por lo escrito en días anteriores, no tengo que intentar convencer a mis amigos de que mis expectativas sobre esta Arabella eran máximas. Pues bien, los milagros existen y las reglas universales tienen excepciones. En corto y por derecho, he tenido la fortuna de asistir a una milagrosa representación de Arabella. Una versión musical espectacular, llena de delicadeza y matices, un reparto vocal digno de las mejores grabaciones discográficas, y, finalmente, una producción escénica tradicional y agradable, sin relecturas, que, por cierto, en esta ópera son intentos absurdos. 

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Escena 

La producción ofrecida por la Semperoper es una coproducción con el Festival de Pascua de Salzburgo, donde se estrenó durante el pasado mes de Abril y también bajo la dirección de Christian Thielemann. La producción escénica lleva la firma de Florentine Klepper, que ya ha hecho varios trabajos para la Semperoper. La verdad es que esta ópera admite muy mal cualquier tipo de relecturas. La escenografía de Martina Segna ofrece en el primer acto tres módulos, que se desplazan lateralmente, presentando las habitaciones de hotel de los Waldner, la sala de estar y la habitación de las hijas. En el segundo acto nos trasladamos al hall del hotel, donde tiene lugar el baile, para volver en el tercer acto al mismo hall, donde se desarrolla toda la trama de equívocos. El vestuario de Anna Sofie Tuma se apega al libreto y resulta atractivo en el caso de Arabella. 

Finalmente, la iluminación de Bernd Purkrabek funciona bien. El mayor mérito de la producción es precisamente el de su tradicionalidad, ya que me temo que con cualquier originalidad se podrían haber producido problemas en escena, lo que habría sido imperdonable con el excelente cast preparado por la Semperoper. Los protagonistas de la ópera están muy familiarizados con sus personajes y, seguramente, lo mejor que ha podido hacer Florentine Klepper ha sido dejarles hacer. 

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Escena 

Araabella, como otras óperas de Richard Strauss, se estrenó precisamente en Dresde y la verdad es que los músicos de la Staatskapelle parece llevar esta música en los genes. Por si esto no fuera suficiente, la dirección corría a cargo de Christian Thielemann, su director titular y cuya altura artística solo es comparable con la de las grandes batutas de la historia. Arabella es una ópera muy especial. La música es tan delicada, tan intimista, tan emocionante, que no caben trucos ni superficialidades. La dirección musical de Thielemann fue simplemente milagrosa, especialmente en los dos últimos actos. Y no sé en qué términos referirme a la prestación de su Staatskapelle Dresden, que es una orquesta que no cede la primacía a ninguna otra, cuando está dirigida por Christian Thielemann. Como digo mas arriba, muy grandes eran las expectativas, pero hasta se han superado. Al salir del teatro pensaba que quizá lo más oportuno sea no volver a ver Arabella y quedarme con el recuerdo de ésta. Tiemblo ante lo que el Liceu nos vaya a ofrecer en unos días. 

El reparto ofrecido por la Semperoper era espléndido, difícil de igualar, repitiendo el que se ofreció hace unos meses en Salzburgo, con el cambio de Renée Fleming por Anja Harteros. Hace algún tiempo que vengo observando que los cantantes se transforman bajo la batuta de Thielemann y alcanzan una dimensíón distinta. También ha ocurrido en esta ocasión. 

La Arabella en Dresde ha sido Anja Harteros, de la que se podría repetir aquel famoso anuncio de la televisión. Busque, compare y, si encuentra algo mejor, cómprelo. No pierdan el tiempo. No van a encontrar nada mejor. Muchas veces me he referido al hecho de que la importancia de los teatros de ópera se pone de relieve en las sustituciones. Pues bien, sea la Semperoper o sea Thielemann, déjenme que les cuente la llegada de Anja Harteros al reparto. Como en Salzburgo, estaba anunciada en el rol protagonista Renée Fleming, estando la Harteros anunciada en la Scala en Amelia Grimaldi, con Plácido Domingo como Boccanegra. La soprano americana suspendió su participación en Arabella y la sustituta ha sido Anja Harteros. No sé si la Scala la ha liberado (supongo que así habrá sido), pero el hecho es digno de destacarse. 

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Anja Harteros 

Si milagrosa fue la dirección de Christian Thielemann, tendré que decir que la interpretación de Anja Harteros fue asombrosa. No se puede cantar mejor. Si Anna Netrebko es la Zarina de las sopranos actuales, Anja Harteros es la Kaiserin y no admite comparaciones. Más todavía cuando la dirige musicalmente el Kaiser de los directores. Si no me equivoco, hacía 5 años que no cantaba el personaje. Parecía propiamente que había sido ayer. No me queda sino esperar con impaciencia a su Marschallin el mes próximo en el mismo teatro y bajo la misma batuta. 

Thomas Hampson fue un lujo de Mandryka. Su interpretación fue magnífica. Pocas veces uno tiene la oportunidad de ver una interpretación de Mandryka tan convincente como la que nos ha ofrecido el barítono americano. Es cierto que Thomas Hampson no está en el mejor momento vocal de su carrera, con el agudo un tanto blanquecino y comprometido y los graves un poco escasos, pero mantiene toda la belleza del centro y es un formidable cantante y un enorme actor. Además de eso, sabe usar muy bien su inteligencia para tapar sus defectos. 

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Anja Harteros y Thomas Hampson 

La joven soprano Hanna-Elisabeth Müller me llamo poderosamente la atención en Munich el verano pasado y aquí ha vuelto a confirmar que estamos ante una soprano de largo recorrido. Su interpretación de Zdenka fue irreprochable, con una voz muy atractiva y adecuada para el personaje. 

El tenor Daniel Behle fue un notable Matteo en todos los sentidos, ofreciendo una voz muy bien timbrada y una buena interpretación tanto vocal como escénica. 

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Daniel Behle y Hanna-Elisabeth Müller 

Albert Dohmen dio vida al Conde Waldner y lo hizo bien, pero me resultó un tanto decepcionante. Sea por su iniciativa o por la concepción de la regía, el personaje se vio privado de toda vena cómica y yo la eché en falta. 

Daniela Fally lleva años siendo la Fiakermilli de referencia y lo ha vuelto a demostrar. Un auténtico lujo. 

Las veteranas Gabriele Schanut y Jane Henschel dieron vida a Adelaide y la Echadora de Cartas, respectivamente. Lo hicieron bien, aunque la voz de la Schnaut está lejos de ser lo que fue. 

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Thomas Hampson, Albert Dohmen, Gabriele Schnaut y Anja Harteros 

Los tres pretendientes fueron muy bien cubiertos por un estupendo Benjamín Bruns (Conde Elemer), otro lujo de reparto, Steven Humes (Conde Lamoral) y Derek Welton (Conde Dominik). 

La Semperoper hacía tiempo que había agotado sus localidades para esta Arabella, de la que únicamente se ofrecen dos representaciones. El público tributó un triunfo a los protagonistas, particularmente a Harteros, Thielemann y Hampson. En esta ocasión hubo una auténtica standing ovation. 

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 3 horas y 22 minutos, incluyendo un intermedio tras el primer acto. Duración musical de 2 horas y 50 minutos. Los aplausos finales se prolongaron durante 11 minutos, bajándose el telón, cuando el entusiasmo seguía. 

El precio de la localidad más cara era de 140 euros. La más barata con visibilidad plena costaba 45 euros. Las había también por 18 euros con visibilidad reducida.