Crítica de Carmen en el Teatro Argentino de La Plata

75

 

Crítica de Carmen en el Teatro Argentino de La Plata
Escena de Carmen en el Teatro Argentino de La Plata

Bizet creó con Carmen su obra maestra, qué duda cabe, y a lo largo del tiempo y en escenarios de los cuatro confines, la gitana de Merimée arropada en la música del compositor galo sigue conquistándonos … sigue fascinándonos…

El Teatro Argentino de La Plata, que bajo la dirección de Valeria Ambrosio viene optando por programar títulos del repertorio seguro que garanticen un lleno en la sala, no podía olvidar este capolavoro que, indudablemente, atraería a fanáticos, dilettantes y neófitos… y ese objetivo se logró: una sala colmada esperó, ansiosa, volver a ver esta historia de amor, pasión y celos en la bella ciudad de La Plata.

La versión de Carmen en el Teatro Argentino de La Plata tuvo un distinguido nivel musical de la mano del talento del Mtro. Tullio Gagliardo Varas que supo sacar lo mejor de la orquesta del Teatro Argentino. Buen balance, atenta relación con el escenario, matices… Muy lucidos los intermedios y una demostración de cómo hacer respirar a la orquesta junto con los cantantes, algo que ya no resulta tan frecuente, dieron la pauta de una cuidada lectura de la partitura.

Adriana Mastrángelo compuso una Carmen de buen nivel, sirviéndola con una voz que responde a las exigencias del rol, con bello timbre, pareja a lo largo del registro y con un color acorde a los requerimientos del estilo francés. Luchó denodadamente con algunas exigencias de la puesta que no le permitieron, salvo en la lograda escena final, desplegar todo su talento dramático… Donde lo hizo triunfó sin ambages.

Enrique Folger “es” Don José. Sabe, conoce, desentraña al personaje con una seguridad pasmosa y convence por su sinceridad que vuelve al rol de carne y hueso. Canta con una voz que responde a los desafíos de la parte y, si podría esperarse una pizca mayor de sutileza propia de la línea francesa, compensa ampliamente con su color, su caudal, su compromiso y su entrega. Cantó muy bien e interpretó superlativamente… y, al fin y al cabo ¡La ópera es Teatro cantado! La sala retribuyó su Aria de la flor con una cerrada ovación y esta se repitió sostenidamente en los saludos finales.

María Bugallo puso lo mejor de si en esta Micaela, aunque el rol no sea, tal vez, el que mejor le permita lucir sus valores. Cumplió, pero no se destacó… Algo que lamentamos sinceramente. Esperamos aplaudirla en un repertorio más afín a sus medios.

Leonardo Estévez como Escamillo fue de menor a mayor a lo largo de la velada. Su versión del célebre cuplet del toreador nos dejó un tanto decepcionados, pero en loas escenas siguientes se lo notó en mejor forma y pudo alcanzar bellos resultados, tanto en el tercer acto como en el cuarto.

Las Mercedes y Frasquita de Rocío Albizu y Victoria Gaeta tanto como los Dancairo y Remendado de Sebastián Sorarrain y Patricio Oliveira fueron muy bien servidos. Buenas voces y prestancia escénica… Bravo!

Muy destacada la labor del Coro y del Coro de Niños bajo la conducción de Hernán Sánchez Arteaga y Mónica Dagorret respectivamente.

En resumen, un bello espectáculo musical esta Carmen en el Teatro Argentino de La Plata… Ahora, en lo escénico…

Escena de Carmen en el Teatro Argentino de La Plata
Adriana Mastrangelo

Hemos visto Carmen de todas formas, con las más diversas ambientaciones, más cerca o más lejos de lo soñado por Meremée; más realista o más simbolista; más oscura o más colorida; más bella o más fea… pero pocas veces hemos asistido a una versión cuya puesta resultó un catálogo de ridículos sin sentido.

Aún no podemos determinar qué quiso hacer Valeria Ambrosio con esta ópera a la que plagó de trillados recursos de comedia musical en el movimiento de los figurantes, mientras condenó al estatismo al coro y dejó a los protagonistas librados a su suerte…

La incorporación de bailarines en el rol de alter ego de Don José y Carmen, tanto durante algunas escenas (!?) como en redundantes coreografías en los intermedios, subrayaban innecesariamente la acción o, lo que es peor, la anticipaban, deshaciendo el efecto del acto subsiguiente.

Es difícil justificar la indefinición en el vestuario que iba desde mujeres vestidas como en los años 40 a ejemplares de las más diversas tribus urbanas contemporáneas… Es difícil explicarse un Escamillo de capa negra decimonónica junto a una Carmen con pantalones Oxford o borceguíes… Es difícil y es triste… porque muestra que hubo poco para decir… pocas ideas… poco sentido… poca comprensión del drama al que se resumió, en la escena final, en un ejemplo más de femicidio, resaltado por el hashtag “#ni una menos”, que se leyó en el sobre titulado mientras Don José se despedía de su “Carmen adorée..”, en una ramplona alusión a la consigna que levantaron los millares de ciudadanos que se movilizaron en estos días en distintas ciudades del país contra la violencia de género.

Te pregunto, lector, si no resulta difícil de contener la risa cuando imaginamos a Carmen levantada en andas, como una vedette de Revistas, por un regimiento de soldados bailarines vestidos como miembros de una tropa de elite en decadencia durante la célebre “Habanera” o cuando el quinteto del segundo Acto se ve acompañado por los cinco intérpretes bailando Twist hacia la platea, o cuando la seguidilla es bailada por una tribu urbana en una mezcla de rock y gitano… Y si estos desaguisados se dan además en un escenario que presentó desajustes de iluminación, diseñada por Willy Landin, que dejaban por momentos a los intérpretes en la oscuridad o en una escenografía, firmada por René Diviú, que reemplazaba el agua de la fuente por papel picado plateado; o transformaba la taberna de Lillas Pastia en un sótano que, incongruentemente, tiene arcadas que dejan ver el cielo; o resume la Sierra Morena en un amontonamiento de bultos y un alambrado; realmente nos quedamos pensando cuál será el límite de respeto artístico a una obra y al público ante el que el “todo vale” debería detenerse.

Un teatro con la historia del Argentino, con la suma de talento de sus cuerpos estables, de los artistas y de los técnicos que posee, debe recuperar prontamente la senda apostando a la Calidad y para ello abandonar improvisaciones y recurrir a los que saben. No es una cuestión de tradición o vanguardia… es una cuestión de idoneidad.

Prof. Christian Lauria