Critica de El barbero de Sevilla y Lucia di Lammermoor

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Teatro Arenal.  MADRID.                                                                           13.OCT.2012

Federico Figueroa

Valor y pasión por el trabajo que realizan es lo primero que se percibe en “Ópera en Concierto”, propuesta lírica recién nacida y esperemos que con larga vida, en el recoleto Teatro Arenal. Una compañía que se lanza, en tiempos de crisis y sin el paraguas de una subvención, a presentar la verdadera materia prima de la ópera: cantantes y obras de repertorio. Con un piano en lugar de una orquesta de fuste, un elenco de jóvenes cantantes (algunos con trayectoria internacional) y un coro de doce voces, sacan adelante títulos líricos con dignidad y hasta con buena nota. El sábado a las 12:30 del día, mientras en las calles colindantes bullía el gentío habitual de un fin de semana, estos artistas se lanzaban al vacío con un paracaídas: la música de Il barbiere di Siviglia. La escenografía de un espectáculo ajeno que se representa por las noches en ese mismo escenario, un pianista dejándose la piel y la inteligencia escénica de cada intérprete (todos en ropa de calle y con la complicidad a flor de piel) obraron el milagro de posarles indemnes, y felices, en tierra. El barítono Borja Quiza, al igual que el personaje del barbero Fígaro que interpretaba, fue la ligazón y del espectáculo. Sus cualidades vocales –facilidad en el registro agudo, dominio de los ornamentos, cuidada proyección– brillaron tanto como su histrionismo, sin quedarse rezagado el Conde de Almaviva del tenor Alain Damas. Notable el Bartolo de Abelardo Cárdenas, con una bis cómica en su justa medida, y el Basilio de Carlos London. La Rosina de la soprano Ana Fernández, justa en el fiato y en el registro agudo, fue la menos brillante del elenco, en el que un correcto de Fiorello (David Mancebón) y una sobresaliente Berta (María Viñas) también pusieron toda la carne en el asador. El movimiento por el pequeño escenario, la iluminación y la utilización de atrezzo y escenografía (repito, ajena al espectáculo) indican que hubo un trabajo escénico. Desafortunadamente no hay una hoja, aunque sea pequeña, a la entrada de la sala que exhiba los nombres de los artistas sobre y tras el escenario.

El domingo, a la misma hora que el día anterior, el título fue Lucia di Lammermoor. Los cantantes eran otros y volvían a utilizar, de la manera más conveniente a la historia de la desdichada joven escocesa, la escenografía y las luces ya preparadas para un espectáculo que tiene lugar unas pocas horas más tarde en la misma sala. Esta vez ellos iban vestidos de traje y corbata y ellas de niñas “pijas” (en el caso de la protagonista rizando el rizo conceptual con el cambio del chal negro a uno rojo para la escena de la locura). La primera pregunta que surge, como fantasma, es ¿nos estarán tomando el pelo con esas carísimas nuevas producciones que pocas veces vuelven a verse en el los teatros que los encargaron y pagaron? En este caso, y al igual que el día anterior, a pesar de que el espectáculo es “en concierto” pareciera que los cantantes se han pasado ensayando un mes en esa escenografía diseñada para esa propuesta. En el elenco los hay más avezados, con más tablas pues, y otros aún “verdes”, que se suben al carro del que más tira y pronto empiezan también a empujar. Eso me pareció percibir en el caso de la pareja Lucia-Edgardo, primorosamente encarnada por la soprano Sonia de Munck y el joven tenor Juan Noval. Ambos cantaron a un nivel estupendo, exhibiendo sus portentosos instrumentos sin remilgos y con valentía. Ella, con más años en sobre los hombros, casi guiaba a “su” joven novio la cuestión escénica, tomándole, o invitándole a que le tomara, las manos, acercándose a él y buscándole en los dúos. Noval mostró un fresquísimo y bello material vocal, ojala y sea aprovechado por nuestros teatros oficiales pronto. De Munck compuso una Lucia serena, con el virtuosismo canoro en su punto. Harold Torres, tras una titubeante entrada en el primer acto, confirmó su valía como el barítono ascendente que es, aunque no sea el de Enrico Ashton el personaje que mejor le vaya a sus posibilidades vocales. Un bajo de muy buena pasta se dejó ver en el Raimondo de David Cervera. El tenor Facundo Muñoz dio buena cuenta de la parte de Normanno y sacó lustre a la de Arturo. Desde el piano, Sergio Kuhlmann realizó una meritoria labor “concertadora”, dando indicaciones al coro y algún solista que no tenía muy segura la entrada, además de imprimir un ritmo trepidante a toda la obra.

Mucho talento y muchas ganas de mostrarlo hay en “Ópera en Concierto”. Espero que el público responda a esta propuesta y logren consolidarla.

 

Federico Figueroa

Il Ibarbiere di Siviglia. A. Damas, A. Fernández, B. Quiza, C. London, A. Cárdenas,M. Viñas, D. Mancebón. Coro: Antonio Bautista. Pianista: Juan Bautista Carmena.

14.OCT.2012                                                                                                                    Lucia di Lammermoor. S. De Munck, J. Noval, H. Torres, D. Cervera, F. Muñoz. Coro: Antonio Bautista. Pianista: Sergio Kuhlmann.