Crítica de “El Rapto en el Serrallo (Die Entführung Aus Dem Serail)”. Viena

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Volksoper de Viena. 13 Septiembre 2012.

 

La Volksoper de Viena  (la opera popular sería la traducción) es el tercero de los teatros vieneses con programación lírica  estable de Septiembre a Junio. Aquí conviven la opereta y la ópera y todos los espectáculos se ofrecen con las fuerzas estables del teatro, en las que no se encuentras nombre de relumbrón, pero sí jóvenes cantantes que más tarde uno se los puede encontrar en los teatros de primera línea en el mundo. Esta representación del Rapto en el Serrallo ha respondido al esquema mencionado, con una producción efectiva, un notable nivel musical y un más que digno reparto vocal.

 

La producción de Helen Malkowski se estrenó hace un par de años  y viene reponiéndose desde entonces con cierta regularidad. Tanto escenografía como vestuario se deben a Bernd Franke y funcionan bien. Estamos en un escenario casi único, con muy pocos cambios entre actos, en un palacio un tanto decadente y descuidado del Passa Selim, en el que todos posprotagonistas visten de blanco o en colores muy claros y sirve bien para narrar la historia.

 

Escena
Escena

 

La dirección escénica tiene algunos aspectos atractivos, como presentar el coro de jenízaros como talibanes actuales, y la entrada de Selim junto con sus favoritas, todas con el velo, que va siendo levantado por el señor del palacio a cada una de las concubinas. El golpe más sorprendente – y negativo – tiene lugar en los últimos compases de la música de Mozart. Selim ha sido dejado sólo en escena, tras la marcha de los occidentales, y de pronto irrumpe Osmin con las manos ensangrentadas y las ropas de Blondine.  Es decir. la señora Malkowski se carga de un plumazo el final positivo de la opera, con  todo su mensaje humanista y de perdón.

 

La versión ofrecida es muy completa desde un punto de vista musical, cortando bastante los diálogos, lo que da mayor viveza a la acción, al menos desde la perspectiva de los espectadores de otras latitudes. La dirección musical estuvo encomendada a Gerrit Prießnitz, que es un habitual en el foso de la Volksoper. Su actuación me ha parecido muy apropiada a la música de Mozart, dirigiendo con vivacidad y obteniendo un notable resultado de la Orchester Volksoper Wien, cuyo sonido es mejor que los de muchas de las orquestas que ocupan los fosos de los teatros de ópera en nuestro país. Una agradable sorpresa. El Chor Volksoper Wien lo hizo bien en sus breves intervenciones, la última de ellas desde el foso para acentuar más la soledad final de Passa Selim.

 

Escena
Escena

 

En el reparto funcionaron mejor las voces masculinas que las femeninas, lo que no deja de ser una novedad.  Las féminas eran Netta Or como Konstanze y Beate Ritter como Blondine. La primera es una soprano ligera, que tiene una voz poco agradable, de las que pueden considerarse como percutantes. Su técnica de canto es buena, pero no compensa, especialmente en un personaje como Kosntanze, que requiere un centro de mayor entidad. Beate Ritter es otra ligera, que entraría bien en la categoría de soubrette. Lo hace bien, es desenvuelta en escena y la voz es agradable en el centro, pero empeora a partir del paso.

 

Cosmin Ifrim y Gregory Frank
Cosmin Ifrim y Gregory Frank

 

Mirko Roschkowski fue un Belmonte muy adecuado con una voz agradable de tenor ligero, que canta con gusto y afinación. Es un tenor mozartiano que puede cantar en muchos teatros sin problemas. Gregory Frank ha sido Osmin siempre en esta producción y lo hizo francamente bien. Buen actor y con una voz amplia y sonora en las notas graves, que tiene tanta importancia en este personaje. Finalmente, Cosmin Ifrim fue un estupendo Pedrillo, sobre todo vocalmente. Su figura no le ayudará a hacer carrera, lo que es una pena.

 

El actor August Zinner dio vida a Selim y lo hizo bien.

 

La Volksoper ofrecía una entrada de alrededor del 80 % del aforo (algo más de 1.400). El público se mostró cálido con los artistas durante y al final de la representación. Los mayores aplausos fueron para el maestro, y merecidamente.

 

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración total de 2 horas y 52 minutos, incluyendo 2 intermedios de 38 minutos en total. Los aplausos finales se prolongaron durante algo más de 4 minutos.

 

El precio de la localidad más cara era de 80 euros, habiendo butacas de platea desde 36 euros. En los pisos superiores había entradas por 21 euros. También había entradas de pie hasta por 2 euros.

 

Como en muchos teatros del área germánica, el uso del guardarropa es obligatorio. Lo sorprendente es que haya que pagar algo más de 1 euro por persona. En algunas localidades el peaje resulta desproporcionado, aparte de injusto.

 

 

José M. Irurzun