Crítica de “I Vespri Siciliani” (G. Verdi). Viena

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Staatsoper de Viena. 12 Septiembre 2012.

 

I Vespri Siciliani no forma parte de las óperas más representadas de Verdi dentro del grupo de óperas compuestas tras los conocidos como Años de Galeras. A las irregularidades dramáticas e incluso musicales de la ópera, se añade la necesidad de contar con un cuarteto de protagonistas de primer nivel, con unas exigencias enormes para la soprano y, sobre todo, para el tenor, que tiene que enfrentarse en varias ocasiones al RE bemol.

 

Escena
Escena

 

La producción ofrecida por la Staatsoper de Viena  es la que muchos aficionados conocen, llevando la firma del desaparecido Herbert Wernicke y estrenada aquí en el año 1998. La producción no lleva únicamente la firma de Wernicke en la dirección escénica, sino que a él se deben también escenografía, vestuario e iluminación. La producción es lo más parecido que pueda darse en un teatro a una versión de concierto o, si quieren ustedes, semi escenificada. El escenario único para los 5 actos consiste en una gran escalinata que ocupa todo el escenario y que tendrá no menos de 60 escalones. La acción se desarrolla en las escaleras, con la excepción de algunas escenas para las que se deja un estrecho espacio en corbata. Aparte de la escalera, no hay sino una reja para la escena de la prisión y una pequeña mesa y una silla para la escena de Monforte y Arrigo. En cuanto al vestuario, todo parece indicar que nos hemos trasladado del siglo XIII al XIX, con los sicilianos de oscuro y los soldados franceses de azul como únicos colores existentes en escena. A esto habría que añadir el vestido de novia en blanco para Elena en el último acto. La iluminación casi no existe, aparte de un foco para resaltar a quien canta.

 

La dirección escénica supongo que ha seguido las instrucciones originales de Wernicke, aunque no se facilita el nombre del responsable de esta reposición, quizá para evitarle sonrojos, ya que el movimiento escénico es ramplón donde los haya. He visto muchas versiones en concierto con más vida en escena que este espectáculo. Hay que reconocer que el ya desaparecido Herbert Wernicke metió un gol por toda la escuadra a la Ópera de Viena con esta producción, que bien harían en retirarla de la circulación.

 

Al frente de la dirección musical estaba Gianandrea Noceda, el actual director musical del Teatro Regio de Turín, que tuvo una notable actuación, en una lectura enérgica y con buen sentido verdiano. Estuvo particularmente intenso en los concertantes, notándose que ya había dirigido esta ópera el año pasado en Turín. M pareció una versión más interesante que la que hizo Welser-Möst en Don Carlo, y aquí no hubo abuso de volumen orquestal. Nuevamente hubo una destacada actuación por parte de la estupenda  Orchester der Wiener Staatsoper y también por parte del Chor der Wiener Staatsoper.

Burkhard Fritz
Burkhard Fritz

 

 

El tenor alemán Burkhard Fritz se encargó de la parte de Arrigo y resultó insuficiente. Es curioso que muchos creen que para cantar óperas de Wagner se necesitan voces más importantes que para Verdi. Sin embargo, Burkhard Fritz, que cumple bien en roles wagnerianos – este año ha sido un alabado Parsifal en Bayreuth – aquí ha resultado un Arrigo de voz insuficiente en volumen y mal emitida, de las que no corren por la sala. En su gran escena en la prisión rompió la voz en los sobreagudos en dos ocasiones. Cuando no se tienen las notas, es mejor no darlas que quedar en evidencia.  Visto lo visto, tengo que considerar que la elección de Gregory Kunde en Bilbao puede ser acertada.

 

Lo mejor del reparto fue la soprano Angela Meade en el personaje de Elena. Esta joven cantante esta llamada a tener una carrera muy importante. Tiene una voz de calidad y la maneja perfectamente, resultando muy solvente en los dos extremos de la tesitura. La he encontrado más expresiva en su canto que hace algo más de un mes en el Trovador de Perelada. Su único hándicap es que no le acompaña la figura y eso le puede pasar factura en los tiempos que corren.

Angela Meade
Angela Meade

 

Gabriele Viviani fue un buen intérprete de Monforte, cantando con gusto e intención. Su voz responde más a la de un Marcello en La Bohème que a un barítono verdiano. Es un barítono que pude resultar muy adecuado para cantar Donizetti y algunos Verdis, pero le falta espesor para los grandes roles, entre los que está Monforte. Aunque no es su responsabilidad, algo tendrían que haber hecho los responsables de la producción para hacer mínimamente creíble que este Monforte pudiera ser el padre de Arrigo, cuando más bien parecía que era el hermano más joven..

 

El cuarteto protagonista lo completaba Ferruccio Furlanetto como Giovanni da Proccida. Nunca me ha gustado la voz de Furlanetto y no ha cambiado mi opinión en este aspecto. Siempre he encontrado su voz corta de nobleza y un tanto basta. Lo que no cabe duda es  que se trata de un notable cantante y un auténtico artista en escena. El ansia de sangre y venganza de Procida llegaba perfectamente a la sala.

Ferruccio Furlanetto
Ferruccio Furlanetto

 

 

Los personajes secundarios estuvieron bien cubiertos por intérpretes que en muchos teatros podrían cantar partes principales. Se trataba de Alexandu Moisiuc (Bethune), Hans Peter Kammerer (Vaudemont), Alisa Kolosova (Ninetta), Marian Talaba (Danieli), Carlos Osuna (Tebaldo) y Tae-Joong Yang (Roberto).

 

El teatro esta lleno una vez más, aunque se notaban algunos asientos vacíos tras el segundo descanso. Se aplaudió con fuerza el aria de Procida y la de Elena en la prisión. Hubo algún tibio abucheo a Arrigo en su aria. La recepción final fue cálida, siendo las mayores ovaciones para Ferruccio Furlanetto y Angela Meade.

 

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración total de 3 horas y 22 minutos, incluyendo dos intermedios de 43 minutos en total, además de unas breves pausas de otros 5 minutos para cambios de vestuario entre actos. Una duración estrictamente musical de 2 horas y 31 minuto. Los aplausos finales se prolongaron durante 6 minutos.

 

El precio de la localidad más cara era de 185 euros, habiendo butacas en platea desde 115 euros. El los pisos altos los precios iban de 44 a 83 euros. En el piso más alto la localidad más barata con asiento costaba 30 euros. Las localidades de pie costaban 11 euros. Los precios resultan caros para una versión semi escenificada.

 

 

Fotografías. Cortesía Wiener Staatsoper

 

Fotógrafo: Michael Pöhn

 

 

 

José M. Irurzun