Crítica de La Belle Hélène. Offenbach. Berlín

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La Belle Hélène. Komische Oper de Berlín. 8 Noviembre 2014.

Pocos serán los aficionados a la ópera que, habiendo visitado Berlín, no hayan acudido a alguna representación en cualquiera de los dos grandes teatros de ópera, la Staatsoper Unter den Linden (actualmente en el Teatro Schiller por motivos de obras) y la Deutsche Oper. Hay además un tercer teatro de ópera – también, por cierto, en la Unter den Linden –, que se ha distinguido siempre por su programación variada de óperas, operetas y musicales, que casi siempre se dan en alemán. Uno de los directores de escena habituales en este teatro, el australiano Barrie Kosky, fue nombrado director de la Komische Oper hace unos pocos años y en este tiempo el teatro ha dado un salto espectacular sin perder sus señas de identidad de siempre. En mis habituales visitas a Berlín procuro siempre hacer una estación en la Komische Oper y siempre salgo satisfecho del resultado de los espectáculos que allí se ofrecen. Recomiendo a mis amigos que lo tengan muy en cuenta, si visitan Berlín.

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©Iko Freese /drama-berlin.de

La Belle Hélène es una opereta de Jacques Offenbach, en la que están presentes la sátira y el sentido del humor, al tratar de manera desenfadada los amores de Elena de Troya y Paris, que dieron lugar nada menos que a la famosa guerra de Troya. Offenbach conocía muy bien los gustos del público al que estaban destinadas su operetas y nunca les defraudaba. Estamos ante una obra muy divertida y con algunos buenos momentos musicales.

La producción ofrecida por la Komische Oper lleva la firma de su director Barrie Kosky y fue estrenada el mes pasado. Se trata de uno de los trabajos escénicos más imaginativos, brillantes y divertidos que he visto en muchos años. Trae la acción de la Grecia antigua a tiempos modernos, lo que no es tarea fácil, pero Barrie Kosky simplemente lo borda. La escenografía de Rufus Didwiszus es muy simple, apenas un espacio cerrado por varias puertas laterales, dejando una pasarela por delante, de modo que el foso de la orquesta queda en medio. El vestuario de Buki Shiff es divertidísimo y lleno de colorido, con toques verdaderamente geniales. Buena la iluminación de Diego Leetz. Lo que destaca sobremanera es la espectacular coreografía de Otto Pichler.

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©Iko Freese /drama-berlin.de

El ritmo de la producción es trepidante, el sentido del humor permanente y la dirección de escena es simplemente espectacular. Aquí los cantantes (habituales en representaciones de ópera), cantan, actúan y bailan. Algunos de ellos tienen actuaciones escénicas asombrosas. Por otro lado, el coro hace de todo y además bien. Lo menos importante es si cantan a la perfección o no. Su actuación escénica es impresionante. ¿Y qué puedo decir de los bailarines? Su actuación es auténticamente espectacular. Dan una vida increíble a la representación, bailan a las mil maravillas, actúan como auténticos astros de la escena y hasta cantan en ocasiones. Los hallazgos imaginativos de Barrie Kosky son dignos de ser vistos. Desde el golpe de audacia de presentar a Menelao y Aquiles en sillas de ruedas, hasta las morcillas musicales que intercala. Hay algunas escenas que son un prodigio, como la de Elena cantando en la pasarela y acompañada del bandoneón Non, Je ne regrette rien, tras su noche de amor con Paris, y seguida por un bailarín en tutú, o la de Menelao Ne me quitte pas a continuación. Quizá el mayor mérito de Barrie Kosky es el trabajo que hace con Calchas, quien, a pesar de su oronda figura, no tiene inconveniente en patinar con los bailarines por la pasarela y hasta termina haciendo el spagat. Si alguien quiere disfrutar una tarde en Berlín, les recomiendo vivamente que vean el espectáculo. No les penará.

La dirección musical estuvo encomendada a Kristiina Poska, que supo sacar toda la alegría, vivacidad y diversión de esta opereta. Esta directora de Estonia es muy habitual en la Komische Oper y sacó buen partido de la Orquesta. Del Coro ya he hablado más arriba y hay que descubrirse ante su actuación escénica.

La Belle Hélène fue interpretada por la soprano alemana Cornelia Zinc. En el estreno la protagonista era Nicole Chevalier, cuya actuación fue muy alabada por toda la crítica. No puedo hacer comparaciones, aunque las fotografías parecen mostrar la mayor adecuación física al personaje de Nicole Chevalier. En cualquier caso, Cornelia Zinc fue una muy notable actriz-cantante. En este personaje no basta con cantar. Hay que ser un auténtico animal de escena y ella lo es.

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©Iko Freese /drama-berlin.de

Paris fue interpretado por el tenor turco Tansel Akzeybek, que lo hizo muy bien. Este tenor lleva un par de temporadas en la compañía y se ha hecho notar en varias ocasiones. Es un tenor ligero, de voz atractiva y con facilidad en las notas altas. A eso hay que unir una figura adecuada al personaje y una buena desenvoltura escénica, además de bailar, cuando la ocasión lo requiere.

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©Iko Freese /drama-berlin.de

Magnífica la interpretación escénica del barítono Stefan Sevenich como el Gran Sacerdote Calchas, mostrando además una voz sonora y flexible.

El resto de personaje fueron bien cubierto por el tenor Christoph Späth como un divertido Menelao, la mezzo soprano Karolina Gumos, desenvuelta en la parte de Orestes, Uwe Schönbeck como un sonoro y divertido Aquiles y, finalmente, el barítono Tom Erik Lee en un excelente Ajax I.

La Komische Oper estaba prácticamente llena y el público se lo pasó en grande, dedicando grandes ovaciones a escena abierta y al final del espectáculo. La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 3 horas y 4 minutos, incluyendo un intermedio. Los intensos aplausos finales se prolongaron durante 7 minutos. El precio de la localidad más cara era de 79 euros, costando la más barata 12 euros.

José M. Irurzun