Crítica de La del soto del parral. Soutullo y Vert. Lima

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J. A. Rodríguez Garrido

Desde su estreno en Madrid en 1927, La del soto del parral de Reveriano Soutullo y Juan Vert, sobre el libreto de Anselmo Carreño y Luis Fernández de Sevilla, ha sido una carta de éxito seguro en las temporadas de zarzuela de España e Hispanoamérica. Recientes trabajos de investigación han mostrado que la obra fue en verdad el resultado de un proceso de revisión y reelaboración tanto del libro como de los números musicales que se inicia en 1925, con el estreno en Barcelona de La canción de los batanes, continúa al año siguiente con la revisión estrenada bajo el título de El ama de los batanes y desemboca en la zarzuela que hoy conocemos, que ofrecía un nuevo argumento, una revisión y adaptación de los números musicales y algún número nuevo. Este largo proceso de elaboración y transformación explica en buena medida el logro dramático y musical que los autores alcanzaron y por qué La del soto del parral tiene un lugar seguro en el repertorio de la zarzuela.

La presentación de este título emblemático en el Gran Teatro Nacional, en Lima, supone la primera puesta en escena de una obra de este género en esta nueva y moderna sala que rápidamente se ha convertido en el punto de referencia de los grandes espectáculos en la capital del Perú. La Asociación “Romanza” ha sido la responsable de la organización y la producción, y puede decirse con satisfacción que ha ofrecido una versión escénica y musical que ha estado a la altura del reto tanto de llevar la zarzuela al primer escenario del Perú, como de ofrecer una interpretación que haga justicia a la calidad de la obra.

La base del éxito reposa, de un lado, en la inspirada y profunda lectura musical del maestro Oliver Díaz y, de otra, en la inteligente y comprensiva dirección escénica de Ignacio García, así como, por supuesto, en la elección de un reparto de cantantes y actores (digamos, sobre todo, cantantes-actores) que saben transmitir las exigencias del drama y la partitura; pero, sobre todo, en la perfecta adecuación entre el foso de la orquesta y la escena. No es, en verdad, hoy tan habitual este encuentro (cada vez más el personalismo de algunos directores de escena lleva a una versión musical disociada de lo que ocurre en las tablas). Aquí, en cambio, ambos reman en la misma dirección y el resultado muestra que la zarzuela, bien entendida y bien interpretada, no requiere caer en la desnaturalización para poder seguir siendo vigente.

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Una escenografía de un estilizado realismo, que guarda los colores y la luz del tiempo de cosecha, expone el exterior de la casa en medio del campo desde una perspectiva angular, que parece anunciar las dos caras del drama y permite los desplazamientos de la acción desde dos frentes. Sobre ese marco, Ignacio García desplaza sabiamente a los personajes de este drama que es, en verdad, más complejo y oscuro de lo que a simple vista parece. La del soto del parral ofrece dos versiones del campo: una alegre, diáfana e idealizada (que se manifiesta en la trama cómica de los preparativos de la boda de Damián y Catalina y en los célebres números corales de la “Ronda de enamorados” y el “Coro de la consulta”) y otra de tonos más claroscuros, donde afloran temas como el deshonor, la traición, la propiedad de la tierra o incluso el tabú sexual.

No hay que olvidar que el conflicto entre los protagonistas surge del hecho de que, sin saberlo, Miguel está a punto de casarse con la que fue la amante de su padre; solo Germán lo sabe, pero el hecho es impronunciable, no solo por escandaloso, sino porque además él y Aurora recibieron generosamente del padre de Miguel la posesión de las tierras que ocupan. Del silencio evasivo y ambiguo de Germán surgen las dudas y malinterpretaciones primero de Miguel y luego de Aurora. Por supuesto, la zarzuela nunca adquiere los tonos extremos de la novela naturalista; aun así, una buena lectura dramática requiere moverse en un delicado equilibrio entre estos dos polos dramáticos. Eso es justamente lo que logra la dirección de Ignacio García: hacer que el mundo cómico e idealizado se tope y se funda con el drama. La partitura da, por supuesto, el pie para ello en los números que cierran cuadros (particularmente el concertante final II); pero García da incluso un paso más, al emplear el intermedio orquestal entre los dos cuadros del acto II (versión instrumentada de la célebre y alegre “Ronda de enamorados”) como fondo para mostrar el tránsito hacia la reclusión de Aurora en soledad dentro de la casa, haciendo para ello que, mediante los recursos técnicos de que dispone el teatro, el escenario se transforme y entremos así, con Aurora, al corazón de la casa. Uno pensaría que es imposible que esta música –para muchos representativa de la dimensión más amable y popular de la zarzuela- pudiera funcionar en ese contexto dramático. Y, sin embargo, García logra (con la complicidad del director musical) que el reclamo juguetón de los enamorados suene entonces a pérdida y nostalgia.

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La del soto del parral presenta una partitura variada, ricamente instrumentada, con amplios números corales, dúos y romanzas de intensidad dramática, y concertantes elaborados y complejos. La producción comentada ha ofrecido una versión completa, que incorpora incluso la romanza para el tenor (“Fuerza que me vence), que fue suprimida inicialmente por los propios autores e incluida, con nuevo texto, en otra de sus obras posteriores (la célebre “Bella enamorada” de El último romántico). Al hacerlo así, la obra revela su unidad y el equilibrio entre los distintos lenguajes que utiliza, de lo que Oliver Díaz saca todo el provecho posible. La presencia del verismo en los coros de la escena inicial o en los momentos de mayor intensidad dramática se revela musicalmente en la huella que Díaz impone a la interpretación. Podría decirse que el director ha tejido su lectura sobre la trama verista de la partitura, pero dejando, al mismo tiempo, el toque adecuado de ligereza y folklorismo que otros números de la partitura exigen. El manejo del complejo final del primer cuadro del acto II es la mejor demostración de ello.

Un elenco notable de cantantes da vida y voz a los principales personajes de esta zarzuela. La experimentada soprano María Rodríguez, una de las principales conocedoras e intérpretes del repertorio de la zarzuela, en su debut en Lima, ofrece una Aurora intensa. Su timbre incisivo y su temple dramático son un soporte esencial en el éxito y la coherencia del montaje. La del soto del parral es una obra de particular relieve para el barítono. César San Martín repite aquí el éxito que ya tuvo en España al encarnar el papel de Germán. Un hermoso timbre lírico –por momentos doliente- y una gran seguridad vocal le permiten resolver convincente y hermosamente los sucesivos cambios en la línea de la partitura, de un estilo casi recitativoa la intensidad dramática, pasando por el vuelo lírico. Su romanza del primer acto o su participación en el famoso dúo con Aurora lo revelan bien. Andrés Veramendi, quien se encuentra en un muy buen momento de su carrera vocal, dio proyección y relevancia musical al papel de Miguel, gracias en particular a la incorporación de la romanza para el tenor (es interesante observar cómo este número, que en El último romántico se convirtió en una página esencialmente lírica, posee aquí un carácter dramático). Junto a ellos, Arturo Vigo y Rosa Parodi mostraron el dominio que han adquirido en la interpretación de la pareja cómica (nada se aprecia más en la zarzuela que un par de cómicos que canten bien y, por supuesto, con gracia). Por su parte, Wilson Hidalgo, con su pericia de cantante, supo dar el estilo adecuado a la escena de la consulta y manejó convincentemente su papel del Tío Sabino con un pie en lo cómico y otro en lo dramático. Emilio Montero fue un insidioso y eficaz Tío Prudencio. El coro, bajo la dirección de Israel Olaya, sonó compacto y matizado en las varias páginas corales de la partitura.

El éxito de La del soto del parral en el Gran Teatro Nacional es el resultado de una producción de gran calidad y de unos artistas que realmente conocen su oficio. De hecho, estamos ante una mejora muy significativa en los espectáculos ofrecidos por la Asociación Romanza en los últimos años y que debiera marcar el estándar de las próximas producciones (y la fórmula para lograrlo). Parte del éxito reside siempre, por supuesto, en la obra misma y en lo que esta es capaz de despertar en el público si los intérpretes la traducen adecuadamente. Al ver en Lima esta representación del campo castellano en las primeras décadas del siglo XX, uno no puede dejar de reconocer sus vínculos culturales e históricos con el campo peruano y recordar la sorpresa y el entusiasmo de José María Arguedas al comprobar esta afinidad, cuando elaboraba su tesis sobre Las comunidades de España y del Perú. Un motivo más para desearle larga vida a la zarzuela en el Perú.

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La del Soto del Parral .

Gran Teatro Nacional del Perú – Produccion de Asociación Romanza 2014

Fechas: 11, 16, 18 de Octubre del 2014 GTN

 

Reparto:

AURORA…………………..Maria Rodriguez

GERMAN………………….Cesar Sanmartin

MIGUEL………………….. Andrés Veramendi

TIO PRUDENCIO………Emilio Montero

TIO SABINO………………Wilson Hidalgo

CATALINA………………… Rosa Parodi

DAMIAN…………………Arturo Vigo

 

Direccion musical : Óliver Díaz

Orquesta Sinfónica Ciudad de Lima

 

Coro Lírico Ciudad de Lima – Dr. Israel Olaya

 

Dirección escenica: Ignacio Garcia Fernández

Diseño de Iluminación: Lucho Baglietto

Diseño de Escenografía : Pepe Sialer

Diseño de vestuario y Asistencia

de Dirección : Danao
Producción : Asociación Romanza
Mecanica Treatral : Karlos Tasayco