Crítica de La Valkiria en Oviedo

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Crítica de La Valkiria en Oviedo
Escena de La Valkiria en Oviedo. Foto Alfonso- Ópera de Oviedo

Triunfal comienzo de temporada de la Ópera de Oviedo con la representación de La Valkiria de Richard Wagner. Las voces de Stuart Skelton, Nicolla Beller-Carbone, Tómas Tómasson y Elisabete Matos sobresalieron en un elenco muy equilibrado que propició momentos de excelencia musical bajo la batuta de Guillermo García Calvo.

Hace dos temporadas la Ópera de Oviedo iniciaba el proyecto de representar por primera vez en el Teatro Campoamor El Anillo del Nibelungo, una empresa confiada a la dirección escénica de Michal Znaniecki y musical de Guillermo García Calvo. Znaniecki basa su propuesta en el videomapping y la creación de entornos virtuales en lo que, como él mismo ha señalado, es un guiño a la idea teatral de Wagner de la búsqueda de novedades en el teatro y el juego con la luz. A menudo mediante proyecciones abstractas sobre un escenario vacío en dos niveles, este entorno virtual cambiante va dirigiendo la trama, apoyándose únicamente en dos elementos físicos: por un lado unos niños que funcionan como proyecciones de la infancia de los tres protagonistas (Siegmund, Sieglinde y Brünnhilde) y una serie de fichas de dominó repartidas en hilera que juegan con la idea de acto y consecuencia que unifica toda la Tetralogía. Se lograron cuadros de gran belleza plástica y desde luego la escena sirvió para apoyar a la música y subrayar algunos momentos importantes.

Porque, desde luego, la música de Wagner se hizo con el protagonismo desde el comienzo. El primer acto fue sencillamente magistral, apoyado sobre todo en las voces de Stuart Skelton (Siegmund) y Nicolla Beller-Carbone (Sieglinde). El tenor australiano mantiene un idilio con Oviedo desde su memorable Peter Grimes en 2012, y aunque el año pasado unos problemas vocales le impidieron cantar Samson et Dalila, el público sigue esperando expectante cada aparición de este cantante. La fuerza de su Siegmund, tanto vocal como dramáticamente, es apabullante. Skelton desarrolla una columna sonora muy potente, siempre ajustada en su afinación y colocación, y se descubre como un auténtico heldentenor, imponiéndose sobre la orquesta. A su lado Beller-Carbone propiciaba la réplica dulce, más calmada, pero también con una intensidad dramática heredada de sus apariciones en óperas de Strauss como Elektra, que importa a Wagner para enriquecer a su personaje. Junto a ellos Liang Li como Hunding supo aprovechar sus momentos basado en sus graves, apoyados y muy estables, que le propiciaban una presencia amenazante. García Calvo exhibió una gran capacidad para mantener la tensión, especialmente en este primer acto, que no perdería ya en las cuatro horas de representación, buscando un movimiento flexible de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, especialmente brillante en su sección de cuerdas y maderas.

Crítica de La Valkiria en Oviedo
Escena de La Valkiria en Oviedo. Foto Alfonso- Ópera de Oviedo

La búsqueda de unos niveles que dejasen oír a las voces, pero que no hiciesen decaer a la representación encontró sus mayores dificultades al comienzo del segundo acto, especialmente en el diálogo entre Wotan –Tómas Tómasson que repetía su rol dos años después– y Fricka –Michelle Breedt–. Es innegable la presencia de Tómasson, tanto escénica como vocal, para encarnar al Padre de los Guerreros, pero muchas veces sus esfuerzos eran baldíos al verse superado por la masa sonora del foso. Michelle Breedt como Fricka sí supuso un mayor contratiempo para la idea musical de García Calvo, por lo plano de su creación, situándose en un nivel algo inferior a sus compañeros. Claro, que cuando hablamos de una función con unas voces tan consagradas hay que poner en contexto una actuación que quizá en otras circunstancias luciría mucho más.

Y dejamos para el final a las Valkirias, con Elisabete Matos encarnando a una Brünnhilde guerrera y niña, en una dualidad fascinante que la lleva de mostrarse como una guerrera fuerte a verse indefensa ante el poder de su padre. Matos ya ha demostrado sobradamente su valía en papeles wagnerianos, y en Oviedo se la recuerda especialmente por su Isolda, que aquí quedó ampliamente superada gracias a una excepcional técnica que permite una línea vocal muy fluida, ilustrando perfectamente la idea del compositor de la ‘melodía infinita’. Junto a ella sus ocho hermanas (Isabella Gaudí, Raquel Lojendio, Sandra Ferrández, María Luisa Corbacho, Maribel Ortega, Marina Pardo, Anna Alàs i Jové y Marina Pinchuk) ofrecieron una gran intervención en el tercer acto, con una interesante idea de empaste vocal que aportaba mucha unidad a un conjunto de voces tan dispares.

Hay muchos nombres a destacar en La Valkiria de la Ópera de Oviedo. Pero para quien escribe estas líneas, en los últimos años dos producciones han sobresalido por encima de las demás, alcanzando excepcionales cotas de calidad: Peter Grimes y La Valkiria. Ambas con Stuart Skelton encabezando el reparto. No es casualidad.

Alejandro G. Villalibre