Crítica de Los cuentos de Hoffmann de Offenbach. Barcelona

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Gran Teatre del Liceu de Barcelona. 19 Febrero2013.

 

Estas representaciones de Les Contes d’Hoffmann han contado con un segundo reparto, que es del que ahora paso a ocuparme.

 

Nada cambia respecto de la producción escénica de Laurent Pelly, que me sigue resultando corta en general, siendo lo mejor conseguido los actos de Olympia y Antonia, mientras que el de Giulietta es el que sale peor parado,  sin que Prólogo y Epílogo consigan despertar el interés del espectador.

 

La dirección de Stephane Deneve ha estado en la misma línea que en el primer reparto. Una buena lectura, en la que me sorprendió que el acto de Antonia lo llevó con más lentitud que el día anterior.

 

El  nuevo Hoffmann era el jerezano Ismael Jordi, que resultó bastante poco adecuado a las exigencias vocales del personaje. Jordi es un refinado cantante, pero es demasiado ligero para Hoffmann, resultando su timbre más nasal de lo habitual y su canto de una mayor monotonía, por su falta de adecuación. No tuvo problemas de tesitura, a diferencia de lo que ocurriera con Michael Spyres.

 

Estas representaciones  ofrecían inicialmente una única soprano para los tres personajes femeninos – cuatro, si añadimos el episódico de Stella -. En el primer reparto se anunciaba a Natalie Dessay y en el segundo a la cubana Eglise Gutiérrez. Ya comenté hace un par de días que la francesa decidió abordar únicamente la parte de  Antonia.  Eglise Gutiérrez renunció a Olympia, cantando  únicamente las partes de Antonia y Giulietta. La verdad es que no me extraña, ya que no veo por dónde puede salir bien parada esta soprano en el personaje de la muñeca, como tampoco del de la cortesana, cuya tesitura le queda muy grave, resultando forzada y casi inaudible. Para Antonia resulta más adecuada, pero tampoco es una intérprete ideal, aparte de algunas medias voces de calidad, ya que su instrumento pierde  armónicos cada vez que la tesitura asciende. Unas veces tiene dificultades en las notas altas y otras, en cambio, las resuelve bien. No deja un gran recuerdo

 

Con la decisión de Eglise Gutiérrez de escaparse de Olympia, pudimos de nuevo disfrutar de la actuación de Kathleen Kim como la muñeca, que ha sido lo mejor de los dos repartos.

 

La Musa y Nicklausse fueron interpretadas por la mezzo catalana Gemma Coma-Alabert, quien lo hizo bien, salvo unos sonidos abiertos por arriba, que resultan  poco atractivos.

 

El americano Oren Gradus se ocupó de los 4 Diablos y lo hizo sin pena ni gloria. Le falta amplitud a su instrumento para poder resultar suficientemente amenazador y creíble en estos personajes.

 

En los personajes secundarios los mejores fueron  Carlos Chausson (Crespel), Francisco Vas (los 4 cameos) y Manel Esteve Madrid (Spalanzani). Cumplieron bien Isaac Galán (Schlemil), Alex Sanmartí (Luther) y Airam Hernández (Nathanael), mientras que los más flojos fueron Salomé Haller (Madre de Antonia) y Gabriel Diap (Hermann).

 

El Liceu presentaba huecos notables,  en una entrada que no llegaría al 85 % del aforo. Los huecos abundaban en las localidades más caras. El público se mostró más cálido que en el primer reparto. Las mayores ovaciones fueron para Kathleen Kim.

 

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración total  de 3 horas y 49 minutos, incluyendo dos intermedios. La duración estrictamente musical fue de 2 horas y 53 minutos, es decir 3 minutos más que en el primer reparto, estando toda la diferencia en el acto de Antonia. Los aplausos finales se prolongaron durante 5 minutos.

 

El precio de la localidad más cara era de 105 euros, costando 90 euros la butaca de platea. En los pisos superiores los precios oscilaban entre 78  y 35 euros. Había entradas con visibilidad reducida o nula por 25 y 13 euros, respectivamente.

 

Fotografías: Cortesía del Liceu

 

Copyright: A. Bofill

 

 

José M. Irurzun