Crítica de Madama Butterfly de Puccini.Barcelona. (1º reparto)

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Madama-butterfly

Roberto Alagna y Hui He

Gran Teatre del Liceu de Barcelona. 27 Marzo 2013.

Esta representación de Madama Butterfly ofrecía el primer reparto, aunque hay que matizar que lo de primero y segundo no constituyen sino un mero orden cronológico, puesto que el precio de las entradas era el mismo en ambos casos.  Al final, la dirección del Liceu ha tenido razón, ya que el resultado artístico no ha sido muy distinto en un caso y en otro.

Nada hay que añadir o matizar a lo escrito el día anterior en relación a la producción. El trabajo de Moshe Leiser  y Patrice Caurier resulta atractivo y elegante.

Tampoco hay nada de nuevo respecto de la dirección musical de José Miguel Pérez Sierra. Únicamente,  añadiré que durante el primer acto daba la impresión en algunos momentos que Roberto Alagna y el maestro no se ponían siempre de acuerdo y en algunos pasajes el divo se iba por delante.

El resultado del reparto vocal ha sido muy parejo con el del día anterior. Si tuviera que decantarme por uno de ellos, lo haría por el otro. Pero con una diferencia pequeña.

La nueva Cio Cio San era la soprano china Hui He, cuya voz resulta más adecuada a las exigencias de la partitura, aunque el timbre no sea especialmente atractivo. En cambio, su interpretación resulta menos convincente que la de Ermonela Jaho. A ambas hay que reconocer que no eludieron el temible sobreagudo de su entrada en escena. A la china le falta mayor capacidad para emocionar  y ser una intérprete de excepción. Por otro lado, me daba la impresión de que faltaba química entre Alagna y ella en el primer acto, quedando corto de pasión el maravilloso dúo de amor que escribiera Puccini.

Roberto Alagna puede considerarse como un lujo en el personaje de Pinkerton. No cabe duda de que su voz ofrece belleza y redondez, con un timbre más lírico que el de Jorge de León la noche anterior. En lo que el francés supera al español es en el manejo del instrumento, cantando con muchos más matices Alagna, lo que resultó evidente en Addio, fiorito asil. Tampoco Alagna se escapó de ninguna de las notas altas de su partitura.

Giovanni Meoni fue un Sharpless adecuado y correcto, cuyo resultado me resulta inferior al ofrecido por Ángel Ódena en la noche anterior. Tanto vocal como interpretativamente, me quedo con el barítono catalán.

Jossie Pérez  fue una Suzuki entregada a su personaje en escena, ofreciendo una voz que ha perdido calidad respecto de ocasiones anteriores.

Repitieron los intérpretes de los personajes secundarios, entre los que hay que añadir a Claudia Schneider como Kate Pinkerton, a quien no mencioné ayer inadvertidamente. Resultó apenas audible, lo mismo que Evgeni Orlov como Tió Bonzo. Correcto, Roberto Accurso en el rico Yamadori y adecuado y desenvuelto Vicente Ombuena como Goro.

El Liceu volvía a ofrecer un lleno absoluto y el público parecía más cálido que el da la noche anterior, ovacionando a escena abierta a Hui He tras su aria Un bel di vedremo. Al final hubo bravos sonoros para los dos protagonistas y el maestro.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración total de 2 horas y 52 minutos, incluyendo un intermedio. La duración estrictamente musical fue de 2 horas y 19 minutos. Los aplausos finales se prolongaron durante 8 minutos.

El precio de la localidad más cara era de 238 euros, siendo el precio de la butaca de platea de 177 euros. En los pisos superiores los precios oscilaban entre 141 y 33 euros. Había localidades sin visibilidad por 12 euros.

Fotografías. Cortesía del Liceu.

Copyright: A. Bofill

Jose M. Irurzun