Crítica de Misa en si menor de j. S. Bach. Barcelona

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Un espectacular Bach-Gardiner poco ortodoxo

 

XXXV Festival de Música Antiga. Misa en Si menor, BWV 232 de Johann Sebastian Bach. The Monteverdi Choir & English Baroque Soloist. Dirección: Sir John Eliot Gardiner. Auditori de Barcelona. 26 de Marzo del 2013

 

Tras más de 50 años estudiando y reinterpretando a Bach Sir John Eliot Gardiner hizo su debut en el Auditori de Barcelona con sus huestes musicales: Monteverdi Choir&English Barroc Soloist dentro del XXXV Festival de Música Antiga de Barcelona interpretando la Misa en si menor de J.S.Bach. Éxito absoluto.

El público que llenaba la Sala Pau Casals guardó un silencio reverencial desde la primera nota hasta que el gran sacerdote Gardiner bajo las manos tras el último acorde en Do mayor del Pacem final, explotando en unos aplausos y ovaciones entusiastas que fue acompañado con todo el auditorio puesto en píe durante largo tiempo.

La Misa en si menor de Juan Sebastián Bach es uno de los pilares de la historia de la música ya que no sólo es el compendio del músico alemán sino el referente de un estilo musical y de una época.

Gardiner a lo largo de su carrera ha hecho diferentes grabaciones de esta obra tal vez por eso la versión que se pudo oír el martes santo resultó para algunos chocante comparada con las versiones de estudio. Unos efectivos generosos en número y en volumen ofrecieron una lectura un poco alejada de los purismos de la escuela historicista acercándose más a una versión teatral que a una religiosa. Grandes crecendos y vibratos en las voces nos alejaban de otras versiones si bien nos adentraban en un mundo lleno de sorpresas sonoras con grandes dosis de buen hacer dentro de una heterodoxia de quien sabe que la música está para reinventarse y expresar. Una lección de frescura y verdad que dan los años y el estudio.

Con apenas interrupción entre los diferentes números y sin pausa la ejecución tuvo unos tempi más bien ligeros, algunos en exceso provocando algunos problemas de coordinación en la sección central de la fuga del Credo. Sin embargo esta continuidad y ligereza acentuó el carácter de danza en muchos de los movimientos (Pleni sunt celi).

Como ya es frecuente en estos conjuntos de música estable los solistas forman parte del coro y van combinando las diferentes arias y dúos con sus intervenciones corales. El nivel de los solistas fue en general digno destacando de entre ellos por su bello timbre de voz y elegancia el tenor Nicholas Pitchard (Benedictus), el barítono Alex Ashworth (Quoniam) , y la soprano Hanna Morrison que interpretó la mayoría de las arias y conjuntos de soprano con un instrumento no muy sonoro pero muy seguro de técnica.

Sin duda las estrellas de la noche, que giraron alrededor del SOL-Gardiner, fueron el coro y la orquesta que el fundó hace medio siglo y con los cuales tuvo una gran empatía para desarrollar su lectura llena de energía e imaginación.

Del primero destacar su ductilidad de volúmenes y colores, desde unos pianísimos sutiles a unos fuertes contundentes más cercanos a un coro verdiano que a una cantata del kapelmeister de Sto.Tomás. La afinación no decayó en ningún momento si bien el empasté entre los componentes de la cuerda de tenores podría haberse cuidado más o la presencia de tanto contratenor en la cuerda de alto hizo que se ganara en un color un tanto difuso. Estos detalles en absoluto deslucieron una calidad de excelencia del Monteverdi Choir para una obra que exige un esfuerzo titánico en virtuosismo, agilidades, expresividad y resistencia en las casí dos horas ininterrumpidas que duro la ejecución y que Gardiner dirigió de memoria creando una simbiosis perfecta con sus formaciones.

English Barroc Soloist no se quedo a la zaga ofreciendo como conjunto un sonido compacto, empastado en las diferentes familias, equilibrado de volúmenes y con la misma ductilidad del coro siguiendo hasta las mínimas indicaciones de quien durante más de medio siglo les ha conformado como algo personal al servicio de tantos compositores del XVIII. Destacar igualmente los solos obligados y bajo continuo de las diferentes arias y que demostraron una riqueza tímbrica, variedad de articulaciones y belleza de fraseos siempre al servicio de la expresividad de cada aria.

Un debut tan deseado como satisfecho en el resultado y sólo queda felicitar a los artífices de estos pequeños milagros musicales, que aparecen en medio de la pequeña selva de ofertas mediocres de nuestros días, a Sir Eliot que deseamos ver pronto con sus hijos musicales en otras producciones de esta magnitud y calidad. Felicitar igualmente al Auditori y sus programadores por estas iniciativas, que aunque no muy baratas para los tiempos que corren, reciben el apoyo unánime del público tan sediento de buenas propuestas de música antigua que en tanto escasea en esta ciudad.

Nicolás Piquero-RB