Crítica de Romeo y Julieta. Gounod. Lima

134

Romeo-y-juieta.-Lima

Eduardo Lucas

La exquisita madurez de un tenor excepcional

El día 22 de noviembre, unos privilegiados tuvimos la fortuna de presenciar un espectáculo lírico inolvidable.

Con un reparto de lujo y una excelente orquesta del Festival Granda junto al Coro Nacional de Perú de gran oficio, con la cuidada dirección musical de Manuel López Gómez que acompañó a los solistas con la experiencia del que no busca protagonismo y permite el lucimiento de los solistas. La escenaografía de una producción del teatro municipal de Santiago de Chile de Jean Louis Pichón de corte clásico pero muy imaginativa al estilo de nuestro Emilio Sagi fue una auténtica delicia, vistiendo a los Capulettos de color naranja y a los Montescos de celeste.

La sorpresa grata  de la noche (otro acierto de Ernesto Palacio) fue la actuación de la joven y bellísima  soprano rusa procedente del Bolschoi VENERA GIMADIEVA ofreció una Juliteta de gran ternura y con una voz ligera de bello timbre y gran adecuación al personaje, extraordinaria su versión del aria “Je veux vivre” y el resto de los diferentes pasajes muy compenetrada con su compañero de reparto, acaso un leve reparo sin duda por su juventud: una falta de graduación de  las intensidades, pero repito dentro de un nivel extraordinario.

El resto del reparto de gran nivel en todos los intérpretes.

Dejo para el final la versión rayana en lo sublime del rey de los tenores actuales, el peruano JUÁN DIEGO FLÓREZ. Con una voz que ha ido evolucionando hacia el registro lírico-ligero sin perder ni un ápice de brillo y facilidad en los agudos, ofrece ya un personaje pleno de matices, con un dominio de la vocalidad que aparenta no forzar la emisión en ningún momento, su musicalidad y fraseo resultaron prodigiosos en el aria L’amour, premiada con una ovación interminable, pero donde resulta conmovedor es en los diversos dúos que incluye esta deliciosa obra de Gounod  que en algunos momentos entornando los ojos me parecía estar escuchando al KRAUS joven. El intimismo exhibido en los momentos finales hace tan creíble esos instantes que sobrecogen e  invitan a pensar en un Juán Diego de nuevas posibilidades en su trayectoria triunfal hacia nuevos roles a cual más atractivo, como un Edgardo un Alfredo o un Gennaro que harán las delicias de todo los aficionados que seguimos su carrera con verdadera pasión.