Crítica del I Salón romántico. Madrid

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El Teatro de La Zarzuela de Madrid en su estupenda programación va incluyendo espectáculos en torno a las zarzuelas u ópera españolas que va presentando. En torno a la ópera de Arrieta, Marina, ha presentado este Salón romántico I con resultados desiguales aunque el público lo recibió con muchos aplausos u bravos para algunos artistas.

En torno a la música española, especialmente la canción de concierto, y con un pequeño guión escénico no muy acertado de César Diéguez, se fueron presentado diferentes artistas españoles todos con desigual fortuna.

El guitarrista Vicente Coves muy discreto especialmente en su sólo en la Suite española de Malats. El tenor Albert Monserrat posee unos medios muy interesantes con facilidad para ascender a la zona aguda y resuelta la zona de paso, pero su voz nasal y hasta veces gangosa hace difícil su audición. La soprano Ximena Agurto no tiene demasiado interés. Voz bastante plana e inexpresiva. Las Canciones amatorias de Granados fueron lamentablemente aburridas.

Lo mejor vino de la mano del piano y violín. Rosa Torres-Pardo tuvo una breve intervención con Leticia Moreno, violín, muy pulcra y con sentido en la Suite popular de Falla. El gran éxito vino de la mano de Rubén Fernández  Aguirre, un pianista colosal. Una técnica sobresaliente que hace pensar en una orquesta sacando al instrumento sonidos y matices insospechados a lo que se añade una extraordinaria inspiración. Entre las manos y el corazón no hay rupturas. Toca desde muy dentro, con el sentimiento y eso se transmite. La violinista internacional Leticia Moreno es un auténtico prodigio. De donde sale la música que interpreta, del violín de su alma? Además de ser una virtuosa genial llega al público al que deja totalmente absorto y entusiasmado. Pero a esto hay que añadir la perfecta conjunción de pianista y Violín puesta de manifiesto en el Concert Fantasies on Carmen de Sarasate.

Qué ocurría entre los solistas? Pocas veces se produce una simbiosis semejante, y ahí desbordaron al público que aplaudió con entusiasmo y bravos.

           Francisco García-Rosado