Crítica: «Der fliegende Holländer» en el Teatre Principal de Palma

OW    Por Federico Figueroa. Crítica: «Der fliegende Teatre Palma

Con entusiasmo y mucha ilusión se presentó Der fliegende Holländer (El holandés errante) en el Teatre Principal de Palma, en una cita que puede considerarse histórica: por primera vez una ópera de Richard Wagner se escenificaba íntegramente en un teatro mallorquín. La obra ya había sonado en 2001 en el Auditórium de Palma, en versión de concierto, dentro de la XV Temporada de Ópera, mientras el Teatre Principal de Palma permanecía cerrado por reformas. Las dimensiones del escenario y, sobre todo, las particularidades del foso —condicionantes del repertorio wagneriano— ayudan a explicar por qué esta obra no había formado parte antes de su programación, más allá de la complejidad inherente a estas partituras. Crítica: «Der fliegende Teatre Palma

La figura legendaria del marino condenado a surcar eternamente los océanos cautivó a Wagner durante su estancia en París en 1839. El compositor había llegado allí tras una accidentada travesía desde Riga, huyendo de acreedores y embarcado rumbo a Londres como polizón. A bordo del navío «Thetis» experimentó la fuerza del mar y sus tormentas, vivencias que dejaron huella profunda en su imaginación y lo conectaron con el mito del “marinero maldito”, redimible únicamente si una mujer aceptaba compartir su destino hasta la muerte. En 1841 concluyó una primera versión de la obra y, en medio de apuros económicos, vendió el libreto en alemán, circunstancia que dio pie a la posterior ópera Le vaisseau fantôme con música de Louis-Philippe Dietsch, hoy prácticamente olvidada.

Lejos de abandonar el proyecto, Wagner culminó su partitura en pocas semanas, otorgando a la orquesta un papel esencial, esbozando el uso del leitmotiv y perfilando a Senta como emblema de redención. La célebre balada de este personaje se convirtió en eje estructural, mientras la obertura sintetiza los principales elementos dramáticos y musicales. El estreno tuvo lugar en Dresde el 2 de enero de 1843, dirigido por el propio compositor, con una acogida más bien discreta. Con el paso del tiempo, sin embargo, Der fliegende Holländer fue consolidándose hasta integrarse en el canon wagneriano del Festival de Bayreuth, donde se representó por primera vez en su Festspielhaus en 1901.

Una escena de «Der fliegende Holländer» en Palma / Foto: Teatre Principal

En Palma, la minuciosa batuta de Guillermo García Calvo no logró evitar ciertas limitaciones acústicas: algunos pasajes carecieron de la expansión habitual, algo comprensible en un foso reducido donde el metal adquiere un relieve aún mayor a las cuerdas. Con todo, estas circunstancias no empañaron la fuerza expresiva de la partitura. De hecho, la dirección fue creciendo en solidez y equilibrio, conjugando refinamiento sonoro con firmeza estructural y una articulación clara que favoreció la fluidez dramática. La Orquesta Sinfónica de las Islas Baleares respondió con ductilidad, lo que permitió una buena fluidez narrativa. El Coro del Teatre Principal, tras un arranque un tanto atropellado se mostró compacto y homogéneo.

La propuesta escénica que presentó el Principal procede del Teatro Municipal de Santiago (Chile) y está firmada por Marcelo Lombardero, pero dado que él estaba en el Teatro Mayor de Bogotá haciendo una réplica de esta propuesta escénica, que representa el estreno de la obra en el país sudamericano, fue Ángela Boveri la encargada de la reposición en Palma. Se trata de una lectura escénica coherente y equilibrada, en la que el mar está presente mediante el inteligente uso de proyecciones que ampliaban la perspectiva visual de la dimensión del escenario. Lombardero nos cuenta, durante la grandiosa obertura, el ambiente familiar violento que sufre una niña rubia, posiblemente Senta. De ahí parte la estética realista que pone un marco amplio al desarrollo dramático-musical. En esta versión, no obstante, se prescinde de la redención final para el Holandés: Senta, atrapada en sus propias obsesiones y fantasmas, termina quitándose la vida sin aparente cambio en sus conciudadanos.

Iwona Sobotka y miembros del coro en «Der fliegende Holländer» en Palma / Foto: Teatre Principal

En el apartado vocal, el barítono georgiano George Gagnidze encarnó a un Holandés atormentado pero de escasa entidad teatral, destacando por la contundencia de su instrumento y claridad de emisión. La soprano polaca Iwona Sobotka ofreció una Senta de canto firme y equilibrado, con un timbre hermoso y expresivo. Especialmente brillante en la balada «Jo ho hoe! … Traft ihr das Shiff» y en el terceto «Verzeiht! Mein Volk hält draußen», con el Holandés y Daland, su padre. Este papel le fue encomendado al bajo armenio Vazgen Gazaryan, cantante de timbre oscuro y localidad redonda perjudicada por un canto poco matizado. Debutando el personaje de Erik el tenor asturiano Alejandro Roy mostró la solidez y los contornos  vocales idóneos con los que podrá continuar puliendo las aristas del rol. El Timonel del tenor mallorquín Joan Laínez, de brillante timbre y excelente presencia escénica, y la decidida y sólida mezzosoprano Ana Ibarra como Mary (la atormentada nodriza), completaron el elenco de competentes solistas. El Cor del Teatre Principal tuvo un buen desempeño en general: ligereza de las voces femeninas en la escena de las hilanderías y cohesión tímbrica en las voces masculinas.

Vazgen Gazaryan y Joan Laínez en una escena de «Der fliegende Holländer» en Palma / Foto: Teatre Principal

En definitiva, esta producción del Teatre Principal se distinguió por un equilibrio que ha hecho posible la escenificación de una ópera de Wagner en Palma. Se trata de una apuesta consciente de sus propios límites y posibilidades, ajustada al espacio y al contexto, que marca un hito en la trayectoria del teatro y abre nuevas perspectivas para su programación futura. Crítica: «Der fliegende Teatre Palma


Palma (Teatre Principal), 18 de febrero de 2026 Der fliegende Holländer

Dirección musical: Guillermo García Calvo.  Dirección de escena: Marcelo Lombardero.

Elenco: George Ganidze, Iwona Sobotka, Vazgen Gazarian, Alejandro Roy, Joan Laínez, Ana Ibarra.

Orquesta Sinfónica Islas Baleares, Coro del Teatre Principal