Crítica: «Der fliegende Holländer» en el Teatro Mayor de Bogotá

OW  Por Juan David Giraldo Crítica: «Der fliegende Teatro Bogotá

El Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo (TMJMSD) de Bogotá abrió su temporada lírica 2026 con la presentación de la ópera Der fliegende Holländer (El holandés errante) de Richard Wagner. Obra fundamental del repertorio germano, compuesta en 1843, fue la que inició su trilogía romántica, seguida por Tannhäuser (1845) y Lohengrin (1850). Crítica: «Der fliegende Teatro Bogotá

Una escena de «Der fliegende Holländer» en Bogotá / Foto: Juan Diego Castillo / TMJMSD

Es también la más cercana a las experiencias del propio Wagner, quien se identificaba con el capitán holandés: a mediados de 1839 el músico viajaba en un velero por el tempestuoso Mar del Norte, con forzosa parada en un puerto sueco, tal como lo cuenta en su autobiografía, mientras que el avezado neerlandés de la ópera vagaba entre las olas, anclando en puerto cada siete años. La diferencia entre uno y otro radica en que, mientras el “ni muerto ni vivo” era castigado por Dios, Wagner huía de sus acreedores, esperanzado en llegar a París y triunfar con su ópera Rienzi. Sea como fuere el paralelismo, en Der fliegende Holländer se alcanzan a sentir tanto las influencias de Ludwig van Beethoven, tan admirado por Wagner, como ciertas estructuras de la ópera italiana. La traducción del título al español, El holandés errante, es en parte inexacta. En francés se tituló Le Vaisseau fantôme y en italiano L’Olandese volante. En verdad, el holandés sí erraba, pero la expresión Der fliegende se compagina mejor con la acepción de “volante” o “flotante”, como en la ilusión óptica de la Fata Morgana, que ocurre cuando las naves en altamar, vistas desde la costa, parecen flotar. Asimismo, se relaciona con Das Geisterschiff (El buque fantasma), título que Wagner dio al esbozo inicial.

Esta es la primera vez en Bogotá que se pone en escena la ópera completa, con un destacado elenco nacional e internacional encabezado por la soprano caleña Betty Garcés como Senta y el bajo argentino Hernán Iturralde como el Holandés, acompañados por el barítono bogotano Valeriano Lanchas en el papel de Daland; el tenor argentino Gustavo López Manzitti como Erik; el tenor colombiano Hans Ever Mogollón como el Timonel, y la mezzosoprano costarricense Ana Mora como Mary. La Orquesta Filarmónica de Bogotá y el Coro Nacional de Colombia estuvieron bajo la dirección musical del estadounidense Stefan Lano. La propuesta escénica fue de Marcelo Lombardero, y se estrenó en el Teatro Municipal de Santiago; recientemente se presentó en Santa Cruz de Tenerife y, de manera simultánea con Bogotá, en Palma de Mallorca.

Una escena de «Der fliegende Holländer» en Bogotá / Foto: Juan Diego Castillo / TMJMSD

Lombardero —quien ha presentado óperas con montajes auténticamente revolucionarios en el Teatro Mayor— formula esta vez una propuesta escénica relativamente disruptiva. Por un lado, casi tradicional: mantiene el puerto, los barcos y, sobre todo, el mar en primerísimo plano —tal vez con exceso de proyecciones marítimas—. Por otro, plantea un giro sorprendente al desplazar el protagonismo del Holandés —que, al fin y al cabo, es un fantasma impecablemente interpretado por Hernán Iturralde— para centrarlo en Senta, ella sí muy viva y plasmada con todas las modulaciones, tanto vocales como actorales, por Betty Garcés. Así, el drama de Senta se hila coherentemente a lo largo de la ópera, concebida como un solo gran acto, como quería Wagner.

Durante la formidable obertura —en la que se recrea su infancia—, Senta es testigo de la violencia de su padre, Daland, y la niña se refugia fascinada en la leyenda del capitán maldito que busca redención a través del amor. Ya adulta, resiente los reclamos, a veces violentos, de su pretendiente Erik —Gustavo López Manzitti, una de las mejores voces de la noche—. Es tratada como simple objeto de intercambio por Daland, a quien Valeriano Lanchas dota de un matiz de humor que subraya el machismo del personaje. Durante la escena de las ruecas, Senta —a quien Garcés plasma con sublime enajenación— expresa su “predestinación” a redimir al Holandés, ante un grupo de mujeres igualmente sometidas a constantes agresiones. De ahí que, al verse sitiada por los rudos habitantes del puerto, se defienda con una pistola para cumplir su vocación de fidelidad y redimir al Holandés lanzándose al helado mar. En el elenco, Hans Ever Mogollón asumió con responsabilidad y brío sus breves pero valiosas intervenciones como Timonel, al igual que Ana Mora, una impecable Mary, quien confirma su habitual solidez. Last but not least, el Coro Nacional de Colombia —dirigido por Diana Carolina Cifuentes— vuelve a demostrar por qué es un protagonista invaluable de la lírica nacional.

Betty Garcés en una escena de «Der fliegende Holländer» en Bogotá / Foto: Juan Diego Castillo / TMJMSD

Las tres funciones tuvieron boletería agotada. Quien esto escribe asistió a la primera, el 19 de febrero, y fue testigo del emocionado aplauso que prodigó el público capitalino a esta producción de El holandés errante, refrendando así la certeza de la calidad de la oferta cultural del Teatro Mayor. Crítica: «Der fliegende Teatro Bogotá


Bogotá (Teatro Mayor), 19 de febrero de 2026. Der fliegende Holländer  Richard Wagner.

Dirección musical: Stefan Lano.        Dirección de escena: Marcelo Lombardero

Elenco: Hernán Iturralde, Betty Garcés, Valeriano Lanchas, Gustavo López Manzitti, Hans Ever Mogollón, Ana Mora. Crítica: «Der fliegende Teatro Bogotá

Orquesta Filarmónica de Bogotá.    Coro Nacional de Colombia.