Crítica: «Der fliegende Holländer» en Salzburgo

OW   Por Luc Roger Crítica: «Der fliegende Holländer» Salzburgo

El Teatro Estatal de Salzburgo (Salzburger Landestheater) presenta actualmente una nueva producción de Der fliegende Holländer (El holandés errante) de Richard Wagner, dirigida escénicamente Carl Philip von Maldeghem, director artístico del Landestheater, y ambientada en la magnífica Felsenreitschule ( Escuela de equitación de la roca), un espacio privilegiado para los creadores teatrales. El equipo artístico posee una amplia experiencia con este escenario, que ofrece una gran libertad visual y acústica. Allí, el director musical Leslie Suganandarajah ha dirigido anteriormente destacadas producciones de Lohengrin y El caballero de la rosa.

Martin Summer y Derek Welton / Foto: SLT – Tobias Witzgal

La escenógrafa y figurinista Stefanie Seitz ha concebido un imponente telón de proscenio en blanco y rojo —colores presentes tanto en las banderas noruega como austriaca— que, al abrirse, deja al descubierto el casco metálico y las cubiertas de un barco. Las velas son representadas por el propio telón, manipulado en escena por técnicos. Las galerías superiores de la Felsenreitschule, excavadas en la roca, permiten el movimiento de los marineros, situando toda la acción en ese entorno. Desde las tramoyas descienden cuerdas a las que las tripulaciones se aferran para resistir la tormenta o desplazarse de una cubierta a otra.

En tierra firme, aparentemente, no ocurre nada. El gran casco se abre en su parte inferior para revelar una sala de empaquetado, donde los operarios —ahora empleados de una empresa de mensajería— fabrican cajas de cartón y las preparan para su envío: es el coro de las hilanderas reinterpretado por el director. El único casco simboliza, en realidad, los dos barcos: a la derecha, el del capitán Daland, con velas blancas, y a la izquierda, el del Holandés Maldito, con velas rojas como el mismísimo infierno. En la parte inferior se proyectan vídeos del mar embravecido y, en primer plano, los bellos ojos de Senta. Maldeghem crea composiciones visualmente impactantes, a veces incluso humorísticas, en las que los vientos huracanados zarandean a los marineros como briznas de paja. El vestuario contemporáneo no resulta anacrónico en el universo legendario del Holandés errante, víctima de una eterna condena.

Magdalena Hinterdobler / Foto: SLT – Tobias Witzgal

Leslie Suganandarajah y la Orquesta Mozarteum de Salzburgo ofrecieron una lectura refinada y luminosa de las sonoridades románticas y vibrantes de esta partitura, la primera ópera verdaderamente canónica de Wagner y la que le aseguró un lugar en el Festspielhaus de Bayreuth. La orquesta supo plasmar el poder fatídico del mar y la turbulencia interior de los personajes, reflejados magistralmente en una música que conjuga lo terrorífico, lo fantástico y lo demoníaco mediante redobles de timbal, el tom-tom, el eolifón y acordes de séptima dominante. Las melodías fluyen con naturalidad y coherencia, y las reminiscencias temáticas internas anticipan ya los leitmotivs que más tarde se convertirían en sello wagneriano. La dirección musical, sin embargo, podría haber sido más precisa y dinámica; por momentos resultó excesivamente contemplativa y algo falta de energía. Curiosamente, la producción introduce un intermedio entre el segundo y el tercer acto, lo que rompe la continuidad y debilita la tensión dramática de la obra.

En el reparto, todos los cantantes mostraron voces poderosas, aunque los momentos más brillantes correspondieron a Magdalena Hinterdobler como Senta y Derek Welton como el Holandés. La soprano bávara, miembro de la Ópera de Fráncfort desde la temporada pasada y elogiada por su reciente debut como Ellen Orford en Peter Grimes, ofreció una Senta intensa, de presencia escénica arrolladora y agudos tan sobrecogedores como los vientos que azotan la costa noruega. El bajo-barítono wagneriano Derek Welton, quien ha interpretado Klingsor y Amfortas en Bayreuth, encarnó un Holandés de poderosa virilidad, seductor y profundamente humano, aunque su súbito cambio final resulta difícil de justificar.

Martin Summer y Derek Welton / Foto: SLT – Tobias Witzgal

El barítono austríaco Martin Summer, recordado por su exitoso Barón Ochs en esta misma sala, debutó con acierto como Daland. El tenor británico Luke Sinclair prestó su voz cálida y melódica a Erik, el amante despechado, mientras que el joven tenor ruso Ilia Skvirskii aportó frescura y encanto al timonel. La mezzosoprano escocesa Katie Coventry, miembro de la compañía del teatro, ofreció una sólida y expresiva María. El Coro del Teatro Estatal de Salzburgo, reforzado por miembros del Coro Filarmónico, dio vida a la partitura con fuerza y espectacularidad.

En conjunto, fue una velada de gran nivel artístico, en la que pudimos disfrutar de las complejas armonías y la profunda expresividad de El holandés errante en el incomparable marco natural de la Felsenreitschule. Crítica: «Der fliegende Holländer» Salzburgo


Salzburgo (Felsenreitschule), 2 de noviembre de 2023  Der fliegende Holländer  Dirección orquestal: Leslie Suganandarajah. Dirección musical: Carl Philip de Maldeghem. Diseño de escenografía y vestuario: Stefanie Seitz. Crítica: «Der fliegende Holländer» Salzburgo

Elenco: Derek Welton, Martin Summer, Magdalena Hinterdobler, Luke Sinclair, Katie Coventry, Ilia Skvirskii

Orquesta Mozarteum de Salzburgo. Coro y coro adicional del Teatro Estatal de Salzburgo, miembros del Coro Filarmónico de Viena.