Crítica: «Der Ring des Nibelungen» en la Ópera de Sofía

OW                               Crítica Der Ring Ópera Sofía                              Por Daniel Lara

Fiel a una tradición de excelencia ya plenamente consolidada, la Ópera de Sofía inauguró una nueva edición de su prestigioso Festival Wagner apuntándose un nuevo éxito artístico. Lo hizo con una nueva reposición del ciclo completo de la tetralogía Der Ring des Nibelungen, presentada en un nivel de calidad superlativa. Este nuevo éxito explica por qué esta casa de ópera se ha erigido como una referencia wagneriana de primer orden y, gracias a una extraordinaria combinación de calidad artística, esfuerzo y talento, se ha ganado el apelativo de “la Bayreuth de los Balcanes” convirtiendo además a su festival en una cita estival ineludible para todo aquel que se considere un auténtico amante del genio wagneriano. Crítica Der Ring Ópera Sofía

Una escena de «Der Ring des Nibelungen» / Foto: Ópera de Sofía

En el apartado vocal, el elenco -mayoritariamente integrado por artistas búlgaros- volvió a poner de manifiesto la excelente salud de la que goza el canto lírico en el país balcánico, respondiendo con solvencia y convicción a las elevadas exigencias musicales de la obra. En lo que respecta a las voces masculinas, Martin Iliev firmó una actuación de gran nivel, primero como un idóneo velsungo Siegmund y posteriormente como un convincente héroe Siegfried. Para ambos personajes puso al servicio una voz potente, de acentos heroicos, homogénea, bien proyectada, segura en el registro agudo y de notable resistencia. Exhibió un cuidado legato en un “Winterstürme…” de manual cargado de emoción y lirismo, y coloreó de desenfado juvenil la forja de la espada. Garantía de profesionalidad, Daniel Ostretsov ofreció una interpretación de alto vuelo del manipulador e insidioso semidios Loge con una voz de atractivo color, homogénea y emitida con seguridad a la que nutrió con una amplia gama de recursos expresivos. Completando el grupo de dioses, resultaron correctos y bien plantados el Donner de Svetozar Rangelov y el Froh de Emil Pavlov.

Como los hermanos nibelungos, tanto el detallista Krassimir Dinev como el sonoro Plamen Dimitrov mostraron medios vocales relevantes e hicieron actuaciones muy logradas que reflejaron toda la variedad de estados de ánimo que atraviesan el codicioso y miedoso Mime y el oscuro y retorcido Alberich respectivamente. Stefan Vladimirov fue un creíble, aunque poco sutil, gigante constructor Fasolt, mientras que Petar Buchkov hizo un desempeño muy loable como su hermano Fafner. No obstante, fue posteriormente, en la más atractiva parte del pérfido Hagen, donde Buchkov encontró un terreno más fértil para alardear de sus importantes recursos vocales —una voz cavernosa, extensa y resonante—, así como de su vehemente temperamento para dar vida a la compleja personalidad del oscuro y brutal hijo de Alberich. Crítica Der Ring Ópera Sofía

Una escena de «Der Ring des Nibelungen» / Foto: Ópera de Sofía

Como Wotan en el prólogo, el bajo Veselin Mihaylov se mostró vocalmente muy cómodo en una parte que pareció ajustarse perfectamente a sus medios. Dotado de una voz bien timbrada y flexible, así como de un fraseo depurado y de gran fuerza expresiva, supo imponer con naturalidad la autoridad propia del padre de los dioses. Todo un lujo resultó Atanas Mladenov, quien aportó al débil e influenciable gibichungo Gunther una voz de aterciopelado timbre, legato flexible y un canto refinado y seductor. 

En cuanto a los integrantes masculinos no búlgaros del reparto, con una voz de timbre cálido, uniforme y noble, manejada con impecable dominio técnico y finura interpretativa, el barítono griego Aris Argiris encarnó un dios Wotan excepcional en Die Walküre, de gran presencia escénica y profunda humanidad y vulnerabilidad. Llena de ternura, dolor y resignación, su despedida de Brünnhilde fue uno de los momentos más emotivos del ciclo, al punto que obligó a más de un espectador a ir en busca de pañuelos. No le fue en zaga el húngaro Krisztián Cser, quien con imponente vocalidad y gran elegancia en el decir, concibió un Caminante de primer orden, al que dotó de una dimensión superior a la habitual. El legendario Kurt Rydl compensó un rendimiento vocal discreto con una eficaz y experta construcción del malévolo Hunding. Del equipo de voces femeninas, la parte de Brünnhilde estuvo excelentemente servida. En primer lugar, por una muy eficaz Gergana Rusekova (Die Walküre), cuya voz generosa, bien timbrada, de cálido centro y luminosos agudos se adecuó perfectamente al personaje de la desobediente y predilecta hija de Wotan. En el mismo papel, Radostina Nikolaeva (Siegfried y Götterdämmerung) se alzó con un merecido triunfo personal. Poseedora de una voz lírico-spinto brillante, plena, insinuante y muy bien administrada, nunca se amedrentó ante las exigencias de la tesitura y ofreció una caracterización intensa, emocionante y dramáticamente efectiva. De su interpretación quedaron llamados a perdurar en la memoria tanto el descubrimiento de Siegfried al despertar, plasmado en un emocionante y delicado “Heil dir, Sonne!”, como su inmolación final, “Starke Scheite”, dicha con gran autoridad y poder de convicción, dos momentos que constituyeron las cimas de una actuación de alto vuelo.

Una escena de «Der Ring des Nibelungen» / Foto: Ópera de Sofía

Compartiendo honores, Alma Liza Bandolovska, primero como la welsunga Sieglinde y luego como la gibichunga Gutrune, exhibió una insolente salud vocal, una línea de canto cuidada, un centro cálido y denso, y agudos seguros y expansivos. En el plano interpretativo, fue una artista particularmente entregada a la composición de sus personajes, a los que construyó con convicción y notable compromiso dramático. Muy destacable resultó la labor de la joven y prometedora Vesela Yaneva, primero como la inflexible y severa Fricka y posteriormente como la enigmática y profética Erda (Siegfried), papeles que bordó con una voz suntuosamente coloreada, de graves cálidos y gran capacidad expresiva. Con sólidos medios vocales y gran personalidad, Violeta Radomirska dotó a Erda del aura de misterio que el personaje requiere y, aunque algo menos dramática y confrontativa de lo habitual, ofreció una Waltraute de apreciable consistencia, particularmente en su breve narración “Höre mit Sinn, was ich dir sage…”, momento que convirtió en uno de los grandes de la edición. Por su parte, Silvana Pravcheva aportó corrección, calidez y frescura en su muy convincente composición de la temerosa diosa Freia. Desbordante de energía y en un envidiable estado físico, María Pavlova como el pájaro del bosque presumió de su bonita y afinada voz colgada de un trapecio y haciendo acrobacias mientras conducía al héroe hasta su futura amada. Reuniendo a grupo de talentosos cantantes locales, tanto las ondinas del Rin como las aguerridas valquirias y las tejedoras Nornas ensamblaron de modo impecable sus voces y se mostraron muy entregadas a los requerimientos de la dirección actoral. Óptimamente preparado por su directora Violeta Dimitrova, el coro de la casa volvió a hacer gala de su excelente forma en sus intervenciones en El ocaso de los dioses.

Otro de los pilares del éxito de la producción debe buscarse en la excelente dirección musical del maestro alemán Constantin Trinks, uno de los directores wagnerianos más destacados de la actualidad. Al frente de la excelente Orquesta de la Ópera de Sofía, volvió a demostrar su profundo conocimiento de la partitura, sosteniendo con pulso firme e impetuoso la tensión dramática del discurso wagneriano del que ofreció una lectura siempre controlada, precisa y atenta a la labor de los cantantes. Particularmente memorables resultaron los grandes momentos sinfónicos: el “Siegfrieds Rheinfahrt” y la “Trauermarsch”, a los que dirigió con energía, belleza tímbrica y una admirable claridad estructural. Sin caer en el efectismo, Trinks realzó la riqueza de la escritura orquestal wagneriana, convirtiendo ambos momentos en puntos culminantes de esta edición.

Una escena de «Der Ring des Nibelungen» / Foto: Ópera de Sofía

Desde su estreno en 2023, la mitológica y simbólica producción escénica firmada por Plamen Kartaloff no ha dejado de cautivar por su creatividad, su claridad narrativa y su fuerza visual, ofreciendo al espectador una enriquecedora experiencia escénica servida con respeto y fidelidad al espíritu del drama wagneriano.  Rica en hallazgos escénicos y planteamientos creativos, esta propuesta, que puede situarse en un punto intermedio entre la tradición y la modernidad, interpretó el Ring como una alegoría atemporal de la condición humana, en la que las luchas por el poder desencadenan un proceso recurrente de corrupción y destrucción, por encima de cualquier dimensión heroica. Hombre de escena, al fin y al cabo, Kartaloff delineó con gran sabiduría la psicología de los personajes, así como las relaciones de poder que se establecieron entre estos, echando mano de una enorme variedad de recursos. Contribuyendo de manera decisiva a materializar sobre el escenario el universo creativo plateado por el director búlgaro, Hans Kudlich diseñó un espacio escénico dominado por tres grandes trisqueles —antiguos símbolos geométricos de origen celta y nórdico— que, como representación de la naturaleza cíclica de la existencia, desde el nacimiento hasta la muerte, actuaron como elemento unificador de las cuatro óperas. El constante movimiento de estas estructuras, que se elevaron, giraron y se fragmentaron, no sólo generó nuevas y variadas configuraciones escénicas, sino que también aportó continuidad y dinamismo al desarrollo dramático, reforzando las ideas de la inexorabilidad del destino y de los mecanismos de manipulación del poder. Aliados en la consecución del mismo objetivo creativo, Andrej Hajdinjak (iluminación) y Elena Shopova (multimedia) concibieron una estética de intensa riqueza cromática que transformó el escenario en un espacio esencialmente mental, donde sirviéndose del color, subrayaron los estados psicológicos y emocionales de los personajes. Por último, resulta imprescindible destacar el excepcional aporte de Hristiyana Mihaleva-Zorbalieva quien firmó un vestuario de supremo buen gusto, cuidada elaboración y reinterpretación contemporánea que se integró perfectamente a la propuesta escenográfica. Por sus muy elaboradas resoluciones teatrales, el ascenso de los dioses al Walhalla, la famosa cabalgata de las valquirias —a las que se las presentó montadas en impactantes caballos rojos—, el encantamiento del fuego y el nacimiento de un nuevo mundo fueron sólo algunos de los muchos momentos que, por su gran impacto visual, la audiencia celebró con gran entusiasmo. Una vez caído el telón, el público respondió con prolongadas ovaciones que premiaron el trabajo de intérpretes, orquesta y equipo escénico, confirmando este Anillo como una referencia de primer orden en el panorama wagneriano actual.

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Sofia (Sofia Opera and Ballet). Festival Wagner. Del 26 de mayo al 1 de junio de 2026. Richard Wagner Der Ring des Nibelungen. Producción de la Opera de Sofia.

Dirección musical: Constantin Trinks.  Dirección de escena: Plamen Kartaloff.

Elenco: Veselin Mihaylov (Wotan), Vesela Yaneva (Fricka, Schwertleite), Plamen Dimitrov (Alberich), Daniel Ostretsov (Loge), Krassimir Dinev (Mime), Petar Buchkov (Fafner, Hagen), Stefan Vladimirov (Fasolt), Svetozar Rangelov (Donner), Emil Pavlov (Froh), Silvana Pravcheva (Freia), Violeta Radomirska (Erda, Waltraute), Stanislava Momekova (Woglinde, Helmwige), Ina Petrova (Wellgunde, Waltraute, Segunda Norma), Alexandrina Stoyanova-Andreeva (Flosshilde, Grimgerde), Aris Argiris (Wotan), Gergana Rusekova (Brünnhilde), Martin Iliev (Siegmund, Siegfried), Alma Liza Bandalovska (Sieglinde, Gutrune), Kurt Rydl (Hunding), Silvia Teneva (Ortlinde, Tercera Norma), Lyubov Metodieva (Gerhilde), Micaela Di Catalano (Siegrune), Tsveta Sarambelieva (Rossweisse, Primera Norma), Radostina Nikolaeva (Brünnhilde), Krisztián Cser (Wanderer), Maria Pavlova (Pájaro del bosque) y Atanas Mladenov (Gunther). Crítica Der Ring Ópera Sofía 

Orquesta y coro de la Opera de Sofia.