Por Cristina Marinero Crítica: «Don Quijote» CND Real
Largos aplausos para la CND en el reestreno del ballet Don Quijote en el Teatro Real
Con todas las entradas agotadas para las (muy pocas) cinco funciones de Don Quijote, de José Carlos Martínez, la noche de su reestreno en el Teatro Real, el jueves 27 de febrero, concentró una energía especial: la que se siente cuando hay expectación y muchas ganas de ballet clásico. Toda la Compañía Nacional de Danza, dirigida desde septiembre por Muriel Romero, recibió largos y efusivos aplausos de los espectadores que llenaron el Real al término de este gran título de la tradición coreográfica de la danza académica, programado por el Teatro Real cuando era director Joaquín de Luz (ahora, flamante responsable de los Veranos de la Villa de Madrid). Crítica: «Don Quijote» CND Real

Creado por el legendario coreógrafo francés Marius Petipa y el compositor austriaco Ludwig Minkus en 1869 en el Bolshoi de Moscú, fue después adaptado por ellos al escenario y gusto del Mariinsky de San Petersburgo (1871), y, más tarde, versionado por Alexander Gorsky en 1900, conservando gran parte del original, sobre todo los pasos a dos y partes más clásicas, marca de la “casa Petipa”. Don Quijote fue el primer título compuesto por Minkus con Petipa, quien había vivido y bailado en España de 1844 a 1847, contratado como bailarín del Teatro del Circo de Madrid, realizando giras por las principales ciudades andaluzas con la diva del ballet Marie Guy Stephan. Le “dejamos escapar”, sí, porque después fue contratado en Rusia y allí hizo historia, pero su inmersión en nuestra cultura influiría en su creación de ballets con tema español como su grand pas classique de Paquita o Don Quijote, todavía vivos por las grandes compañías.

Los protagonistas de la noche de estreno, Giada Rossi (Quiteria) y Yanier Gómez (Basilio), estuvieron brillantes y el volumen de la aclamación del público se elevó cuando ofrecieron su saludo final. También creció el tono cuando subió al escenario Manuel Coves, director musical al frente de la Orquesta Titular del Teatro Real, quien ya desde los primeros compases insufló a la partitura de esa efervescencia especial que un español dota a los ritmos propios, tan bien trasladados como estilización clásica por Ludwig Minkus en esta exitosa creación de hace 155 años. En la versión de José Carlos Martínez, estrenada en 2015 en el Teatro de la Zarzuela con la misma efusividad por parte del público, que también agotó taquillas, se dota a las danzas españolas del tercer acto, bolero y fandango, de un acercamiento mayor al baile patrio, dentro siempre de la estilización de lo español en un ballet clásico, que es como debe de ser.

Para ello contó con la colaboración de la bailarina Mayte Chico, muchos años en las filas de la Compañía Antonio Gades, pero también se suma que muchos de los bailarines de la Compañía Nacional de Danza tienen asumido el estilo de nuestra danza como algo natural. Y ahí está la clave de la elegancia que mostraron en ellas, con Kayoko Everhart y Juan José Carazo (Mercedes y Espada, respectivamente) al frente, como también en el segundo acto. Puro ballet éste, respaldado por la entrada en un mundo de ensoñación de Don Quijote (Isaac Montllor, quien tiene a su lado, como Sancho Panza a Jesús Florencio), es el acto clásico sin argumento, como le gustaba a Petipa incluir en sus ballets para mostrar su cristalina danza académica. Elna Matamoros ha puesto rigor en sus ensayos como repetidora porque un cuerpo de baile disciplinado y prístino en sus intervenciones marca la altura de toda compañía.
Entre las afiladas elevaciones de piernas de Giada Rossi, perfecta también en sus diagonales de giros y saltos (siempre recordamos a Maya Plisetskaya con su enérgico grand jeté attitude cambré derrière que marcó un hito), así como en sus equilibrios, y el virtuosismo de Yanier Gómez, volando en cualquiera de sus variaciones, cómico en la escena de la falsa muerte de Basilio, destacamos también el lado más pizpireto de Daniella Oropesa (Cupido), el lirismo de Elisa Ghisalberti (Dulcinea), la comicidad de Álvaro Madrigal (Camacho), los vuelos de Anthony Pina, y la potente personalidad de Shani Peretz en cualquiera de sus intervenciones.

Si se tratara a la Compañía Nacional de Danza como debiera ser, esto es, proporcionándole temporadas de semanas en el Teatro de la Zarzuela y el Teatro Real con los ballets clásicos –que son la base para crecer-, bailarinas tan sólidas como ella y otros de los artistas (pienso en Felipe Domingos como Basilio, en Erez Ilan interpretando a Espada, también en la personalidad de Irene Ureña como Mercedes, por citar solo a algunos) podrían ir protagonizando aquellos personajes titulares que les fuesen bien con su impronta, como es el caso de Shani Peretz con Quiteria de Don Quijote.
Madrid (Teatro Real), 27 de febrero de 2025. Don Quijote Música de Minkus. Coreografía: José Carlos Martínez
Orquesta Titular del Teatro Real / Dirección: Manuel Coves
Bailarines: Kayoko Everhart, Juan José Carazo, Giada Rossi, Yanier Gómez, Jesús Florencio, Isaac Montllor, Daniella Oropesa, Elisa Ghisalberti, Álvaro Madrigal, Anthony Pina, Shani Peretz etc. OW













