Crítica: El Ballet de la Ópera de Viena en el Teatro Real

Por Cristina Marinero Crítica: Ballet Viena Teatro Real 

El Ballet de la Ópera de Viena, como ha sido conocido siempre, o Ballet Estatal de Viena, como se ha hecho en llamar en los últimos años, ha cerrado la programación de danza del Teatro Real de la temporada 2024-2025. Como saben, ya es tradición que el escenario de la Plaza de Oriente programe tres compañías de danza cada temporada y, este año, junto a los austriacos, hemos podido ver al San Francisco Ballet que dirige Tamara Rojo, con El lago de los cisnes de Helgi Tomasson sobre el original de Marius Petipa y Lev Ivanov, y a la Compañía Nacional de Danza reponiendo el exitoso Don Quijote de José Carlos Martínez, también sobre el original de Petipa, programado cuando todavía era director Joaquín de Luz. Crítica: Ballet Viena Teatro Real 

 

El Ballet de la Ópera de Viena en 4, de Martin Schläpfer / Foto: Javier del Real

En 2017, el Ballet de la Ópera de Viena se presentó en el Teatro Real con el clásico El corsario, en versión de Manuel Legris, su director entonces, sobre, como no, el original de Petipa. Anteriormente estrella del Ballet de la Ópera de París, Legris estuvo diez años al frente de la formación vienesa y, en 2020, le sustituyó el suizo Marin Schläpfer, hasta entonces director del Ballet del Rin, con sede en Düsseldorf y Duisburgo. 

Precisamente, estuvimos en Düsseldorf en junio de 2018 invitados por este ballet alemán para ver El lago de los cisnes de Schläpfer, a propósito de su siguiente visita a España, para bailar en el Teatro Real en octubre de ese año su coreografía Un réquiem alemán. Sorprendentemente, una semana después se anunció que dirigiría desde 2020 el Ballet de la Ópera de Viena. Aquel mismo 2018, en diciembre, de viaje a la capital austriaca, pudimos ver ensayar El cascanueces de Nureyev a los primeros bailarines con Manuel Legris, una experiencia única en el magnífico teatro de ópera sin público y siguiendo atentamente las indicaciones del director. 

Pues bien, Martin Schläpfer ha llegado ahora al Teatro Real con el Ballet de la Ópera de Viena cuando le quedan solo tres meses como director, ya que a finales de 2023 se anunció que sería relevado al fin de su contrato, el 31 de agosto de 2025, por la gran bailarina italiana Alessandra Ferri. Desde el 1 de septiembre, Ferri toma la responsabilidad de volver a situar al histórico ballet en el lugar que le corresponde, como declaró en el evento para anunciar la temporada 2025-2026, con su elegancia, glamour y cuatro siglos de historia.

Aleksandra Liashenko y Géraud Wielick en Concertante / Foto: Javier del Real

El programa contratado por el Teatro Real para traer al Ballet de la Ópera de Viena se comprende elegido por un experto en música clásica y no tanto por un especialista en danza. Porque 4 (2020), título escueto dado por Schläpfer a su ballet sobre la Sinfonía nº 4 de Gustav Mahler es una coreografía que no funciona. Y la razón de ser de este programa, entendemos, era traer este título de Mahler, no tanto “una coreografía de Schläpfer”. Qué pena, porque España está llena de auditorios y orquestas que pueden interpretar a Mahler, pero en el tema danza no estamos igual de boyantes. Y si se programa la danza según la música que la respalda y no por la calidad coreográfica, pues…

Que 4 vaya acompañada por la estupenda Concertante (1994) del coreográfico neoclásico holandés Hans van Manen –toda una leyenda, si bien continúa entre nosotros a punto de cumplir 93 años- parece una decisión basada en cómo ampliar el programa. Sin embargo, esta creación de veinte minutos, sobre la composición de 1945 de Frank Martin, es la verdadera joya de la representación. En el foso, la Orquesta del Teatro Real, con Matthew Rowe, estuvo al frente para ambas composiciones. 

Ya habíamos visto en nuestra visita a Dusseldorf y cuando ese ballet vino al Real, comentado antes, que el coreógrafo suizo tiene especial querencia por el vestuario negro y con diseños eclécticos –demasiado-, espacio escénico negro y un tipo de movimiento nutrido con variedad de fórmulas unidas de forma un tanto forzada. La hora y diez que dura 4 ha vuelto a traernos preguntas que entonces ya nos hicimos. ¿Por qué tanto negro y con trajes tan distintos unos de otros que lo que hacen es no dejar ver la danza? ¿Por qué esos cortes bruscos en las dinámicas de las variaciones, tan desasosegantes? ¿Por qué no hay una estructura clara en su coreografía, cuando el tapete musical sobre el que crea sí la tiene? Crítica: Ballet Viena Teatro Real 

Liudmila Konovalova y Marcos Menha en Concertante / Foto:Javier del Real

4 es tan desconcertante como fueron su Lago y Un réquiem alemán. Le falta una columna vertebral desde la que la coreografía se erija. Y un diseño de vestuario que contribuya a ver la danza. Porque todos los intérpretes vestidos con trajes distintos emborrona la puesta en escena. Eso sí, la calidad técnica y artística de los bailarines contribuye a que las variaciones más académicas se vean con esplendor. Bailarines, además, que sumaban seis decenas en la escena final, donde solamente caminan hacia el frente y mueven los brazos tapándose los ojos y destapándolos. Qué pena que no se hiciera esfuerzo similar –traer a casi toda la compañía- para ofrecer uno de los clásicos que el Ballet de la Ópera de Viena atesora desde hace décadas (siguen manteniendo en repertorio El lago… de Nureyev, de 1964, así como otros que realizó en la Opera de París, remontados por Legris), para los que se justificaría con razón que viaje todo el cuerpo de baile al Teatro Real.

Cuatro parejas, entre ellas las formadas por Aleksandra Liashenko y Géraud Wielick, y  Liudmila Konovalova y Marcos Menha, son las protagonisas de Concertante, de Hans van Manen, como decíamos, sobre la Petite Symphonie Concertante (1945) de Frank Martin. Creada en 1994, su energía se basa en la tensión entre las distintas parejas, lo que propicia variaciones donde la línea clásica se mantiene incluso en los momentos con acentos que marcan el enfrentamiento. La decisión, muy habitual, de van Manen de vestir a los bailarines con maillots de cuerpo entero (aquí con fondo negro y líneas de color), permite admirar el despliegue de sus cuerpos y elongar sus figuras. Esa sensación de ballet moderno de los 80-90 es siempre de agradecer, porque los coreógrafos creaban desde el núcleo todavía muy fortalecido de la danza académica. Y Concertante es una gran coreografía en el camino del ballet neoclásico surgido en Europa y basado en Balanchine, perfecto para que los bailarines puedan mostrar sus altas cualidades cuando las tienen, como sí es el caso de los miembros del Ballet de la Ópera de Viena. 


Madrid (Teatro Real), 23 de mayo de 2025.     Ballet de la Ópera de Viena.

CONCERTANTE

Música de Frank Martin (1890-1974)

Estrenada en el Nederlands Dans Theater 2 de La Haya el 13 de enero de 1994

Director musical: Matthew Rowe

Coreografía: Hans van Manen

Escenografía y vestuario: Keso Dekker

Iluminación: Joop Caboort

Maestro repetidor: Nancy Euverink

«4»

Sinfonía No. 4 de Gustav Mahler (1860-1911)

Estrenada en Viena el 4 de diciembre de 2020

Director musical: Matthew Rowe

Coreografía: Martin Schläpfer

Escenografía: Florian Etti

Vestuario: Catherine Voeffray

Iluminación: Thomas Diek

Solista vocal: Marina Monzó (soprano).       OW