Por Federico Figueroa Crítica: «El dúo Africana» Canarias
El Dúo de La Africana es uno de los títulos de zarzuela que ha permanecido en el repertorio a lo largo de más de 130 años, haciendo reír al público desde el día de su estreno que tuvo lugar en el Teatro de Apolo, «catedral» del llamado género chico, en 1893. Cuentan los cronistas de la época que el éxito de El Dúo de La Africana fue tal que se realizaron 211 funciones consecutivas, permaneciendo después más de cinco años en cartel. La música de Manuel Fernández Caballero (compositor de zarzuelas como Los Sobrinos del Capitán Grant, La viejecita, Chateaux Margaux, El Cabo Primero o Gigantes y Cabezudos) y libro del dramaturgo Miguel Echegaray (hermano José Echegaray, premio Nobel de Literatura en 1904, y de la escritora Pastora Echegaray).

En El dúo de la Africana se plantea en su argumento el “teatro dentro del teatro”, y presenta al público los entresijos de una compañía de ópera «de verano», es decir, humilde o paupérrima, que representa «grand opéra» La Africaine, una «grand opéra» de Giacomo Meyerbeer. Las escenas, muy cercanas al vodevil, con los enredos amorosos en perspectiva divertidas con personajes jocosas, tienen un buen sustento en la realidad de tantas compañías privadas que se las ven y se las desean para sacar adelante, ayer y hoy, sus espectáculos. El empresario es un italiano que hace caja por donde ve oportunidad, haciendo de tripas corazón u ofreciendo a su hija en matrimonio si la cuestión lo amerita. El coro chismorrea y el director de escena vive entre la espada y la pared en este jaleo en el que su obra no se plasma de acuerdo a sus planes.

Los Amigos Canarios de la Zarzuela, organizadores de la Temporada de Zarzuela de Canarias, se han anotado con esta producción una gran victoria porque además de una propuesta escénica de primer orden, han hecho un elocuente ejercicio en reivindicación de la vigencia actual del género chico y de la zarzuela en general. Me han contado que tienen muy pocos medios económicos, pero a juzgar por la función a la que asistí de El dúo de La Africana, los utilizan de una forma óptima. Empezando por el estupendo trabajo musical de Rafael Sánchez-Araña, que conoce perfectamente este repertorio y que hizo rendir a un estupendo nivel a la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria. Su lectura, siempre atenta al volumen de los cantantes que tenía sobre el escenario y muy capaz de aprovechar los momentos musicales de los que consta la obra para lucir el compacto y lustroso sonido de la OFGC, bien empastada y llevada con mano firme y sentido del ritmo, sobre todo en esos valses que tan bien se le daban a Fernández Caballero y que la director llevó con elegancia muy vienesa. Partiendo de la solidez del foso, la representación tenía todo para crecer. Crítica: «El dúo Africana» Canarias

Y así sucedió, pues sobre el escenario los protagonistas, secundarios y anecdóticos funcionaron como un máquina con muchos engranajes de cantantes-actores en plena forma. La pareja formada por la soprano Sofía Esparza y el tenor Alejandro del Cerro, ambos espléndidos vocalmente, mostraron una energía inagotable como La Antonelli y Giusepini. Esparza tuvo además un gran momento de lucimiento al cantar el vals de Angelita de la zarzuela Chateaux Margaux, con voz bella y soltura escénica irresistible. Del Cerro sorprendió con una gran vis cómica y su idoneidad como tenor lírico. Cristina Arias brilló como Amina, tanto en lo actoral como en lo vocal y el bajo Isaac Dos Santos convirtió al bajo de la compañía operística en un divertido acosador de Amina, bien cantado y actuado. Alberto San Luis se hizo notar como comisario y un poco escaso de caudal vocal se escuchó a Paco Déniz (Inocencio). Fue un lujo contar con Rafael Castejón, como un descacharrante Querubini, y con la veterana Milagros Martín en el personaje de Doña Serafina, al que le sacó todo el jugo posible, aumentado con la interpretación de la «Canción del espejo» de la zarzuela La viejecita. El coro convence por su brillantez, especialmente el femenino, que aportó frescura y empaste en cada intervención, y para ellas fue la tercera pieza añadida a la obra original, zarzuela chica al fin y al cabo: el coro de fumadoras de Los sobrinos del Capitán Grant. Crítica: «El dúo Africana» Canarias

La puesta en escena de Nuria Castejón fue de una pulcritud y sinceridad apabullante, presentando un escenario a medio hacer pero como para aparecer en las fotos de una revista de diseño: estéticamente bello y teatralmente justo para todo lo que allí se iba a desarrollar. No faltó ni sobró una silla o una mesa en el escenario y fue sobresaliente el movimiento de actores, adecuado a las situaciones de la trama y realizado con entusiasmo contagioso. En fin, una propuesta que respetó la genial creación de Echegaray y Fernández Caballero y a la que sumó al situar la acción en los últimos años de la década de 1950 y añadir los tres números de otras zarzuelas del mismo compositor. La famosa frase de «menos es más» es lo primero que se me vino a la mente al finalizar la función, que fue aplaudida a rabiar por el público de Las Palmas.
Las Palmas de Gran Canaria (Teatro Pérez Galdós), 3 de octubre de 2025 El dúo de La Africana.
Dirección musical: Rafael Sánchez-Araña Dirección de escena: Nuria Castejón
Escenografía: Carlos Santos. Iluminación: Cristina Alba. Vestuario: Claudio Martín
Elenco: Sofía Esparza, Alejandro del Cerro, Milagros Martín, Rafael Castejón, Cristina Arias, Paco Déniz, Alberto San Luis, Isaac Dos Santos
Orquesta Filarmónica de Gran Canaria. Dirección del Coro: Luis García Santana













