OW Crítica: «El Gato Montés» Miren Por José Antonio Lacárcel
Nueve años han transcurrido desde la anterior producción de El Gato Montés en el Teatro de la Zarzuela. Nueve años que han dado paso a una nueva concepción de esta importante obra del maestro Manuel Penella, por lo que no podemos hablar de una reposición sino de un nuevo trabajo que, además, ha resultado bastante positivo. Porque se ha actualizado la trama, se ha intentado despojar todo lo accesorio, lo que podía conducir al tópico ya famoso del torero por un lado, el bandolero por otro, y en el centro una mujer que está entre dos amores, entre dos hombres. Todo ello podía adornarse con la parafernalia de un ambiente un tanto irreal y más cercano a las visiones que los franceses tienen de lo español, y más concretamente de lo andaluz, en el siglo XIX. No es que el autor del libreto y de la música haya huído deliberadamente de todos estos tópicos. Antes al contrario, se dan todos en el argumento. Ya lo hemos escrito antes. El triángulo amoroso que conduce a la tragedia está integrado por un torero, por un bandolero y por una mujer en medio del enfrentamiento, o mejor dicho, siendo ella la causa del enfrentamiento. Crítica: «El Gato Montés» Miren

Y lo que me ha llamado poderosamente la atención y me ha parecido una idea espléndida, ha sido lo que Christof Loy ha hecho con la historia. Sin desvirtuarla en lo principal, le ha dado un aire de modernidad, la ha apartado de cualquier tiempo pasado y la ha situado en el momento actual. Visten, se mueven y actúan todos los intérpretes como se viste, se mueve y se actúa ahora. Hay que destacar algún aspecto un tanto extraño. Caireles en realidad hace las funciones de un mozo de espadas, pero es difícil que en todo momento vista tan elegantemente. Y como ese detalle algunos otros que están un poco alejados de lo que es el mundo de la tauromaquia. Pero no pasa de ser una simple anécdota. Como anecdótico pero muy grato es que el traje de luces, el vestido de torear, de Rafael el Macareno sea un auténtico traje de luces, muy bonito por cierto, y no esos lamentables sucedáneos que tantas veces hemos visto, por ejemplo en las representaciones de la Carmen, de Bizet. Pero salvo algún que otro detalle sin importancia, lo cierto es que la dirección escénica me ha parecido muy interesante, actualizando la acción y sabiendo mover en el escenario a todos los actuantes. El vestuario bien, elegante, aunque no siempre sea el que habitualmente se usa en un cortijo andaluz. Pero bien lo que ha diseñado Robby Duiveman. Manuel La Casta, creo que ha acertado con la escenografía. Y todo el movimiento escénico ha tenido ritmo y, aunque trasladado al tiempo actual, no ha desvirtuado la esencia argumental.
El Gato Montés se estrenó en el Teatro Principal de Valencia el 22 de febrero de 1917. Junto con la ópera Don Gil de Alcalá constituye lo más conocido del maestro Penella aunque lo que ha rebasado todos los límites de la popularidad es el famoso pasodoble que es pieza obligada en los repertorios de las bandas de música que acuden a las corridas de toros. La obra es densa y está muy bien escrita. Llama la atención cómo subraya la acción, cómo se mezclas los motivos que bien pueden considerarse líricos, con los dramáticos que van haciendo de heraldos a la tragedia final. Una orquestación formidable, donde se pone de manifiesto la maestría como compositor de Penella. Un tratamiento coral muy brillante y sobre todo la intensidad que la música tiene en todo momento acorde siempre con lo que se está desarrollando en la escena. Crítica: «El Gato Montés» Miren

En la tarde del miércoles día 17 actuó el segundo reparto. Y es bien cierto que todos, orquesta, coro, cantantes, tuvieron un éxito absoluto, un éxito espectacular refrendado con los entusiastas aplausos del público y con los bravos que surgieron espontáneos a la hora de los saludos desde el escenario. Todos brillaron a gran altura y no se produjo ningún altibajo en toda la representación. Es de justicia destacar la labor que llevó a cabo José Miguel Pérez-Sierra al frente de la Orquesta de la Comunidad de Madrid. Cuidó mucho todos los detalles, estuvo acertado en el tempo en cada momento. Bajo su batuta, bajo su experta dirección, la orquesta tuvo un sonido nítido, brillante. Habida cuenta de que la partitura exige una importante presencia orquestal, bien puede decirse que el director consiguió sacar lo mejor del elenco puesto a sus órdenes. Un equilibrio total, una nitidez en la lectura de la partitura. Las dinámicas fueron brillantes y efectivas. Y tuvo una especial consideración con los cantantes a los que apoyó con su buen hacer. Muy seguro en lo rítmico, supo leer toda la profundidad melódica que encierra la obra y encontró la forma de dar un lenguaje propio, un auténtico significado a todo lo que el compositor pide y espera del intérprete. En todo momento subrayó con acierto la labor de los cantantes, y en todo momento hizo brillar a la orquesta cuando ésta lo requería. En una palabra, una muy feliz actuación la de Pérez- Sierra. Y en el capítulo de las felicitaciones tenemos que incluir al excelente coro que dirige Antonio Fauró que, una vez más, brilló con fuerza por su buen hacer, por sus voces conjuntados, bellas y seguras y por la capacidad interpretativa que en todo momento mostraron. Enhorabuena.
El barítono Borja Quiza, que tantas buenas noches ha protagonizado en el Teatro de la Zarzuela, encarnaba al personaje de Juanillo o el Gato Montés, un bandolero profundamente enamorado de la protagonista femenina. Es un personaje un tanto poliédrico. Lo mismo puede entrar en el terreno de lo lírico que en el del apasionamiento más intenso que conduce a la violencia e incluso a la ferocidad. Quiza tiene una voz muy hermosa, redonda, con tendencia a lo lírico pero con la suficiente fuerza e intensidad dramática como bien puso de manifiesto durante toda su actuación. Voz plena que se vuelve intensísima y brillante en el registro agudo. Además supo actuar sin caer en las exageraciones, obviando lo que de exagerado melodramatismo tiene su personaje. Antes al contrario, estuvo comedido, muy en la mejor línea canora y con capacidad de hacer creíble a un personaje atormentado, que sufre por su destino y por los celos que le atenazan y le empujan a la violencia. Una muy buena actuación la suya. Crítica: «El Gato Montés» Miren

Miren Urbieta- Vega, incorporó a Soleá, el rico personaje femenino que origina, involuntariamente, toda la tragedia de la que ella misma es víctima. Es una soprano de voz cálida, de hermoso timbre. Tiene todas las características de la soprano dramática aunque su tesitura es bastante amplia y le permite abordar los registros agudos con total facilidad, con una límpida solvencia. Se mueve muy bien en escena y consigue transmitir todo ese mundo de amor que la envuelve, con esas dos pasiones que laten en su vida y que nunca acaban de separarse. Canta con muchísimo gusto y estuvo excepcional en el aria quizá más dramática e intensa de la obra. Es dúctil y maneja con absoluta soltura su voz, siempre potente pero llena de musicalidad. Su temperamento artístico se pudo observar en la pasión con que dio vida a su personaje. Un registro agudo hermoso, seguro, pleno. Una voz media hermosa y muy musical en la zona central de su tesitura y en las notas más graves siempre tiene presente la musicalidad que se manifiesta en toda su belleza. Fue la suya una magnífica actuación.
El tenor mexicano Rafael Humberto Rojas completaba el trio de figuras principales del reparto. Posee una hermosa voz, muy luminosa, con una gran facilidad para el agudo que siempre es emitido con calidad. La voz se aterciopela en el amplio registro central y muestra una gran capacidad interpretativa. No se limita a cantar. Sino que hace una creación de su personaje. Fue un Rafael, el Macareno muy solvente, muy logrado. En todo momento mostró una gran vena lírica. Su técnica hace que la emisión de voz sea siempre grata y llega al registro agudo con una naturalidad que sin duda ayuda mucho a recrear a su personaje. Un detalle no menos interesante. Vestido de torero daba la impresión de ser un verdadero lidiador, muy lejos de esos toreros adocenados y poco convincentes de tantas producciones líricas. Dijo siempre su papel creyendo lo que cantaba. Y tuvo una amplia gama interpretativa, arrogante y con majeza, cuando el papel lo requería, apasionado, intensamente entregado en los momentos más líricos. Un excelente trabajo el suyo.

El resto del amplio reparto destacó por su profesionalidad y calidad. Milagros Martín tuvo una destacada actuación como Frasquita, madre del torero. Estuvo señorial, convincente y cantó con buen gusto. Manel Esteve hizo un regocijante y muy apropiado Padre Antón, cantó con buena escuela y demostró comicidad sin caer nunca en las exageraciones. Una muy buena actuación tuvo Gerardo Bullón, así como María Luisa Corbacho que cantó muy bien en su papel de gitana adivina. Pablo Gálvez incorporó a Caireles, con poco cometido canoro pero con continua presencia en escena. En las dos vertientes- cantante y actor- estuvo muy afortunado. El resto contribuyó con eficacia al éxito de toda la producción. Alonso Gabarrús, Alberto Camón, Adriana Viñuela, Sara Rosique , Javier Alonso, etc.
Noche de éxito. Noche propicia para saborear una obra de considerable envergadura, una auténtica ópera española que nació en los comienzos del siglo XX. Crítica: «El Gato Montés» Miren
Madrid (Teatro de la Zarzuela), 17 de junio de 2026. El Gato Montés.
Elenco: Borja Quiza, Miren Urbieta-Vega, Rafael Humberto Rojas, Gerardo Bullón, María Luisa Corbacho, Milagros Martín, Manel Esteve, Pablo Gálvez, Alonso Gabarrús, Alberto Camón, Adriana Viñuela, Sara Rosique, Javier Alonso.
Dirección de escena: Christof Loy. Dirección musical: José Miguel Pérez-Sierra Orquesta de la Comunidad de Madrid. Coro del Teatro de la Zarzuela. Pequeños Cantores de la ORCAM.













