Crítica: El Met cierra temporada con una excelente «Turandot»

Por Carlos J. López Rayward

La reapertura de la legendaria producción de Turandot de Franco Zeffirelli en la Metropolitan Opera, décadas después de su estreno y tras una exhaustiva renovación, se está convirtiendo en uno de los acontecimientos operísticos de la temporada gracias al regreso de Anna Pirozzi como Turandot. Junto a Brian Jadge, Angel Blue y John Relyea, el Met recupera con esta Turandot esa aura eléctrica de sus mejores tiempos.

Angel Blue y Brian Jagde en "Turandot." Foto: Jonathan Tichler / Met Opera
Angel Blue y Brian Jagde en «Turandot.» Foto: Jonathan Tichler / Met Opera

Desde antes de levantarse el telón se percibía en la sala una expectación inhabitual, una sensación de gran noche operística que rara vez se alcanza hoy incluso en un teatro acostumbrado al lujo vocal. Y Pirozzi respondió a esa expectativa con una interpretación  extraordinaria. La soprano italiana domina la escritura imposible del personaje con una autoridad técnica sobresaliente: agudos acerados y libres, graves sólidos, medias voces perfectamente sostenidas y pianissimi de enorme intención expresiva que lograban atravesar sin dificultad la gigantesca masa sonora del Met.

Sin embargo, lo más admirable de su interpretación no fue únicamente el instrumento sino la inteligencia musical con la que construyó el personaje. Allí donde el libreto y, sobre todo, el abrupto final de la ópera apenas esbozado por Giacomo Puccini reducen a Turandot a una figura casi simbólica, Pirozzi consiguió insuflar humanidad, contradicción y verdadera tensión psicológica. Su fraseo estuvo siempre lleno de intención, modelando cada línea con un refinamiento musical infrecuente en este repertorio. El resultado fue una princesa de hielo plenamente creíble, compleja y moderna, capaz de dominar el escenario incluso en los grandes concertantes. El teatro entero acabó rendido a sus pies.

Anna Pirozzi en "Turandot." Foto: Jonathan Tichler / Met Opera
Anna Pirozzi en «Turandot.» Foto: Jonathan Tichler / Met Opera

A su lado, Brian Jagde firmó uno de los mejores Calaf que se han visto recientemente en Nueva York. El tenor estadounidense se mostró muy seguro, con un instrumento amplio, homogéneo y de gran proyección. Sus agudos, bien apoyados y emitidos con mejor proyección que apoyo, poseyeron la profundidad tímbrica que requiere el heroico personaje. Jagde emocionó tanto en los enfrentamientos del primer acto como en los grandes dúos con Turandot, alcanzando naturalmente el clímax con un Nessun dorma recibido con vítores por el teatro. Los aplausos interrumpieron la representación en varias ocasiones, evocando aquella vieja tradición metropolitana en la que el entusiasmo del público formaba parte del propio espectáculo.

También resultó muy apreciable la Liù de Angel Blue. La soprano estadounidense, visiblemente más delgada, mostró un instrumento algo distinto al de temporadas anteriores: la voz ha perdido parte del centro y del apoyo que caracterizaban sus mejores noches, pero conserva intactos la musicalidad, el gusto canoro y el refinamiento estilístico. Precisamente esas virtudes permitieron que su interpretación alcanzara momentos de notable emoción. Blue cantó con líneas amplias y legato muy cuidado, conectando de manera muy sensible con el foso y con la atmósfera lírica de la partitura. Su Liù, llena de ternura y nobleza, supuso además un reencuentro particularmente cálido con el público neoyorquino, que la recibió con sincero afecto. Todo hace pensar que la soprano recuperará pronto el brillo vocal pleno de etapas anteriores.

El veterano bajo barítono canadiense John Relyea completó el cuarteto principal con un Timur noble y profundamente humano. Habitual en Nueva York en personajes como Sparafucile, el Gran Inquisidor o Escamillo, Relyea mostró una evolución vocal interesante: el centro de la voz parece haberse enriquecido en armónicos y colores, adquiriendo resonancias amaderadas de gran atractivo tímbrico. Además, el cantante parece necesitar cada vez menos el engolamiento artificial que afeaba algunas actuaciones pasadas, dejando fluir la línea con mayor naturalidad. Su Timur fue pausado, digno y teatralmente muy eficaz.

Angel Blue y Anna Pirozzi en "Turandot." Foto: Jonathan Tichler / Met Opera
Angel Blue y Anna Pirozzi en «Turandot.» Foto: Jonathan Tichler / Met Opera

Entre los comprimarios destacó especialmente el refinado Ping de Joo Won Kang, elegante en el fraseo y muy inspirado musicalmente. Tony Stevenson aportó al Pang gracia escénica y excelente articulación verbal, mientras que Andrew Stenson construyó un Pong flexible y musical, con apreciable media voz y magnífica compenetración con sus compañeros. El resto del reparto mantuvo un nivel muy sólido, contribuyendo a la sensación de gran función coral. El Emperador Altoum de Carlo Bossi tuvo interés y se separó de otras voces que cargan las tintas en la decrepitud del personaje. Con Bossi, el emperador es sano, noble y elevado.

En el foso, la debutante Oksana Lyniv obtuvo un importante respaldo del público pese a un primer acto algo desenfocado y con cierta desconexión respecto al escenario. La dirección pareció asentarse progresivamente, encontrando mayor cohesión dramática conforme avanzaba la representación. En los grandes ensembles y concertantes, la directora ucraniana supo aprovechar toda la riqueza tímbrica de la extraordinaria orquesta del Met, obteniendo momentos de verdadero lujo sonoro. Su lectura, inteligente y asertiva, brilló especialmente en la construcción de las grandes masas orquestales puccinianas, siempre complejísimas de equilibrar en una sala de semejantes dimensiones.

Y es que, una vez más, la Turandot de Puccini —y Zeffirelli— confirmó en Nueva York su capacidad para convertirse en un acontecimiento total. Cuando coinciden una producción legendaria, una gran orquesta y voces capaces de llenar el inmenso espacio del Metropolitan con semejante autoridad, la ópera recupera toda su condición de espectáculo irrepetible. Es reconfortante comprobar que el Met puede seguir siendo uno de los grandes templos líricos del mundo.

OW


★★★★★

Metropolitan Opera de Nueva York, a 19 de mayo de 2026. Turandot, ópera en tres actos con música de Giacomo Puccini y final completado por Franco Alfano, con libreto de Giuseppe Adami y Renato Simoni basado en la fábula dramática de Carlo Gozzi.

Dirección Musical: Oksana Lyniv. Orquesta y coro titulares de la Metropolitan Opera (director del coro: Tilman Michael). Producción y escenografía: Franco Zeffirelli. Vestuario: Anna Anni y Dada Saligeri. Iluminación: Gil Wechsler. Coreografía: Chiang Ching. Dirección de reposición: J. Knighten Smit.

Reparto: Anna Pirozzi, Brian Jagde, Angel Blue, John Relyea, Joo Won Kang, Tony Stevenson, Andrew Stenson, Carlo Bosi, Ben Brady.