Por Federico Figueroa Crítica: «El orgullo quererte» zarzuela
El estreno de una nueva creación lírica, y siendo zarzuela aún más, suelo emocionarme como un niño con zapatos nuevos. Después llegan las decepciones y eso es parte de lo emocional. Con el estreno escénico de El orgullo de quererte, del compositor Javier Carmena con libreto de Felipe Nieto, ya teníamos el precedente del estreno en versión de concierto en el verano de 2022, coincidiendo con la semana de fiestas del «Orgullo Gay» en Madrid. Carmena y Nieto han comentado a la prensa que el proceso de creación de este «romance madrileño» nació en 2010 y un par de años después estaba lista. No fue un encargo, sino el fruto de un reto personal. Cuando llegó la posibilidad de estrenarla, para hacerla viable en términos de duración, se han realizado retoques al material de partida.
Se trata de una zarzuela de reciente creación que adopta los modos y giros lingüísticos de las obras clásicas del género, aunque evita entrar en crítica política-social —a pesar de que la situación local y mundial le hubiese ofrecido material para ello—. La trama, de estructura tradicional salvo por el motivo novedoso de “hombre conoce hombre”, se sigue con ligereza y claridad, con un tono superficial que excluye o pasa de puntillas sobre asuntos más oscuros. En mi opinión, lo menos afortunado del libreto de Nieto es utilizar la figura de un narrador teniendo a todos los personajes sobre el escenario. La música de Javier Carmena bebe de la tradición de Luna, Vives, Guerrero o Sorozábal, alternando géneros populares como foxtrots, pasodobles, chotis o boleros. Aunque algunas referencias son evidentes, la partitura resulta brillante gracias a su buen sentido melódico, modulaciones y momentos de auténtica emoción, como el final del segundo acto. La orquestación es rica y sorprende por la madurez del compositor.

La dirección de Alondra de la Parra fue enérgica y clara, aunque se echó en falta mayor flexibilidad en los matices y control en la sonoridad. La Orquesta y el Coro de la Comunidad de Madrid (ORCAM) ofrecieron un rendimiento competente. Entre los cantantes, tod@s espléndidos, brillaron el tenor argentino Santiago Ballerini y el barítono mexicano Germán Olvera, como la pareja enamorada del inexperto Tadeo y el caradura de Alonso. Ambos, de atractivas y expresivas voces, cargan con los personajes más extensos y complejos con total entrega frente a una orquestación exigente. La soprano Berna Perles abordó el papel de La Petri con preciosismo, logrando con su romanza una gran ovación. El terceto de «Mariliendres» compuesto por las sopranos María Rey-Joly (Mari Cruz), Mar Morán (Mari Trini) y la mezzosoprano Andrea Rey (Mari Paz); unido al terceto de «Mariquitas» de los tenores Gerardo López , Jesús Cantolla y Daniel González completaron con acierto y gracia los personajes más visuales. Por su parte, el veterano Enrique Viana como el narrador P.J., el malvado de la historia, volvió a ser aplaudido por sus incondicionales en sus apariciones en las que venía a decirnos, por aproximación dado que pocas veces correspondía a los textos que leíamos en pantalla, las características y algunas acciones de los personajes. Crítica: «El orgullo quererte» zarzuela

El estreno escénico de El orgullo de quererte se le encomendó al veterano Albert Boadella, que pidió a Martina Cabanas, su asistente durante años, abordar en tándem esta zarzuela que relata un romance homosexual contemporáneo en el madrileño barrio de Chueca, en cuya partitura hay sitio para coplas, fandangos, chotis, pasacalles, foxtrots, boleros y pasodobles, que rinde homenaje a la tradición del género lírico hispano. La escueta escenografía (Ricardo Sánchez Cuerda) en la que vemos una plaza de Chueca gris y un tanto decadente, con un diseño de iluminación (Bernat Jansà) en sintonía y el vestuario (Gabriela Salaverri) colorido y un tanto pasado de tuerca. Y todo esta modernidad chirriaba con el movimiento actoral, especialmente con el acantonamiento de la pareja de enamorados, que estuvieron muy bien ayudados por las estupendas coreografías (Sara Cano) y la prestancia escénica (y vocal) del coro de la ORCAM.













