Crítica: el Requiem de Mozart a escena en Les Arts

                                   Requiem de Mozart a escena en Les Arts    Por Pedro Valbuena

Escena del Requiem de Mozart escenificado por Castellucci   ©Miguel Lorenzo / Mikel Ponce. Palau de les Arts de Valencia

Este jueves, 30 de octubre, comenzó la temporada de ópera en Les Arts con una versión escenificada de la misa de difuntos del maestro de Salzburgo, interpretada por el Coro de la Generalitat y la Orquesta de la Comunidad Valenciana, a la que se sumó un cuarteto solista de relumbrón, Elena Tsallagova, Sara Mingardo, Sebastian Kohlhepp y Nahuel Di Pierro, además del niño soprano Juan José Visquert.

La cita ha supuesto el  debut oficial de James Gaffigan como nuevo director musical de Les Arts, hecho que hacía crecer la expectación por esta coproducción del Festival de d’Aix-enProvence, el Adelaide Festival, la Ópera de Basilea, el Wiener Festwachen, La Monnaie/ De Munt y el propio Palau de Les Arts, firmada por el aclamado director de escena Romeo Castellucci. Requiem de Mozart a escena en Les Arts

Escena del Requiem de Mozart escenificado por Castellucci   ©Miguel Lorenzo / Mikel Ponce. Palau de les Arts de Valencia

El montaje ha sido largamente esperado, ya que estuvo previsto para la temporada anterior y fue pospuesto a causa de la pandemia. En la parte musical se sigue la orquestación con la que Süssmayr completó la obra de su maestro, intercalando otras obras menos conocidas del catálogo mozartiano, así como dos melodías en canto llano de autor anónimo.  No obstante, la novedad fundamental en esta versión tan libre radica en la separación física de los intérpretes vocales, que se sitúan en el escenario mientras que la orquesta permanece en el foso a una distancia considerable. El coro, además de cantar de memoria, gesticular y desnudarse, también tiene que bailar. Cierto es que no se trata de una coreografía acrobática precisamente pero es, sin duda, una dificultad añadida que se evidenció en el stretto de la fuga del ‘Kyrie’, en donde se notó un ligero desajuste.

Algo parecido ocurrió en otra de las fugas, ‘Hosanna in excelsis’, en la que el director marcó el tiempo “a uno” mientras una parte del coro se encontraba de espaldas en ese momento. Suponemos que, entre bastidores, algún monitor retransmitiría el ir y venir de la batuta, aunque es sólo una suposición. Evidentemente, un coro profesional de este nivel ha de ser versátil, pero todo tiene un límite.

La versión de Gaffigan fue conservadora en todos los sentidos, con una elección de tempo muy similar para todos los movimientos, además de lo que debe ser su toque personal: intensidades súbitamente incrementadas, ritardando marcado, largos calderones finales. La orquesta estuvo ajustada a lo escrito y sonó afinada, pero algo descompensada respecto a las dinámicas de la sección de viento. Los timbales estaban situados demasiado altos.

Escena del Requiem de Mozart escenificado por Castellucci   ©Miguel Lorenzo / Mikel Ponce. Palau de les Arts de Valencia

El Cor de la Generalitat fue el verdadero protagonista de la noche, especialmente cuando pudo reagruparse cantando a cappella el precioso ‘Miserere mei’, a la vez que se alejaba, creando un efecto hipnótico y sobrecogedor. Soberbio también estuvo el cuarteto vocal. Cuatro voces de excelente calidad que empastaron a la perfección y se mantuvieron afinadas y compensadas en todo momento. Probablemente el ‘Recordare’ fue el momento musicalmente más hermoso. La soprano Elena Tsallagova hizo gala de un  timbre transparente y bien colocado. El tenor Sebastian Kohlhepp estuvo integrado y elegante mientras formó parte del cuarteto solista  y brilló con fuerza en la escritura solística (‘Mors stupebit’). Nahuel Di Pierro, por su parte, proporcionó una base segura sobre la que construir el resto del entramado armónico y se abrió paso en el ‘Tuba mirum’ con músculo y determinación. Sara Mingardo cantó el motete O Gottes lamm K343/1 con elegante maestría y el niño soprano Juan J. Visquert se mantuvo sereno y eficiente en momentos de gran tensión dramática. Requiem de Mozart a escena en Les Arts

Comenzó la representación con una melodía in disparte que cedió el protagonismo al escenario. Una mujer anciana permanece erguida en medio de su soledad y la música comienza cuando, después de acostarse, es engullida por su propio lecho y desaparece. Castellucci hilvana un argumento contrario a lo que se espera y todo circula desde el fin hacia la vida y no al revés, como solemos entender. El periplo vital de la protagonista parte de su propia muerte y atraviesa de esta forma la madurez, la juventud, la infancia y el nacimiento, a través de una celebración enmarcada en un escenario que pasa constantemente de la oscuridad al color y en la que el coro representa a una humanidad que alternativamente festeja la vida y acusa el dolor de la existencia.

Escena del Requiem de Mozart escenificado por Castellucci   ©Miguel Lorenzo / Mikel Ponce. Palau de les Arts de Valencia

La poética del mensaje funciona en términos generales, pero en ocasiones se atasca. El gran peso de la representación recayó sobre los hombros del coro que tuvo que corretear en círculo durante demasiado tiempo, proporcionando una percusión sobrevenida que no ayudaba a la música de Mozart y le confería a todo un cierto aire de fiestas patronales. También resultó algo confusa la simbología de algunos elementos de la figuración, que atribuiremos al mundo espiritual del propio Castellucci y que no discutiremos. No fluyó tampoco la escena del coche accidentado y las poses de las víctimas arrolladas resultaron algo histriónicas. Al tiempo, se proyectaba en el fondo del escenario una lista infinita de lugares, religiones, obras de arte, fenómenos naturales, etc. que se han extinguido. El pretendido poema visual acabó por hacerse excesivamente largo y cuando llegamos al Babismo yo mismo comencé a intuir mi propia extinción… Muy arriesgado es también fiar la escena final y desenlace a dos niños (uno de ellos, un bebé de meses). Esta vez salió a pedir de boca, pero ya sabemos que durante la infancia se tiende a la improvisación. La escena final fue empañada por la intervención del público, que había acumulado tanta tensión emocional que prorrumpió en aplausos, a pesar del gesto de contención que hizo el director.

No obstante, la obra en su conjunto está bien concebida y hubo momentos de profunda belleza; cuando el escenario se inclinó, haciendo resbalar la tierra que contenía, se hizo un silencio tan profundo como pocas veces he percibido en un auditorio. La imagen final fue sobrecogedora, un bebé bañado por la luz de la esperanza permanece ajeno a todo y a todos. El telón baja.

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Valencia. Palau de Les Arts. 30 de septiembre de 2021. Coro de la Generalitat y orquesta de la Comunidad Valenciana. Elena Tsallagova, soprano. Sara Mingardo, mezzo. Sebastian Kalhhepp, tenor. Nahuel di Pierro, bajo. Juan José Visquert, niño soprano. James Gaffigan, director musical. Romeo Castellucci, director de escena. Requiem de Mozart a escena en Les Arts