Crítica: «Enemigo del pueblo», estreno mundial en Les Arts

OW   Por Pedro Valbuena Crítica: «Enemigo pueblo» Les Arts

Triple interés revestía la velada de este miércoles en el Palau de Les Arts de Valencia. De un lado el estreno absoluto de una ópera sobre sus tablas, de otro el hecho de que fuese el primer encargo del propio Palau en coproducción con el Teatro Real, y finalmente que la música se debiese a un valenciano, Francisco Coll (1985), a la sazón flamante premio nacional de música 2025. Enemigo del pueblo es una ópera en dos actos basada en la obra homónima de Henrik Ibsen, que ha sido adaptada a las exigencias de un libreto por Àlex Rigola. La historia, totalmente vigente en nuestros días, introduce (ya a finales del s. XIX) conceptos como el negacionismo, la burrera de las masas conducidas a la sinrazón por medio del populismo o el propio cuestionamiento de la democracia.

Un escena de «Enemigo del pueblo» / Foto: Miguel Lorenzo-Mikel Ponce

La música imaginada por Coll para subrayar esta historia goza de una extraordinaria solidez. A pesar de que es la primera incursión del autor en el género, si exceptuamos su breve y quizá algo rudimentaria Kafe-Kafka, la partitura del valenciano esta plagada de momentos bellos, ya sean íntimos o grandilocuentes, conseguidos merced a un minucioso tratamiento de los recursos orquestales. Su poética oscila entre la preeminencia de la tonalidad y su total negación, pasando por las citas mas o menos explícitas de géneros y lenguajes propios de otros tiempos y otros estilos. La orquestación convencida y convincente, es capaz de entresacar de los instrumentos y sus respectivas combinaciones momentos verdaderamente sutiles. También queda patente el profundo conocimiento que el autor tiene de la evolución de los arquetipos musicales, y parece propiciar a través de todo ello una especie de libación sonora que honra la tradición sin renunciar a la vanguardia. Quizá el ejemplo más clarificador, si obviamos el híbrido entre pasodoble y danzón de la obertura, sea el dueto final, en el que las armonías claramente barrocas se entremezclan con un arpegiado de regusto clásico, en una especie de recitativo acompagnato que se disuelve bellamente en el silencio. Coll asumió también el arriesgado papel de dirigir él mismo el estreno de su obra, enfrentándose con decisión y extraordinario dominio a una partitura de complejidad notable, consiguiendo una gran coherencia en la interpretación y un entendimiento con los músicos que pocas veces se da en tan alto grado. Todo el pentagrama está concebido de manera que permite a las voces aflorar sin dificultad, a pesar de las exigencias de las partes solistas, y sin necesidad de competir absurdamente por el plano sonoro, como tantas veces ocurre incluso en obras de incuestionable calidad. Crítica: «Enemigo pueblo» Les Arts

Una escena de «Enemigo del pueblo» / Foto: Miguel Lorenzo-Mikel Ponce

Menos halagos me inspira la adaptación del texto realizada por Rigola, cuyo resultado es poco menos que un guion previsible y ramplón plagado de frases prosaicas. De las cinco voces solistas cabe decir que estuvieron realmente bien, destacando por encima de ellas al barítono José Antonio López, que cantó con solidez un papel arduo y dificil, al que supo insuflar un ligero cambio de carácter a medida que evolucionaba la historia, yendo desde la nobleza de su incipit hasta la áspera crudeza de su vehemente convición. El granadino Moisés Marín, el malo de la historia, tuvo así mismo una relevante actuación y defendió lo indefendible, una especie de escala imposible hacia el fa sobreagudo, que hubo de circular en su tramo final por el falsete, obviamente, y que él consiguió realizar con solvencia. Y no fue está la única dificultad a salvar, ya que a la longitud del papel se unían otras exigencias como saltos, pasajes agudos, etc. En el segundo plano  escénico destacó la Petra de Brenda Rae, que supo dosificar su fiato de forma ejemplar, apoyando la voz con solidez y confiriendo al personaje algo de la humanidad de la que los anteriores adolecían. Isaac Galán y Marta Fontanals-Simmons completaban el elenco solista, y a pesar de que sus intervenciones tenían menos peso específico que las anteriores, estuvieron jalonadas de dificultades técnicas que ambos solucionaron sin mas problema. 

Una escena de «Enemigo del pueblo» / Foto: Miguel Lorenzo-Mikel Ponce

La escena, ideada también por Àlex Rigola, tenía las mismas deficiencias que su adaptación literaria: rigidez y previsibilidad, a la que poco o nada ayudó la estática predisposición de los personajes durante todo el primer acto, alineados en el proscenio durante una hora de reloj. Tampoco acabé de entender por qué en la pantalla sobre la que se proyectaba un cielo sereno que devenía en arrebol, había un costurón de arriba a abajo. Quizá era un elemento de la poética del director de escena que se me escapa. El Cor de la Generalitat Valenciana estuvo, como es felizmente habitual, extraordinariamente bien. Cantaron con la afinación y el empaste acostumbrados, y total fidelidad a la batuta, así que poco más que decir. Por último, la Orquesta de la Comunitat Valenciana que brilló por encima de todo y dejó a todos maravillados con su sobrehumana precisión y la versatilidad tan extraordinaria que posee. No dejo de pensar lo afortunados que somos teniendo ambos conjuntos.

Noche de éxito y felicitaciones. Francisco Coll se llevó la alegría de quien triunfa en su tierra, recibiendo el aplauso de público, coro y solistas, y el pataleo de una orquesta de virtuosos que mostraba así sus respetos y su reconocimiento al autor.


Valencia, 5 de noviembre de 2025. Palau de les Arts. Enemigo del pueblo, (estreno mundial) de Francisco Coll con libreto de Àlex Rigola. Dirección musical, Francisco Coll. Dirección de escena, Àlex Rigola. Escenografía y vestuario, Patricia Albizu. Iluminación, Carlos Marquerie. Video, Álvaro Luna (AAIV).

Intérpretes: Doctor, José Antonio López. Alcalde, Moisés Marín. Petra, Brenda Rae. Mario, Isaac Galán. Marta, Marta Fontanals-Simmons. Cor de la Generalitat Valenciana. Orquestra de la Comunitat Valenciana.