Por Pedro Valbuena Crítica: «L’heure Schicchi» Les Arts
Bien avanzada ya la temporada, Les Arts nos propone, al igual que hizo el año pasado con Pagliacci y Cavalleria rusticana, un programa doble bien interesante. En este caso se trata de L’heure espagnole de Ravel y Gianni Schicchi de Puccini. Este tipo de amalgamas se suele hacer para evitar que programando una de ellas en solitario la sesión resulte excesivamente breve, o como en el caso de Schicchi, que la obra completa a la que pertenece como elemento integrado, pero de la que es fácilmente escindible, no resulte atractiva para el público. Crítica: «L’heure Schicchi» Les Arts

Comenzó la velada con Ravel. La dirección de escena diseñada conjuntamente por Moshe Leiser y Patrice Caurier está concebida con gracia, y los escasos elementos de atrezzo funcionaron bien, a pesar de que para ello se utilizaron obviedades de tramoya, como los relojes situados en puntos estratégicos que permitían la salida de los personajes, pero cuya titubeante colocación delataba un poco el truco. La irrupción inopinada del gran toro de cartón piedra sobresaltó al público, e inyectó la dosis de vitalidad que tanto música como escena habían perdido ya hacía rato. Música bastante insustancial, aunque muy bien compuesta, para un texto tan banal como absurdo.
El elenco de solistas estuvo muy bien. Todos ellos demostraron aptitudes para la comedia y exhibieron un gran dominio técnico. Por encima de todos, y doblando papel, sobresalió la portentosa voz de Mikeldi Atxalandabaso, potente, bien apoyada y con ese punto justo entre heroísmo y comicidad, imprescindible en ambos papeles del doblete. También la Concepción de Eve-Maud Hubeaux convenció con su afinación firme, su timbre vibrante y el gracejo propio de una vicetiple de revista.

Mucho mas interesante a todos los niveles resultó el Gianni Schicchi que se representó a continuación. Para empezar el diseño de la escena era soberbio. Una habitación hospitalaria que comprendía una ventana, un armario, el baño y la puerta de acceso al pasillo, donde se situaba una pequeña sala de espera que estaba flanqueada por otro acceso para el personal. Todos los espacios eran practicables y se utilizaron ingeniosamente. No obstante, tengo serias dudas de que todos estos elementos fuesen apreciables desde los diferentes ángulos de visión de la sala. La iluminación, a cargo de Christophe Forey, subrayaba a la perfección cuanto ocurría en el interminable ir y venir de personajes. La acción, impregnada de crueldad, se sumergía en lo más oscuro del corazón humano, en donde no hay sitio ni para el amor ni para la dignidad. La avaricia y la envidia empujan un argumento en esencia muy simple, que sin embargo, coloca a los personajes al borde del abismo. Todo ello, paradójicamente, en un explícito tono de comedia. Me pareció una combinación magistral.
Volvió a brillar en la segunda parte la voz de Atxalandabaso, pero esta vez en competencia directa con la Lauretta de Marina Monzó, que estuvo realmente bien, a pesar de que en el momento estelar, O mio bambino caro, no se entendió con la orquesta, y algunas cadencias se midieron con criterios diferentes. También haciendo doblete apareció de nuevo el barítono valenciano Manuel Fuentes, que ahora puso voz a Betto di Signa, al que dotó de un gracejo adecuado, aunque sobre sus últimos pentagramas se deslizó alguna desafinación.

Ambas versiones vinieron de la batuta de Michele Spotti, director musical de la ópera de Marsella. El maestro se enfrentó al programa con seguridad, e insufló a sus músicos la misma simpatía que demuestra en el ámbito personal. Sin embargo, no sé si tuvo suficiente tiempo de ensayo para controlar una orquesta que, de por sí, tiende a la autonomía, y en algún momento el tempo no estaba ajustado. Algunas cadencias no proporcionaron el alivio del reposo, y el volumen, como he escrito en numerosas ocasiones (repetita iuvant) me volvió a resultar excesivo.
Por lo demás la velada transcurrió velozmente, lo cual suele ser síntoma de fruición, y no hubo contratiempos destacables. No sonó ningún teléfono, y nadie gritó nada respecto a su derecho inalienable sobre tal o cual cosa. Eso sí, se escucharon al menos tres porrazos de móviles cayendo sobre la tarima, seguramente carísimos. En general, tuve la sensación de haber asistido a un espectáculo excelente, si bien la segunda producción me pareció bastante mejor que la primera.

La sala estaba llena en más de tres cuartos de su capacidad, y el público, que en Valencia tiene fama de ser muy complaciente, se mostró muy satisfecho, y aplaudió con una energía más propia de un estadio que de un auditorio. No sé si fue para tanto.
Valencia, 25 de abril de 2025. Palau de les Arts. L´heure espagnole y Gianni Schicchi. Dirección Musical, Michele Spotti. Dirección de Escena, Moshe Leiser y Patrice Caurier. Iluminación, Christophe Forey. Vestuario, Agostino Cavalca. Concepción, Eve-Maud Hubeaux. Gonzalve, Iván Ayón Rivas. Torquemada, Mikeldi y Gherardo, Atxalandabaso. Don ïñigo de Gómez y Betto di Signa, Manuel Fuentes. Lauretta, Marina Monzó. Zita, Elena Zilio. Centre de Perfeccionament de Les Arts. Orquestra de la Comunitat Valenciana. OW











