Crítica: «The Fairy Queen» en el Kursaal de San Sebastián

OW Por Natan González Crítica: Fairy Kursaal San Sebastián

No es un proyecto fácil poner en escena una de las más celebres semi-óperas de Purcell, The Fairy Queen. La ópera realmente son una especie de intermedios cantados o bailados que tienen lugar durante la representación de una obra teatral, en este caso “The Midsummer Night’s Dream” del entonces no suficientemente apreciado William Shakespeare. Pero la representación de toda la obra tendría unas 5 horas de duración; quizá a finales del siglo XVII tenían unos horarios laborales diferentes, pero en la actualidad esto resulta excesivo. O se puede optar, en su defecto, por representar únicamente las partes musicales, perdiéndose así buena parte el argumento. Y por otra parte se añade el tema de las danzas. Las propias del siglo XVII probablemente chirriarían demasiado al público contemporáneo. 

La idea de Mourad Merzouki, director de escena y coreógrafo, ha sido añadir a la música de Purcell (que suena por momentos demasiado moderna para ser del 1690) una coreografía basada en estilos hip-hop y break-dance que a priori parecen no tener nada en común. Pero la fusión de lo clásico con lo popular (con lo urbano, podríamos decir) ha funcionado inimaginablemente bien. Puede gustar o no el estilo, como puede gustar o no la danza directamente, pero los movimientos acompañaban con precisión milimétrica al ritmo de la música y sorprendían por su habilidad y exactitud, destacando especialmente el que realizó el bailarín que acompañó a la canción del verano, con unas acrobacias imposibles que le hicieron merecedor del inmediato aplauso del público. La dicotomía clásico/popular no sólo se rompía por la coreografía, sino también por las interacciones constantes entre bailarines y el resto de los participantes; los solistas a menudo imitaban sus gestos o bailaban con ellos, mientras algunos instrumentistas (oboístas, violín concertino e incluso el director Paul Agnew) sobrepasaban los bancos negros que dividía el espacio de la orquesta del de los cantantes y bailarines, creando así una marcada sensación de permeabilidad. Crítica: Fairy Kursaal San Sebastián

Imagen de «The Fairy Queen» / Foto: Web de Kursaal Eszena.

La formación Les Arts Florissants, con 23 músicos en escena, sonó con brillo y acompañó con precisión a los intérpretes, a un volumen correcto para no tapar a nadie. La dirección de Paul Agnew fue sutil y supo diferenciar los pasajes bailables de los números vocales, en los que se esforzó más por acompañar a los solistas. Nadie duda del alto nivel que alcanza esta formación en estos repertorios, y esta ha sido una ocasión más para comprobarlo. Los solistas salen todos de la 11ª edición de Le Jardin des Voix, academia que dirigen William Christie y Paul Agnew, y se notó el buen ensamble que tuvieron entre ellos, con los bailarines y con la orquesta. La soprano Paulina Francisco fue quizá la más destacada de la noche, con una voz de gran belleza, impresionante habilidad para las coloraturas y buena proyección que le permitió ser escuchada sin ningún problema en todas sus intervenciones (algo nada fácil habida cuenta de la nada favorable acústica del Kursaal). Las mezzosospranos (extrañamente no hubo ningún contratenor) Giorgia Burashko, Rebecca Leggett y Juliette Mey lucieron voces de timbre hermoso y buen gusto en el fraseo, aunque al faltar indicaciones sobre quién de ellas cantaba cada parte resulta complicado identificarlas. El tenor Ilja Aksionov (que, entre otros, se hizo cargo del papel travestido de Mopsa) lució gracia y energía en escena; su voz es más bien blanca, no especialmente bella y de agudos mate, pero lució una gran habilidad en las coloraturas y una proyección envidiable. Al otro tenor, Rodrigo Carreto, le ocurrió lo contrario: la voz tenía un timbre más agradable, pero tenía problemas para hacerse oír. El barítono Hugo Hermann-Wilson lució gracia escénica en sus distintas intervenciones, destacando sus tartamudeos en la canción del borracho “Fill up the bowl”. Por último, el bajo Benjamin Schilperoort lució una voz de extensa tesitura y color oscuro, aunque algo falto de volumen, especialmente en la canción del sueño, “Hush, no more, be silent all”, en la que se paseaba por el escenario en lugar de cantar directamente ante el público. Cuando sí lo hizo, como en la canción del invierno, consiguió hacer llegar su voz mejor a los espectadores. 

Habida cuenta de las dificultas que tiene el Kursaal para poder realizar óperas escenificadas, esta versión semi-escenificada, que parecía por momentos emular una fiesta campestre, consiguió contagiar su buen rollo al público, que al final se dejó convencer por la propuesta. Un acierto, por tanto, de Kursaal Eszena, el permitirnos disfrutar de la moderna música de Purcell en una propuesta quizá no muy ortodoxa, pero ciertamente genial. 


San Sebastián (Auditorio Kursaal), 19 de noviembre de 2025. The Fairy Queen.

Orquesta de Les Arts Florissants. Director: Paul Agnew. Coreografía y dirección de escena: Mourad Merzouki.

Solistas: Paulina Francisco, Georgia Burashko, Rebecca Leggett, Juliette Mey, Ilja Aksionov, Rodrigo Carreto, Hugo Herman-Wilson, Benjamin Schilperoort.

Bailarines: Samuel Florimond, Anahi Passi, Alary Ravin, Daniel Saad, Timothée Zig.