Por Roberto Benito Crítica: «Farnace» Vivaldi Teatro Real
Entre las novedades que nos ofrece la temporada recién estrenada del Teatro Real está el estreno en su escenario de la versión “semiescenificada” de la ópera Farnace, de Antonio Vivaldi con libreto de Antonio Maria Lucchini estrenada en Venecia hace casi tres siglos. Una orquesta en estado de gracia, I Gemelli fue junto con el descubrimiento de las voces, especialmente las del contratenor Key’mon W.Murrah y la mezzo Deniz Uzun, lo más interesante de una larga velada de arias da capo. Crítica: «Farnace» Vivaldi Teatro Real

Entre los proyectos más interesantes que se están llevando a cabo en el mundo discográfico de estos años está la recuperación de todo el corpus vivaldiano tanto de música instrumental, de música sacra y sobretodo de las partituras operísticas por la discográfica Naïve. Una de las óperas más grabadas de dicho corpus es su Farnace con más de cinco registros en cd y dvd, es por esto que suponemos que ya tocaba estrenar esta ópera en el Teatro Real de Madrid si bien los resultados han sido irregulares. La historia de este rey de oriente en lucha con el imperio romano en la expansión del procónsul Pompeo junto con el enfrentamiento a su suegra la reina Berenice es una de las temáticas típicas del barroco: el poder enfrentado a la familia, la benignidad del poderoso enfrente de las artimañas de sus satélites nos muestra unos personajes cuyas psicologías son más interesantes en la parte femenina que en la masculina.
De las posibles versiones para su premier en el Real se ha escogido la versión de Pavía de 1731 para hacer brillar al factótum de la producción el tenor Emiliano González Toro que además de cantar el rol protagonista en su versión de tenor, ha hecho las veces de pseudo-director musical en sus arias y en algún otro momento, así como de director artístico del proyecto, fundador de la orquesta y del sello de la misma. Este tenor suizo conocido ya en la casa por anteriores intervenciones ofreció un Farnace valiente si bien su doble responsabilidad de cantante y director musical forzaba ambas facetas y le hacía perder credibilidad en ambas con continúos movimientos entre las diferentes secciones de la orquesta y ruidos, silbidos que perturbaban tanto la audición como la interpretación de su aria de salida Ricordate chi sei con una coloratura casi inaudible por unos pianos que más buscaban esconderse que destacar una paleta dinámica. Destacó como no podía ser menos en el aria estrófica más conocida de la obra, Gelido in ogni Vena, que en vez de cantarla su esposa Tamiri se optó porque la cantara Farnace ofreciendo una lectura interesante a partir de esta música inspirada en el concierto para violín dedicado al invierno de las cuatro estaciones. Este fue uno de los momentos de estado de gracia de una orquesta digna de su primera intervención en el repertorio lírico del XVIII.Tampoco brilló González Toro en su aria alternativa sin Da Capo Gemo in un punto e fremo que a pesar del intento le falto la bravura que se esconde entre los compases.

Se tiene la falsa impresión de que durante el barroco la cuerda de tenor es minusvalorada, sin embargo para prueba un botón. En este Farnace se optó por la presencia de tres tenores (Farnace, Pompeo y Aquilio) si bien en el estreno solo el rol de Pompeo fue interpretado por un tenor mientras que el rol titular fue interpretado por la gran Maria Maddalena Pieri y el rol de Aquilio por el contralto Domenico Giuseppe Galletti. El tenor sevillano Juan Sancho, un habitual de la casa desde 2008, mostró la nobleza y benevolencia de los héroes barrocos si bien su canto pecó de excesa valentía produciéndose en sus arias Non trema senza stella y Roma invita ma clementte una excesiva tirantez en las variaciones de los Da Capo con unos agudos que rozaron romperse sin ninguna necesidad en estas voluntarias variaciones. En cuanto al tercer tenor, el chileno Álvaro Zambrano, confeccionó un Aquilio correcto en los recitativos si bien en sus dos arias, Begl’occhi io penserò y Mi sento nel petto tuvo un gusto dudoso en las cadencias y finales absolutamente fuera de estilo. Séraphine Cortrez conformó una Selinda manipuladora bastante creíble en sus insinuaciones a los dos lugartenientes de Oriente y Roma para conseguir sus fines políticos y personales en su aria de presentación Al vezzegiar d’un volto, mejorando en el dúo de final del segundo acto pero con señales de fatiga en su aria del tercer acto Ti vantasti mio guerriero. El personaje más cruel de la obra, la reina viuda Berenice, fue defendido por Adéle Charvet cuyo debut en el Real fue notable más por sus dotes expresivas que musicales si bien tuvo un nivel entre correcto y notable desde su aria de entrada Da quel ferro, ch’na svenato con voz poderosa, si bien le pudo la monotonía en su segunda aria Langue misero quel valore, salvado por las variaciones del Da Capo, y que tampoco mejoró en su última aria alternativa Non trova mai riposo sin parte b ni da capo.
Uno de los grandes descubrimientos de la noche fue la mezzosoprano turco-alemana Deniz Uzun que ha ratificado su debut con una interpretación más que notable. Posee una voz cálida, aterciopelada con unos graves cavernosos y unos agudos fáciles y proyectados. El rol de Tamiri, la esposa atormentada entre el amor a su hijo, la fidelidad a su marido Farnace, el respeto a su madre la tiránica reina Berenice y los deberes como reina de su pueblo se conjugan en múltiples arias de gran dificultad convirtiéndola en la protagonista femenina de esta partitura vivaldiana. Su aria de presentación Combattono quest’alma tuvo algún problema en la afinación de notas agudas que fueron compensado con una voz mórbida y unas variaciones muy originales. Uno de los momentos más estremecedores fue su extenso y expresivo recitativo acompagnato Figlio non v’è più tempo donde desobedeciendo a su marido salva a su hijo escondiéndolo en el mausoleo de los reyes. Esta misma tensión dramática se observa en el recitativo acompagnato Dite che v’ho fatt’io, dileto, o cieli? Seguido de la gran aria Dividere, o giusti dèi, donde mostró grandes y buenos recursos expresivos con diversos colores vocales sin enturbiar su emisión. Fue in crecendo en su última aria Forse, o caro, in quesi accenti que revalida una voz y una cantante a seguir en otras producciones. Crítica: «Farnace» Vivaldi Teatro Real

Cuando alguien sube a un escenario a cantar para un público aunque sea en una versión concertante ha de implicarse en gran medida con su cuerpo, no sólo con su voz, que sería más propio de una grabación de estudio. El contratenor americano Key’mon Murrah fue sin duda alguna la estrella de la noche en el rol de Gilade y lo único que se le puede reprochar es su frialdad y poca credibilidad escénica de su personaje, el lugarteniente de la malvada reina Berenice. Dicho esto desde que puso en marcha su instrumento todo el teatro intuyó que la noche pasaba de correcta a interesante. Hablar de voz pura tal vez sea una incorrección pero es el primer adjetivo que se me ocurrió tras escuchar la primera frase del aria de presentación de este cantante Nell’intimo del petto en el que contrastaba su perfecta línea de canto con una muy buena prestación militar de las trompas y que arrancó el primer aplauso de la noche. Quell’usignolo ce innamorato fue su segunda aportación, una aria alternativa donde sigue la tradición barroca onomatopéyica de la imitación de los pájaros con las ornamentaciones vocales de sentirse enamorado pero no correspondido. Su facilidad para los agudos sin esfuerzo admiró al respetable que nuevamente rimpió el silencio por el aplauso. Quel tuo ciglio languidetto fue la arietta añadida de la versión de 1739 posterior a la escogida por Del Toro para reafirmar el compromiso con su amada Selinda. Pero fue en su última aria, Scherza l’aura lusinghiera donde este cantante nos compró con su facilidad, expresividad y natural musicalidad para buscar más interpretaciones en el futuro esperando que la parte actoral mejore tanto como su facilidad y belleza del canto.
Una felicitación para el Ensemble I Gemelli expresivo, atento a los cantantes, variado de dinámicas, rico de matices y conjuntado (a pesar de la falta de director o de los excesivos cantantes-directores) en el que cabe destacar la presencia abrumadora de instrumentistas femeninas sobre los masculinos (15 sobre 5).
Dos apuntes para cerrar esta reseña, la primera cuidar el sobre titulado que en algunas ocasiones parecía despistado y desaparecía sin motivo aparente y la segunda celebrar la entrada de un nuevo título en el corpus del Real, si bien con una versión en concierto hubiera resultado suficiente ya que la apuesta de Mathilde Etienne como directora de escena se puede calificar entre nula y errática, con un movimiento escénico casi inexistente y un vestuario de fin de curso de colegio. Pero a pesar de todo ¡Viva Vivaldi! Crítica: «Farnace» Vivaldi Teatro Real
Madrid (Teatro Real), 27 de septiembre de 2025. Dramma per música en tres actos RV 711 Farnace, música de Antonio Vivaldi y libreto de Antonio Maria Lucchini. Ópera en versión semiescenificada. Dirección musical: Emiliano González Toro. Dirección escénica: Mathilde Etienne. Elenco: Key’mon W. Murrah, Deniz Uzun, Adéle Charvet, Séraphine Cortrez, Álvaro Zambrano, Juan Sancho, Emiliano González Toro. Ensemble I Gemelli. OW













