Crítica: Recital Francesco Meli y Luca Salsi en el Teatro alla Scala

OW              Crítica Meli Salsi Scala                     Por Bernardo Gaitán

En una época en la que el recital lírico parece haber perdido parte de la centralidad que tuvo durante buena parte del siglo XX, resulta especialmente significativo que dos artistas en plena actividad decidan celebrar una década de colaboración precisamente a través de un formato que exige una exposición absoluta. Así se presentó en el Teatro alla Scala el encuentro entre el tenor genovés Francesco Meli y el barítono parmesano Luca Salsi, acompañados al piano por Nelson Calzi, en una velada concebida como homenaje a Giuseppe Verdi. Al mismo tiempo, el evento sirvió para celebrar una amistad artística que ha marcado algunos de los momentos más significativos de sus respectivas carreras. La ocasión poseía además un fuerte valor simbólico para ambos cantantes: se cumplían diez años desde que compartieran escenario por primera vez en la Scala con I due Foscari.
Francesco Meli y Luca Salsi / Foto: Brescia e Amisano © Teatro alla Scala
En cierto modo, el concierto funcionó como una retrospectiva de dos trayectorias paralelas que han encontrado en Verdi su principal punto de convergencia. Francesco Meli debutó en el teatro milanés en 2004 con Dialogues des Carmélites de Poulenc y, desde entonces, ha acumulado más de 150 apariciones sobre el escenario de la Scala. Luca Salsi, por su parte, debutó en 2008 como Marcello en La bohème y ha terminado por convertirse en un huésped habitual del teatro. La construcción del programa propuso un recorrido dramático a través de algunas de las páginas más intensas de Don Carlo, La forza del destino y Otello. Entre ellas se intercalaron dos intervenciones pianísticas de Franz Liszt, transformando el drama operístico en pura evocación instrumental. El resultado fue un auténtico fresco verdiano en el que quedaron condensados muchos de los grandes temas del compositor.
Desde las primeras frases de «Io la vidi e al suo sorriso», Francesco Meli confirmó atravesar un momento especialmente sólido de su madurez artística. El tenor ha sabido administrar con inteligencia la evolución natural de un instrumento que, sin sacrificar brillo y flexibilidad, ha ganado densidad expresiva y profundidad dramática. La emisión permanece homogénea en todos los registros; los agudos, además de sonoros y dotados de squillo, emergen seguros y bien apoyados, auqnue con un vibrato bastante pronunciado que gusta al público italiano, mientras que el centro de la voz ha adquirido una consistencia particularmente atractiva. Su fraseo elegante alcanzó momentos de notable refinamiento. En «La vita è inferno all’infelice» y posteriormente en «O tu che in seno agli angeli», logró combinar lirismo e intensidad emocional con admirable control. Particularmente interesante resultó su interpretación de «Dio! mi potevi scagliar» de Otello. Crítica Meli Salsi Scala
Nelso Calzi, Luca Salsi y Francesco Meli / Foto: Brescia e Amisano © Teatro alla Scala
Luca Salsi ofreció una demostración de por qué está considerado actualmente como uno de los más importantes intérpretes verdianos de su generación: su dominio de la palabra cantada continúa siendo ejemplar. El barítono posee una voz que parece concebida para este repertorio. El color oscuro, la riqueza armónica del centro y la firmeza de la proyección permiten una identificación inmediata con los personajes creados por Verdi. En «Son io, mio Carlo… Per me giunto è il dì supremo», la nobleza del personaje emergió con naturalidad a través de un fraseo amplio y cuidadosamente articulado. Cada inflexión parecía responder a una intención dramática perfectamente definida. Impactante resultó también «Urna fatale del mio destino», donde el cantante desplegó una notable variedad de colores expresivos. Pero fue probablemente en el «Credo in un Dio crudel» donde Salsi alcanzó algunas de las cimas interpretativas de la noche. El monólogo de Jago encontró en él un intérprete plenamente digno.
Naturalmente, algunos de los momentos más celebrados llegaron cuando ambas voces se encontraron.
La afinidad artística entre Meli y Salsi resulta evidente y va mucho más allá de la mera coordinación musical. «Dio, che nell’alma infondere» fue una de las páginas más aplaudidas de la velada. Igualmente exitosos resultaron los fragmentos de La forza del destino, donde la tensión dramática fue creciendo progresivamente hasta desembocar en un final de enorme impacto emocional. Los fragmentos deOtello constituyeron otro de los puntos culminantes del recital. «Ora e per sempre addio», «Era la notte» y el posterior «Sì, pel ciel» permitieron apreciar toda la madurez expresiva de ambos artistas.
Mención especial merece el talento de Nelson Calzi, cuya labor fue mucho más importante que la de un simple acompañante. Pianista de amplia trayectoria dentro del repertorio vocal, supo construir un tejido sonoro flexible y siempre atento a las necesidades de los cantantes. Su capacidad para respirar junto a las voces, sostener las líneas musicales y recrear la atmósfera orquestal sin caer jamás en la exageración constituyó uno de los pilares fundamentales del éxito de la velada. Las dos intervenciones lisztianas -está de más señalarlo- fueron cristalinas y enormemente emotivas, permitiendo además apreciar sus cualidades como solista. Tanto en Widmung como en la brillante Paráfrasis de concierto sobre Rigoletto, Calzi demostró una técnica segura y una notable capacidad para equilibrar virtuosismo y expresividad. Lejos de convertirse en simples intermedios, estas páginas adquirieron personalidad propia dentro de la arquitectura global del concierto. El nivel técnico de Calzi es avasallador, pues aborda con gran potencia las octavas, todas y cada una de las difíciles terceras y, sobre todo, en los encores demostró un altísimo nivel técnico. Crítica Meli Salsi Scala
Al término de la representación, la respuesta del público fue la esperada para una ocasión de estas características. Las prolongadas ovaciones provocaron que, a manera de encore, se escuchara, en primer lugar, el dúo de Il barbiere di Siviglia «All’idea di quel metallo», interpretado conjuntamente por ambos cantantes. Posteriormente ofrecieron piezas solistas, una operística y otra perteneciente al repertorio napolitano: Salsi interpretó «Cortigiani, vil razza dannata» de Rigoletto (donde Calzi demostró su enorme técnica pianística) y una melancólica versión transportada de «Core ’ngrato», mientras que Meli ofreció «Forse la soglia attinse… Ma se m’è forza perderti» de Un ballo in maschera y «L’ultima canzone» de Tosti. Todo ello obtuvo un enorme número de salidas a escena para agradecer los aplausos, mientras que desde el loggione no podía faltar el tradicional grito de «¡Viva Verdi!». Crítica Meli Salsi Scala
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Milán (Teatro alla Scala), 21 de junio de 2026   Recital de Francesco Meli (tenor), Luca Salsi (barítono). Nelson Calzi (piano).