OW Por María Pardo Crítica: «Giulio Cesare Egitto» Real
El Teatro Real acogió dos funciones en versión de concierto de Giulio Cesare in Egitto, obra maestra de Georg Friedrich Händel, que regresa al coliseo madrileño tras 24 años. La interpretación corrió a cargo del conjunto Il Pomo d’Oro, dirigido por Francesco Corti. En la última década, las óperas de Händel han tenido presencia constante en la programación del Teatro Real, tanto en nuevas producciones escénicas como en versiones de concierto.
Estrenada en 1724 en Londres, la ópera pertenece al periodo de madurez creativa de Händel y es una cumbre de la opera seria barroca. Con libreto de Nicola Francesco Haym, basado en una obra de Francesco Bussani, narra el enfrentamiento entre Julio César y Tolomeo en Egipto, junto a la historia de amor entre César y Cleopatra y el drama de Cornelia y su hijo Sesto. En la función del sábado 21, a la que me refiero, Francesco Corti dirigió a Il Pomo d’Oro con tal maestría que el acompañamiento a los cantantes destacó por su organicidad y sensibilidad. Supo realzar la riqueza melódica de la partitura sin perder de vista las particularidades vocales de cada intérprete, modulando los tempi y la paleta de matices —de la furia al lamento, pasando por el cortejo, la seducción y la traición— con admirable coherencia expresiva. Sin embargo, la intervención en el primer acto de la trompa barroca en el obbligato del aria de Giulio Cesare “Va tacito e nascosto”, sonó con una afinación algo “destemplada”. El contratenor Orliński supo salir airoso y triunfante de estos aprietos a pesar de la discrepancia con el instrumento.

Concebida para las grandes voces de su tiempo, la partitura de Georg Friedrich Händel impone a sus protagonistas una exigencia extraordinaria, tanto por la extensión como por la intensidad de sus intervenciones: Giulio Cesare y Cleopatra afrontan nada menos que nueve arias cada uno. En la pasada velada, la obra contó con un elenco de reconocida solvencia en el repertorio barroco, aportando cada uno los elementos dramáticos adecuados a cada personaje y situación.
El contratenor polaco Jakub Józef Orliński (Giulio Cesare), dotó al conquistador romano de elegancia y presencia noble. Su voz se caracterizó por ser flexible y pareja en todo el registro, sin un gran rango dinámico, pero con un buen criterio para el uso de su messa di voce. La soprano francesa Sabine Devieilhe (Cleopatra) evidenció la evolución del personaje desde una fuerza seductora juvenil y llena de vida a una madurez sentida y desolada en la que resurge como el ave Fénix en todas las coloraturas del aria final “Da tempeste il legno infranto”. Se mostró exquisita vocal y musicalmente, con un gran dominio de sus recursos vocales, alcanzando la excelencia en todas y cada una de sus intervenciones.

Otra grande de la noche fue la mezzosoprano escocesa Beth Taylor (Cornelia), a quien ya vimos en el 2024 en el Teatro Real interpretando una soberbia bruja en Dido y Eneas. Poseedora de un instrumento regio, afrontó su rol aportando lo mejor de su color y rango vocal alcanzando la sublimidad. Su timbre, siempre cargado de significado dramático, desde “Priva son d’ogni conforto”, prestó un servicio dúctil tanto a los momentos de furia como a los de lamento. Un momento muy conmovedor y aplaudido fue el dúo “Son nata a lagrimar” por el empaste, no solo vocal, sino emocional con la soprano Rebecca Leggett (Sesto). Esta cantante británica desplegó también todos sus recursos al servicio del hijo que busca venganza por la muerte de su padre. Su voz fue flexible y de factura más que solvente tanto en el plano musical como dramático.
Por su parte, el contratenor ucraniano Yuriy Mynenko (Tolomeo), manejó con una gran soltura su personaje, afectado de cierto histrionismo que encajaba muy bien con su propuesta actoral. Vocalmente, sin mácula, hizo exactamente lo que quiso a lo largo y ancho de todo su registro sin la más mínima resistencia. Muy solvente el bajo estadounidense Alex Rosen (Achilla), elegante y con una gran prestancia vocal. Más discreto, pero también a la altura de sus colegas fue el barítono italiano Marco Saccardin (Curio). Destacable fue el contratenor francés Rémy Brès-Feuillet (Nireno) por su capacidad interpretativa, resultando de una gran expresividad mímica, útil a la trama y en complicidad con el resto de personajes.
El resultado fueron tres horas de delicia barroca que el público aplaudió largamente.
Madrid (Teatro Real), 21 de febrero de 2026 Giulio Cesare in Egitto
Il Pomo d’Oro / Francesco Corti (director).
Elenco: Jakub Józef Orliński, Sabine Devieilhe, Beth Taylor, Rebecca Leggett, Yuriy Mynenko,Alex Rosen, Marco Saccardin, Rémy Brès-Feuillet.













