Crítica: «Goyescas» y «El retablo de Maese Pedro» en el Teatro de la Zarzuela

OW  Por José Antonio Lacárcel Crítica: «Goyescas» retablo Teatro Zarzuela

Una producción de los teatros Campoamor de Oviedo y Cervantes de Málaga, constituyó y protagonizó la cita lírica del primer mes del año en el Teatro de la Zarzuela. Como título genérico La Edad de Plata, como síntesis de uno de los periodos más brillantes del arte y las letras en España, periodo que abarca un marco histórico conflictivo, entre la primera guerra mundial y la guerra civil española. Pero es un momento pleno de actividad artística, de actividad cultural. Es un periodo brillante donde parecen darse la mano las artes plásticas, la gran literatura, la gran música. Se entrelazan nombres, figuras, personajes apasionantes que nos dejaron el inmenso legado de su talento, de su sensibilidad artística. Y en este caso concreto, figuran tres nombres entrelazados: Ignacio Zuloaga, Enrique Granados y Manuel de Falla. Y un nexo de unión: la figura gigante de Francisco de Goya. En Zuloaga hay como una profesión de fe goyesca. En Enrique Granados la figura de pintor aragonés es mucho más que una obsesión, es un encuentro con un mundo pleno de fuerza, de vigor, de colorido. El Goya que interesa a Granados, trasciende del colorido, de la fuerza de la majeza madrileña. Para el compositor catalán supone una llamada, como una fuerza irresistible que acaba inundando su alma y que se trasluce en la maravilla de su música. Primero está el homenaje pianístico, en la suite Goyescas, uno de los monumentos pianísticos- junto a la Iberia de Albéniz–  que ennoblecen nuestra música y que la hacen universal a fuerza de ser netamente española. Después será la puesta en escena, la traslación de muchos de los fragmentos pianísticos debidamente orquestados y con texto para ser cantados, lo que va a ir dando paso a la configuración final de una ópera donde lo popular madrileño, lo netamente español, revive  como un rendido homenaje a la figura del gran pintor aragonés, a la hermosa realidad de su obra. A esos cuadros y esos tapices que reproducen escenas llenas de belleza, de acertada plasticidad, en un intento de reflejar un Madrid entre cortesano y plebeyo en los finales del XVIII y albores del XIX.

Una escena de «La Edad de Plata» / Foto: Javier del Real

Y luego está Falla que se sumerge en su mundo tan interior y tan pletórico de riqueza. Pero Falla se vuelve a las más puras esencias castellanas con El retablo, una obra que él concibe en torno al teatro de marionetas, tal y como lo narra Cervantes; vuelve Falla  a los títeres, donde también está la fascinación que siempre tuvo por este tipo de representaciones, fascinación que  hay que encontrar en el interés que, desde niño, tuvo por los Títeres de la tía Norica, tan arraigados en la tradición gaditana. Y como puente gigantesco que une estas distintas tendencias, esa Edad de Plata que sirve a Paco López para tejer un entramado de situaciones que configurarán su personal y brillante visión del mundo goyesco y del mundo español que lo mismo vibra ante la majeza de los personajes goyescos, que ante la austera realidad y el sueño imposible de la narración cervantina. Y Goya, siempre Goya, en el devenir de los ensueños, de las fantasías que unen a Zuloaga, Granados y Falla.

De todo lo expuesto anteriormente puede deducirse con facilidad que me ha gustado y mucho el planteamiento de Paco López y  cómo ha sabido acertar en el resultado. Un mundo único donde se dan la mano fantasía y realidad, en un juego constante que va desarrollándose sobre el escenario y que toma forma definitiva en esa imaginaria reunión – velada artístico literaria musical, en la casa estudio de Zuloaga, donde también está muy presente el espíritu de Goya. No podía ser menos porque tanto el pintor como el músico catalán se sienten profundamente atraídos por la obra del pintor que sobrepasa lo puramente pictórico para adentrarse en el mundo de los sueños, de las añoranzas, en el mundo fascinante y extraño, real y fantástico que parece desparramarse por los lienzos y los tapices del inmortal sordo. Ha contado con el buen vestuario de Jesús Ruiz, y la acertada coreografía de Olga Pericet. Paco López pienso que ha acertado en la dirección escénica, en la dramaturgia, en la escenografía y en la iluminación. Los personajes se han movido con naturalidad, no ha faltado el garbo, cuando la ocasión lo requería. Y ha sabido contar historias paralelas que han venido a desembocar en las dos citas líricas que nos llevan a Enrique Granados  y a Falla. Todo el planteamiento ha sido original y el resultado bueno, más aún en Goyescas, porque en El Retablo ha faltado la magia de las marionetas, sustituídas por vídeos ilustrativos pero que creo no hubieran gustado demasiado a don Manuel. Crítica: «Goyescas» retablo Teatro Zarzuela

Una escena de «La Edad de Plata» / Foto: Javier del Real

Goyescas refleja de manera prodigiosa lo que era el carácter melancólico, intimista del gran Granados.Goyescas pasa con naturalidad del piano a la escena. Y es que el compositor construye una literatura operística admirable por su buen saber en la orquestación,, por su tratamiento, tan delicado, de las voces, por conseguir subrayar adecuadamente un texto no excesivamente brillante, pero sí muy aceptable, de Fernando Periquet. Pero la música enriquece el texto, la música mira hacia lo introspectivo del alma del compositor. La música empareja la majeza de las clases populares madrileñas (españolas) tan bien retratadas por Goya y la elegancia aristocrática de clases más elevadas que también saben mezclarse con lo popular aunque haya un enfrentamiento que deriva en un final dramático. Tratamiento muy conseguido en las voces, excelente orquestación y la base de unas estampas que estaban bien definidas en la suite pianística y que no pierden fuerza e intensidad, que no pierden melancolía y espiritualidad, en su trasvase al mundo operístico. Hay hermosos hallazgos contapuntísticos, hay riqueza armónica, hay color e intensidad de matices en la orquesta. Y las riquísimas melodías que se van engarzando mientras la acción se desarrolla de forma lógica y bastante brillante. Es una pena, es una vergüenza, que Goyescas no se represente tanto como debiera. Es una buena muestra de lo que un compositor puede y quiere hacer, un compositor que también brillará escénicamente en diversos momentos, como por ejemplo en su ópera María del Carmen. Un compositor que alterna un suave romanticismo rezagado con la pletórica aparición de un nacionalismo musical que une nombres como Pedrell, Albéniz, Granados, Morera y que culmina con los andaluces Falla y Turina. Crítica: «Goyescas» retablo Teatro Zarzuela

Asistimos a las funciones del sábado, último día enero. A teatro lleno, como es habitual, pudimos degustar una impecable versión de Goyescas. Empecemos diciendo que la orquesta titular del Teatro de la Zarzuela, la Orquesta de la Comunidad de Madrid, estuvo a gran altura. Y es que el director, Alvaro Albiach, supo obtener del elenco orquestal todas sus posibilidades. Expuso con maestría toda la riqueza tímbrica que se puede obtener de una partitura, como antes hemos apuntado, brillante. En todo momento estuvo acertado, tanto en los tiempos como en la tarea de obtener un sonido redondo, poderoso, equilibrado. Su atención hacia los cantantes fue ejemplar. En ningún momento perdió ese equilibrio imprescindible para que todo pueda escucharse con la máxima nitidez. En el momento del famoso intermedio, -que incompresiblemente tan poco grato le resultaba al propio Granados- supo extraer toda la belleza, toda la nostalgia, todo el suave encanto que encierra este hermoso fragmento. Toda una lección de buen hacer.

Mónica Conesa en una escena de «La Edad de Plata» / Foto: Javier del Real

En cuanto a los cantantes estuvieron a muy buena altura. La estadounidense Mónica Conesa, dio vida al personaje de Rosario. Voz muy hermosa, de rica expresividad. Canta con gusto, con alta escuela y sabe transmitir toda la emoción que su papel exige. En todo momento estuvo a un gran nivel pero es de justicia destacar su apasionamiento y su delicado lirismo en “La maja y el ruiseñor” pero también fue convincente, plena de dramatismo, en el dúo final que da paso al drama con el que se llega al desenlace de la obra. Ese dramatismo no tuvo ninguna distorsión sino una intensidad plena de entrega y belleza. Es una excelente intérprete de gratísima presencia escénica. Antes del Retablo ofreció una límpida y diría que exquisita versión de Psyché de Falla. Buen gusto, sensibilidad, dúctil en todo momento, recibió al final de la velada una cerradísima y justa ovación. El personaje de Fernando fue encarnado por el tenor Alejandro Roy. Y también fue la suya una interpretación memorable. Cantó con gusto, con temperamento, con limpia afinación. Su voz media es hermosa, y su tesitura es amplia y brillante. Tiene un timbre muy bonito y su registro agudo es especialmente limpio y musical. La parte central de su voz tiene calidad, es muy musical. Es tenor brioso y al mismo tiempo delicado. Buena técnica de respiración y apreciable capacidad de emisión de voz. Fue muy convincente su versión del personaje que tuvo que interpretar.

Otra cantante que brilló con luz propia fue Mónica Redondo que triunfó al dar vida al personaje de la maja Pepa. Tiene gracia, buena voz , capacidad de transmisión y sabe moverse con soltura en la escena. Completaba el reparto el buen barítono César San Martín que hizo un Paquiro muy creíble. En todo momento estuvo en su papel tanto en la parte canora como en la interpretación escénica. Siempre muy alejado de cualquier amaneramiento, personaje popular el del gran torero que supo transmitir con sobriedad y elegancia la personalidad que Periquet y Granados atribuyen al majo, popular, pero contenido. Sobrio y elegante. Muy positiva su actuación. Los coros al mismo buen nivel habitual, bien trabajados por Antonio Fauró. Bien los bailarines destacando los solistas Joan Fenollar y Cristina González. Crítica: «Goyescas» retablo Teatro Zarzuela

Mónica Redondo en una escena de «La Edad de Plata» / Foto: Javier del Real

Y segunda parte con protagonismo para Falla en una de sus mejores creaciones: El retablo de Maese Pedro. En mi opinión, absolutamente discutible, los videos- acertados y significativos- no pueden sustituir a las marionetas pensadas por el músico gaditano. Pero el resultado final no chirrió ni mucho menos. Todo se hizo con dignidad aunque algunos tengamos una opinión un tanto diferente a la propuesta ofrecida. A pesar de esa reserva que he expresado hay que reconocer que el montaje fue interesante y, en cierto modo, innovador. La figura de don Manuel con su maleta en  referencia al autoexilio,  cuando se siente en la necesidad de abandonar el silencio inspirador de su granadino carmen de  la Antequeruela. Musicalmente, El retablo puede considerarse una obra magistral en la que aparece la erudición de Falla y su admiración y conocimiento sobre el Quijote. Con unos medios austeros, como el propio carácter del compositor, alejado en esta ocasión de la exuberancia andaluza de El sombrero  y del Amor Brujo. Una orquestación importante, aunque dentro de ese criterio de austeridad que creo debe ser resaltado.

La propuesta presentada en La Zarzuela tuvo buena entidad musical. Pablo García-López encarnó a Maese Pedro con soltura e incluso con brillantez vocal, a pesar de que el personaje tiene esa sobriedad a la que antes me he referido. Voz bonita, de tenor lírico con tendencia a lírico ligero, voz redonda y bien timbrada. Quizá pueda reprochársele que sobreactuó un tanto, cuando el personaje puede resultar un tanto lineal. No olvidemos que en el Quijote,  Maese Pedro dirige un teatro de marionetas pero es en realidad, el ex galeote Ginés de Pasamonte. Cantó bien su corto papel. Y lo mismo ocurrió con el barítono Gerardo Bullón que encarnó a don Quijote y al propio tiempo, al compositor, a un Manuel de Falla que se despide de su retiro granadino y marcha hasta Argentina. Cantó con cierta solvencia. Y sin duda, aparte de los hermosos fragmentos orquestales, fue Lydia Vinyes- Curtis, quien brilló a gran altura en el difícil personaje del Trujumán. Afinación, buena dicción, entendió perfectamente lo que Falla quería del personaje.

En definitiva, asistimos a una interesante adaptación debida al talento de Paco López con una visión muy personal pero bastante válida de dos obras importantes del repertorio español: Goyescas y El retablo de Maese Pedro. Y unidas por la Edad de Plata, y con personajes que se van incrustando como representantes de aquella edad plateada en el universo del arte, de la literatura y de la música. En el universo de la mejor cultura española del siglo XX.


Madrid (Teatro de la Zarzuela), 31 de enero de 2026.  La Edad de Plata   Díptico formado por: Goyescas de Enrique Granados y El retablo de Maese Pedro de Manuel de Falla.

Dirección musical: Álvaro Albiach.  Dirección de escena, dramaturgia, escenografía e iluminación: Paco López. Crítica: «Goyescas» retablo Teatro Zarzuela

Elenco: Mónica Conesa, Alejandro Roy, César San Martín, Mónica Redondo. Gerardo Bullón, Pablo García-López, Lidia Vinyes-Curtis. Crítica: «Goyescas» retablo Teatro Zarzuela