La inmortal producción de Franco Zeffirelli sigue siendo, casi medio siglo después de su estreno, una de las joyas más queridas y emblemáticas de la Metropolitan Opera. Su realismo escénico continúa asombrando a públicos de todas las generaciones: los tejados de París, el bullicioso Café Momus, el helado cuartucho de los bohemios… cada detalle tiene el poder de parecer novedoso pese a lo añejo de la producción.

El Met mantiene este monumental decorado con mimo y rigor, consciente de que se trata de uno de los mayores tesoros de su repertorio. Y aunque la dirección escénica de Mirabelle Ordinaire introduce pequeños ajustes, nada traiciona la esencia de Zeffirelli: teatro de gran espectáculo, visualmente deslumbrante, pero también capaz de emocionar con las pequeñas cosas.
Algo debe de tener esta magnífica producción, pues llena el teatro en cada representación, sin importar el nombre de los cantantes protagonistas. En OperaWorld seguimos cubriendo los distintos elencos, para que nuestros lectores cuenten siempre con una ventana abierta al escenario del Met.

En nuestra más reciente visita, la batuta de Keri-Lynn Wilson, en su regreso a la compañía, ofreció una lectura sólida, tersa y bien construida. La orquesta del Met, que conoce esta partitura como pocas, respondió con una sonoridad pulida y flexible. Wilson supo extraer el lirismo y la inmediatez emocional de Puccini sin recurrir al sentimentalismo fácil, alternando la intimidad y la exaltación emocional que caracterizan a la obra.
La soprano armenia Juliana Grigoryan, en su debut en el Met, compuso una Mimì delicada y sincera, de canto elegante y fraseo cuidado. Su instrumento, de timbre atractivo y apreciable musicalidad, mostró, sin embargo, ciertas limitaciones en la proyección, especialmente en los pasajes más líricos del primer acto. Su interpretación escénica fue convincente, aunque algo reservada frente a un elenco de potente presencia escénica. Será interesante seguir su evolución, aún incipiente, pues su talento y gusto son innegables.

El tenor Freddie De Tommaso volvió a demostrar su categoría como Rodolfo, papel que se acomoda de manera natural a su tipo vocal. Su “Che gelida manina” fue recibida con calidez por parte del público, pese a que detectamos cierta incomodidad en el agudo, que sonó más abierto de lo habitual. Su voz conserva su brillo metálico y el squillo característico, aunque en algunos momentos pareció menos seguro que en actuaciones anteriores. Aun así, su entrega y musicalidad estuvieron por encima de toda objeción.
Quizá el auténtico protagonista de la noche fue el barítono Lucas Meachem, dueño de un Marcello vibrante y comunicativo, cantado con estilo y carisma. Su voz, ya madura, mantiene el color y la autoridad que lo han convertido en uno de los intérpretes más fiables de su generación. Sin embargo, su desbordante energía escénica rozó a veces el exceso, desviando la atención del drama principal hacia los amoríos entre Musetta y Marcello. En cualquier caso, su trabajo fue magnífico y justamente celebrado.
La Musetta de Heidi Stober brilló especialmente en el segundo acto, donde su personaje es el eje teatral del espectáculo. Su “Quando me’n vo’” tuvo encanto, elegancia y seguridad. Aunque su timbre ha adquirido un tono más opaco con los años, Stober conserva el instinto teatral y la picardía que hacen irresistible a su personaje.

El bajo coreano Jongmin Park ofreció un Colline generoso y noble, de sonido algo engolado pero expresivo, y su “Vecchia zimarra” fue un momento de hondura y emoción contenida, quizá algo parco en la expresión. Por su parte, el joven barítono Sean Michael Plumb destacó como Schaunard, con una presencia escénica notable y un canto bien integrado en el conjunto. Su talento, ya mostrado en su reciente Papageno, confirma una carrera ascendente.
El veterano Donald Maxwell dobló con eficacia los papeles de Benoît y Alcindoro, aportando comicidad y experiencia, si bien cabe la duda del efeto que tendrá un cantante de mayor relieve vocal. En conjunto, el reparto funcionó con notable coherencia, contribuyendo a una velada de gran nivel musical y teatral, que dejó satisfechos a nuevos y viajos aficionados.
La combinación de una dirección musical sensible, un elenco sólido y una producción legendaria convierte cada función en un evento operístico de gran interés. Esta nueva reposición de la incombustible Bohème de Zeffirelli continúa funcionando para el Met, que cuaja un exitoso y variado inicio de temporada.
★★★★☆
Metropolitan Opera de Nueva York, a 30 de octubre de 2025. La bohème, ópera en cuatro actos con música de Giacomo Puccini y libreto en italiano de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa.
Dirección Musical: Keri-Lynn Wilson. Orquesta y coro de la Metropolitan Opera (director del coro: Tilman Michael). Director de escena y Escenografía: Franco Zeffirelli, Vestuario: Peter J. Hall, Iluminación: Gil Wechsler, Directora del revival: Mirabelle Ordinaire.
Reparto: Lucas Meachem, Freddie De Tommaso, Jongmin Park, Sean Michael Plumb, Donald Maxwell, Juliana Grogoryan, Gregory Warren, Heidi Stober, Jonathan Scott, Ned Hanlon.













