Por Federico Figueroa
La historia de Il Giustino, una de las joyas teatrales de Antonio Vivaldi, es también la historia de un combate silencioso entre tradición y moda. Esta ópera, que ha llegado por primera vez a Madrid dentro del ciclo Universo Barroco del CNDM, fue estrenada en el Teatro Capranica durante el Carnaval de 1724, es un retrato del momento en que Antonio Vivaldi, veneciano hasta la médula pero exiliado voluntario, decidió plantar cara a los nuevos tiempos sin perder el timbre de su alma. Aquel viaje a Roma, dos años antes del estreno, no fue casual. Corría el año 1722 cuando il prete rosso, carta de recomendación en mano para los influyentes Borghese, abandonaba por un tiempo la bruma veneciana. Iba buscando algo más que encargos: ansiaba el reconocimiento de la escena romana, la aclamación de un público distinto, el prestigio que lo elevase más allá de sus composiciones para orfanatos. En la Ciudad Eterna se reencontró con Francesco Gasparini, su antiguo superior en el Ospedale della Pietà, quien había escapado de sus obligaciones alegando quebrantos de salud. Aquella salida intempestiva dejó a Vivaldi más atado a su ciudad natal de lo que hubiera querido, obligado a suplir con sus composiciones religiosas e instrumentales los vacíos de Gasparini.
Pero Vivaldi miraba más allá. Mientras los compositores napolitanos —con sus castrati rutilantes y sus arias de fuegos artificiales— arrasaban los teatros de Europa, él intentaba algo distinto: conservar el nervio dramático, la densidad emocional. Il Giustino fue su particular resistencia ante la ola napolitana, aferrándose a su estilo con convicción. Recicló música de óperas anteriores, sí, y también compuso material nuevo con su esencia en la armonía y en el ritmo. Como si Nápoles se ornamentara un poco con las brumas venecianas. Crítica: «Il Giustino» Madrid

En este Giustino, la lectura musical de Ottavio Dantone brilló con esa solidez serena y buen gusto por los detalles. Atento al fraseo, con pulso dramático y cincelados recitativos con auténtico aliento narrativo. Dantone, desde el clave, elaboró un acompañamiento expresivo junto con Tiziano Begnati en el archilaúd. La Accademia Bizantina atendió con la precisión y la flexibilidad pertinente a cada una de las piezas de la obra, como en la bellísima «Ho nel petto un cor si forte» que se acompaña con un salterio y violines.

La cantante francesa Delphine Galou asumió el personaje de Giustino con entusiasmo y excelente línea de canto pero su instrumento carece del brillo y el volumen que impresione a «primera escucha». Quizá en espacios menos grandes su caudal sea perfecto, pero en la sala sinfónica del Auditorio Nacional de Madrid, su voz quedó por debajo de la brillante mezzosoprano austriaca Sophie Rennert, quien como Anastasio se llevó grandes ovaciones desde que interpretó, con mucho sentimiento y calidad canora, la famosa aria «Vedrò con mio diletto». La soprano húngara Emöke Baráth (Arianna) volvió a encandilar al público madrileño. Es una de las cantantes más requeridas en el repertorio barroco, al que sirve con un instrumento de no excesiva belleza que utiliza con exquisito gusto. La francesa Marie Lys, soprano francesa que interpretó a Leocasta, ha ganado en caudal y control, siendo más expresiva y redonda en conjunto. El tenor Emiliano González Toro fue un Vitaliano de tintes dramáticos. Empezó un tanto frío y fue creciendo en cada una de sus intervenciones. Alessandro Giangrande brilló en su triple cometido (Andrónico, Polidarte y la voz espectral) y la soprano Carlotta Colombo, como Amanzio, fue un correcto Amanzio, enamorado de Leocasta.
La versión de Il Giustino que ha presentado Ottavio Dantone y la Accademia Bizantina en Madrid, sin perder la médula de la ópera, tiene varios cortes (algunas secciones B y/o da capo) para adecuarla a poco menos de 3 horas de música. El público ovacionó en pie a todos los artistas. Crítica: «Il Giustino» Madrid
Madrid (Auditorio Nacional de Música), 27 de abril de 2025. Il Giustino Ópera en tres actos con música de Antonio Vivaldi y libreto atribuido a Antonio Lucchini. Estrenada en el Teatro Capranica de Roma durante el Carnaval de 1724. Versión de concierto.
Dirección musical y clave: Ottavio Dantone. Accademia Bizantina
Solistas: Delphine Galou, Emöke Baráth, Sophie Rennert, Marie Lys, Emiliano González Toro, Alessandro Giangrande y Carlotta Colombo. OW













