Por Gonzalo Roldán Herencia Crítica: «Iphigénie Tauride» Maestranza Sevilla
Raffaella Lupinacci, espléndida Iphigénie en el Maestranza
El Teatro de la Maestranza de Sevilla trae a los escenarios una producción propia, en colaboración con la Opera Ballet Vlaanderen y la Opéra Orchestre National de Montpellier, de la última ópera de Christoph Willibald Gluck: Iphigénie en Tauride. Esta sublime página lírica constituye todo un legado del autor, que en sus últimas producciones exploró la complejidad emocional de los mitos clásicos, y más concretamente la historia de la princesa Ifigenia, hija de Agamenón y Clitemnestra, convertida en inocente moneda de cambio entre la soberbia humana y el sádico juego de los dioses durante la Guerra de Troya. Cerca del doscientos cincuenta aniversario de su estreno en la Ópera de París en 1779, durante la efervescencia política prerrevolucionaria, la tragedia de Eurípides vuelve a los escenarios revisada y actualizada por Rafael R. Villalobos, que ha escogido hacer una relectura desde el reciente conflicto de la guerra de Ucrania, pretendiendo con ello poner el foco en la universalidad de la historia. Crítica: «Iphigénie Tauride» Maestranza Sevilla

La idea de base podía ser buena, y algunos de los elementos escénicos resultarían muy válidos si se les sacara el partido necesario. Sin embargo, el resultado de esta puesta en escena contemporánea no resultó a ojos del público demasiado atractivo, en gran parte por algunas carencias que deberían mejorarse en futuras reposiciones. Para empezar, la excesiva sencillez y total falta de iconicidad del vestuario hizo de menos a la protagonista de la tragedia, un personaje tan presente y poderoso que habría merecido brillar más allá de la espléndida realización vocal de la magnífica Raffaella Lupinacci, que encarnó a Ifigenia; una túnica, una toga, un uniforme de policía militar, incluso un traje-sastre habrían sido válidos para destacarla dentro de la insulsa escala de grises que se escogió para el vestuario. En su lugar, una simple camisa de cuadros de poca efectividad visual mimetizó a la protagonista entre el resto de las sacerdotisas, las cuales no mostraban ni uniformidad ni relevancia visual, algo que se acució todavía más por una torpe coreografía escénica.
Tampoco el elenco masculino tuvo un mejor tratamiento, ya que el dúo de guerreros protagonista Orestes-Pylade vestían un pantalón militar y camiseta de tirantes, dejando ver las bondades del bien trabajado físico de Edward Nelson y Alasdair Kent, tal vez apropiado para la concepción escénica de Villalobos, pero que habría que cuestionarse si sería igualmente efectista en el físico y la voz de otros intérpretes. Tampoco el rey de los escitas ni su tribu destacaron en su puesta en escena, obligados a vestir unos harapos que no les identificaban especialmente con ningún personaje colectivo y que, desde luego, no obtenían ningún efecto estético. No es que no se entienda la propuesta, es que la sencillez y falta de recursos dejaban poco desarrollo al entendimiento y menos todavía a la imaginación. Crítica: «Iphigénie Tauride» Maestranza Sevilla

Tampoco ayudó el tratamiento de las luces, mal concebido y con faltas de ajuste y coordinación flagrantes en un templo de la lírica como es la Maestranza. Lejos de ayudar a focalizar la acción y destacar a los personajes, a menudo los sumió en penumbra y sombras poco significativas a nivel argumental, como en la primera escena, en la que Ifigenia ha de adivinarse entre las sacerdotisas, o en el desenlace final, en el que solo pudimos intuir el asesinato de Toante a manos de Pylade por el grito del primero, ya que la falta de luz nos lo ocultó a la vista. Aun así, la producción tuvo aciertos, como es diseño de escenografía de Emanuele Sinisi, compuesto por un paraninfo de piedra en ruinas, reminiscencia de los edificios gubernamentales de estética brutalista de algunas naciones del este. También resultó visualmente atractiva la inclusión de escenas dramatizadas de la historia de los padres de Ifigenia, bien defendidas por Beatriz Arjona y Nacho Gómez.
En lo musical, si uno se hacía a la idea de estar en una versión de concierto, la producción resultó agradable y de notable calidad artística. Sin lugar a duda, brilló por el desarrollo de su personaje la soprano Raffaella Lupinacci, que desde la primera escena hasta la última desplegó una potencia vocal y una capacidad expresiva espléndidas. Su poderoso timbre, rico en armónicos y con un amplio desarrollo tanto en agudos como en graves, resultó idóneo para el complejo personaje que Gluck dejó escrito, el cual no sólo es exigente en su evolución melódica sino también en la fortaleza física que requiere, ya que está presente en los cuatro actos y demanda un fiato y un dominio técnico considerables. Se podría decir que la presencia en escena de Raffaella Lupinacci fue el gran valor de la noche; los que recordábamos su magnífica realización de Adalgisa en la Norma de la temporada pasada estábamos expectantes por volverla a ver en la Maestranza, y desde luego nuestras expectativas se colmaron con la mejor realización posible de una Ifigenia que, en muchos sentidos, salvó la velada. Crítica: «Iphigénie Tauride» Maestranza Sevilla

El dúo protagonista masculino, formado por Edward Nelson como Orestes y Alasdair Kent como Pylade, estuvo al nivel de la producción, con un bello trabajo de los magníficos duetos que Gluck les dedicó en su partitura. Ambos se mostraron muy poderosos en el desarrollo de sus personajes, y cumplieron además con las exigencias escénicas, algunas innecesarias y de dudosa efectividad. Aun así, ambos tuvieron un despliegue vocal adecuado, algo sobreactuado quizás en el caso de Nelson, que garantizó el aplauso del público. También destacaron, pese a lo breve de su papel, Damián del Castillo como Toante y las sacerdotisas Sabrina Gárdez y Mireia Pintó; sus voces completaron el elenco de personajes que hábilmente desentrañaron la trama argumental con una labor vocal óptima. Y, como no, mención especial al Coro del teatro de la Maestranza, como de costumbre hábilmente preparado por Íñigo Sampil, que desempeñó las numerosas intervenciones de los personajes colectivos – guerreros escitas y sacerdotisas de diana – en una dinámica actoral y musical de altura y calidad.
Finalmente, hay que destacar por su magnífica labor interpretativa a la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, dirigida en esta ocasión por Zoe Zeniodi. El uso de un pulso dinámico e incisivo en la rítmica, puesto al servicio del lirismo de las voces, y la enorme melodiosidad de los pasajes instrumentales, infundieron al conjunto una sonoridad y una tímbrica idóneas para la ocasión, revisitando de este modo la partitura de Iphigénie con altas cotas de calidad y rigor histórico.
Sevilla (Teatro de la Maestranza, 15 de febrero de 2025. Iphigénie en Tauride, tragedia lírica en cuatro actos de Christoph Willibald Gluck (1779) con libreto de Nicolas-François Guillard.
Real Orquesta Sinfónica de Sevilla
Dirección Musical: Zoe Zeniodi.
Coro del Teatro de la Maestranza (Íñigo Sampil, dirección)
Dirección Escénica y diseño de vestuario: Rafael R. Villalobos (Reposición: Luis Tausia). Diseño de escenografía: Emanuele Sinisi. Iluminación: Felipe Ramos (reposición de Juan Manuel Guerra).
Reparto: Raffaella Lupinacci (Iphigénie), Edward Nelson (Orestes), Alasdair Kent (Pylade), Damián del Castillo (Thoas), Sabrina Gárdez (Diana/1ª sacerdotisa), Mireia Pintó (2ª sacerdotisa/mujer griega). Actores: Beatriz Arjona (Clitemnestra), Nacho Gómez (Agamenón). OW












