Crítica: «Jugar con fuego» en el Teatro de la Zarzuela

OW     Por José Antonio Lacárcel   Crítica: «Jugar fuego» Teatro Zarzuela

El Teatro de la Zarzuela ha vuelto a llevar a su escenario uno de los títulos más emblemáticos  y representativos de la llamada zarzuela grande: Jugar con fuego, que cuenta con una excelente partitura del maestro Francisco Asenjo Barbieri  y con un libreto de Ventura de la Vega. Esta espléndida obra está justamente considerada como la primera gran zarzuela, la que marca el camino para la resurrección del género en el siglo XIX.  No vamos a entrar ahora en la eterna discusión de cómo llamar a este tipo de teatro. Ya en su día se pronunciaron autores como Peña y Goñi y muchos otros que tuvieron como referencia la ópera cómica francesa. Pero, influencias aparte, nacía el género en su máximo esplendor, muy por encima de lo que fue la zarzuela durante el siglo XVIII y anteriores. Es a partir de Barbieri cuando se consigue alcanzar esa mayoría de edad, esa madurez que hará posible que muchos autores sigan el mismo o parecido camino enriqueciendo de forma considerable nuestro acervo musical. Fue este título de Barbieri un éxito extraordinario y hoy en día todavía podemos considerarlo como una de las mejores creaciones del músico madrileño. Se ha discutido la influencia italianizante que tienen muchos momentos de la partitura. Aspecto éste bien lógico porque es el italianismo el que marca, y de qué manera, la vida musical de España durante buena parte del siglo XIX. Pero esas influencias no merman para nada la calidad de esta obra. Es uno de esos momentos afortunados en cuanto a creación musical. Es un verdadero hito en el posterior desarrollo de la zarzuela grande que va a marcar de manera decisiva la segunda mitad del siglo XIX. Crítica: «Jugar fuego» Teatro Zarzuela

 

Una escena de «Jugar con fuego» en la nueva producción del Teatro de la Zarzuela / Foto: Elena del Real.

Estamos ante la primera gran zarzuela del momento. Un argumento prácticamente calcado de una comedia francesa, sirve para engarzar una serie de números musicales de una brillantez poco conocida hasta entonces en la producción escénica española, tan sometida a los criterios musicales italianos que entonces hacían furor. Ya aquí se vislumbra lo que después va a ir desarrollándose de forma eficaz. Será el comienzo del florecimiento del gènero más español, no sólo por la incorporación de elementos musicales populares, sino por la dimensión, la capacidad de creación, la verdadera calidad musical que encierran tantas y tantas partituras, muchas de ellas injustamente olvidadas. Otras, que se mantienen en medio del fervor de un público fiel a lo que constituye algo genuinamente nuestro y que llega a alcanzar altos niveles de calidad y exigencia artística.

La trama, de indudable influencia francesa, inspira una de las partituras más ricas y logradas de Barbieri.  Todavía no ha llegado el momento de entrar de lleno en el auténtico casticismo musical que culminará con esa verdadera joya que es El barberillo de Lavapiés.  Es cierto que en Jugar con fuego podemos advertir influencias más o menos nítidas de autores que triunfan en el mundo de la ópera italiana. Pero también es cierto que prima sobre todo la autenticidad de una música con un sello personalísimo. Y eso se advierte en cualquiera de los números que integran la obra. Desde el comienzo brioso, con aires populares entonados por los vendedores y donde ya Barbieri muestra su enorme calidad creativa, como va a seguir ocurriendo en cada momento, en cada cantable, tanto en dúos, tercetos, o el espléndido concertante donde bien se advierte la mano maestra del compositor. La obra es rica en belleza melódica, pero no hay que olvidar la excelente orquestación, la técnica contrapuntística, tan presente en muchos momentos, la riqueza armónica, la calidad tímbrica. Todo ello hace que Jugar con fuego sea el punto de partida para el florecimiento de la gran zarzuela, de dos y tres actos, que va a configurarse como el género característico de varios lustros del siglo XIX. Otro aspecto que no podemos obviar es el magistral tratamiento que de las voces hace Barbieri. Una técnica impecable que campeará a lo largo de toda la obra y que es una muestra más de la maestría del compositor. Se advierte en todos y cada uno de los números que integran la obra. La escena de los galanteos con el barítono, la soprano y el bajo está perfectamente trazada y resuelta contribuyendo los coros a realzar la acción y completarla de una manera musicalmente perfecta. Bellísimo y bien trazado el dúo de la Duquesa y Félix, como anteriormente había sido muy bien tratado el terceto del Duque, Félix y el Marqués, que se inicia con una intervención solista del atribulado y joven hidalgo.

Una escena de «Jugar con fuego» en la nueva producción del Teatro de la Zarzuela / Foto: Elena del Real.

Todo el segundo acto va a estar constituído por una música excelente que culminará en el brillante concertante y el breve tercer acto será una alternancia del lirismo y de las situaciones cómicas que se resuelven musicalmente de forma admirable. La intervención del cómico Antonio con los locos en el pimpante número conocido como Pícaro sastre, tiene una gracia, una frescura y, al propio tiempo, una calidad incuestionable. Y el lirismo más apasionado va a estar presente en la romanza de la Duquesa. Y como contrapartida uno de los números más logrados: la escena de los locos acosando al ridículo Marqués de Caravaca. Música fresca, limpia, llena de gracia y donde se intercalarán conocidos aspectos de la música popular. Un verdadero logro. Con todo esto, con todo lo que hemos señalado nada puede extrañar el enorme éxito que tuvo Jugar con fuego y que se repite a lo largo de los años cada vez que se vuelve a poner en escena, aunque pienso que más veces debería programarse tan hermosa obra que, además, marca un inicio importante en el género.

Pues esta  obra de Barbieri, con libreto de Ventura de la Vega, ha vuelto al escenario del Teatro de la Zarzuela. Y lo ha hecho bajo la dirección escénica de Marina Bollaín, y la musical de Álvaro Albiach. Me ha resultado sorprendente y chocante la visión que tiene Bollaín de esta zarzuela. La sitúa en un estadio de fútbol, concretamente en un pasillo que puede corresponder a una entrada y en una sala de trofeos, planta noble, en la que reconocemos la sala de trofeos del “Bernabéu”. Bueno, se queda uno perplejo porque la idea original sitúa la acción en la época del primer rey Borbón de España, o sea, Felipe V.  Las estancias palaciegas del Retiro son sustituídas por la sala de trofeos. Los locos del final ya no son tan locos sino ultras enloquecidos que hacen pasar las de Caín al estúpido marqués de Caravaca. Marina Bollaín que tiene un curriculum verdaderamente brillante, explica su concepto creativo en Jugar con fuego, tomando como base las distintas clases sociales, el poder del dinero, la mezcla que se puede tener en un estadio de fútbol aunque luego cada uno vuelva a su lugar de origen. También me ha parecido observar algunos guiños a la liberación de la mujer y todo esto es trasladado a nuestra sociedad actual, muchos de cuyos defectos están muy emparentados, como no podía ser menos, con los defectos que aparecen en el libreto original de la zarzuela. Crítica: «Jugar fuego» Teatro Zarzuela

David Lagares y Ruth Iniesta en una escena de «Jugar con fuego» / Foto: Elena del Real.

Pues bueno, hay algunas cosas que me han gustado. Por ejemplo, la escena final con el ridículo Marqués puesto en apuros, esta vez no por los locos sino por los ultra aficionados, que vienen a representar otra forma de locura. También me ha parecido interesante la escena inicial. Bien puede trasladarse el vocerío de los vendedores en la noche de San Juan, a los vendedores que están en la puerta del estadio. Los personajes han quedado más o menos bien retratados. Por ejemplo, el Marqués de Caravaca mantiene su mismo perfil de cretino engreído y con una buena dosis de maldad y cobardía. Paralelo el que dibuja la versión actual respecto al ejemplo original. Por contra el personaje de la Duquesa creo que es tratado de forma muy diferente respecto al modelo original. En la versión del año 1851, la Duquesa es una mujer frívola, con su puntito de aventurera y gusta jugar con los sentimientos del inocente Félix. Para ella es una diversión. Cambiará cuando se da cuenta de que ha jugado con fuego y se ha quemado. En la versión que nos ha ofrecido Bollaín,  el personaje es mucho más rico. Tiene muchos más matices. Si bien conserva algo de su frivolidad y coquetería es cierto que parece que hay una mayor reivindicación de su condición de mujer que exige la libertad a la que tiene derecho. Las desigualdades sociales parecen quedar un poco más atenuadas aunque siguen vigentes. Y al final ocurre como en el modelo original, que se quema por haber querido jugar con fuego, lo que conduce a un final feliz. Crítica: «Jugar fuego» Teatro Zarzuela

El personaje de Félix queda un poco diluído en la presente versión. Más parece un pobre bobalicón que un joven  ingenuo recién venido de su pueblo montañés. El personaje es más rico en matices en la versión original. Aquí queda en una modesta segunda fila, con un disfraz ridículo con el que pienso que se ha querido resaltar la crueldad de las clases dominantes, igual que le sucede a su primo Antonio, otro lugareño que se enfrenta a la artificiosidad de la vida cortesana. El último personaje relativamente importante es el Duque que viene a ser igual que en la versión original aunque vaya vestido de chaqueta y corbata. En definitiva una visión bastante rompedora y que no alcanzo a ver que mejore lo que originalmente se llevó a cabo. Un par de preguntas que muchas veces me formulo ante los nuevos montajes escénicos: ¿Por qué? Y ¿Para qué?.

Ruth Iniesta y José Antonio López en una escena de «Jugar con fuego». / Foto: Elena del Real.

Si bien la parte escénica puede originar muchas controversias y opiniones bien distintas, la parte musical de Jugar con fuego creó una mayor unanimidad puesto que, en líneas generales, el resultado artístico fue bastante positivo. Tengo que destacar, porque creo que es de justicia, la excelente labor que llevó a cabo Álavaro Albiarch, a lo largo de toda la representación. Fue un director muy solvente, estuvo pendiente de los cantantes, supo empastar adecuadamente a la orquesta que sonó con buena afinación y consiguió encontrar toda la riqueza tímbrica que Barbieri sabe dar al elenco orquestal. Sonó bien, segura y musical la cuerda y los metales y las maderas tuvieron el sonido adecuado. Y en una obra donde tanta importancia tiene la orquestación la labor desarrollada en el foso del Teatro de la Zarzuela, merece los mayores elogios. También tienen protagonismo los coros en una obra donde se dan la mano todos los elementos del teatro musical. Una vez más destacó la labor que con tanto éxito viene realizando Antonio Fauró. El coro sonó empastado, con buenas y bellas voces colaborando al buen éxito artístico de la representación. Dos elementos fundamentales: orquesta y coro que siempre merecen el elogio por la labor bien hecha.

En el capitulo vocal creo que es de justicia resaltar sobre todas las actuaciones la que llevó a cabo la soprano Ruth Iniesta, espléndida en todo momento. Voz muy bonita, bien timbrada, cálida y envolvente a pesar del registro ligero. Afinación perfecta y una seguridad admirable en el registro agudo que no pierde en ningún momento la necesaria musicalidad. El registro medio es hermoso, de timbre irreprochable y transmite esa calidez a la que antes me he referido. En todo momento estuvo a una gran altura vocal pero donde brilló con mayor intensidad fue en la famosa romanza “Un tiempo fue que en dulce calma”, en el tercer acto donde cantó primorosamente, con un buen gusto y un apasionamiento que despertó una enorme cantidad de aplausos, bravos y ovaciones. También estuvo a gran altura en los dúos y en todo momento, dándose además la circunstancia de que saber actuar muy bien. Un verdadero regalo. Crítica: «Jugar fuego» Teatro Zarzuela

Alejandro del Cerra y figurantes en una escena de «Jugar con fuego». / Foto: Elena del Real.

El tenor Alejandro del Cerro  dio vida al entrañable personaje de Félix. Tiene una voz de lírico ligero con gran facilidad en los agudos que resultan brillantes y nunca forzados. Canta con gusto y actuó bien con las limitaciones que la nueva visión del personaje lleva aparejadas. Estuvo seguro en la afinación y cantó con gusto. El barítono José Antonio López tiene una bonita voz, bien timbrada y que es amplia y generosa en el registro central. Canta con gusto aunque a veces tiende a dar un excesivo énfasis a algunas frases lo que repercute un tanto desfavorablemente en el conjunto de sus intervenciones. Estuvo afortunado y muy profesional. Tiene además una buena calidad interpretativa y supo dar a su personaje ese aire jactancioso, ridículo y poco simpático con el que el libretista lo ha descrito. Buena la actuación del bajo David Lagares, actuación llena de mesura y contención, con una voz vibrante y segura y con un timbre especialmente grato.  Manuel de Diego cantó primorosamente en el número “Suelta, pícaro sastre….  Yo no soy sastre soy de los vuestros” donde la comicidad del momento no fue obstáculo para que cantara con buena voz y con excelente gusto. El resto del reparto lo integraban Javier Povedano como uno de los ultras aficionados. Y con estilo y una gran elegancia Zaira Montes dando vida a la Condesa de Bornos.

El público aplaudió satisfecho y pudimos, después de más de veinte años, deleitarnos una vez más con la espléndida partitura que ideara Francisco Asenjo Barbieri. Crítica: «Jugar fuego» Teatro Zarzuela


Madrid (Teatro de la Zarzuela), 25 de marzo de 2026.  Jugar con fuego

Elenco: Ruth Iniesta, Alejandro del Cerro, José Antonio López, David Lagares, Manuel De Diego, Zaira Montes, Javier Povedano.

Dirección de escena: Marina Bollaín.   Dirección musical: Álvaro Albiach.

Orquesta de la Comunicad de Madrid. Coro titular del Teatro de la Zarzuela.