Crítica: «Julieta y Romeo», de Mats Ek, por el Real Ballet de Suecia, en el Teatro Real

OW                               Crítica: «Julieta Romeo» Ek Real                  Por Cristina Marinero

Todas las entradas vendidas la noche de estreno, el jueves 7 de mayo, para ver este gran ballet del coreógrafo sueco protagonista de los escenarios desde los años ochenta, Mats Ek (Suecia, 1945), uno de los autores más importantes del mundo en el terreno del ballet contemporáneo con sus famosas versiones de Giselle, El lago de los cisnes o Carmen entre sus principales títulos. Crítica: «Julieta Romeo» Ek Real

Hasta el domingo 10 de mayo, el Teatro Real ofrece Julieta y Romeo por el Real Ballet de Suecia, una creación encargada al genial coreógrafo en 2013 para celebrar su 240º aniversario. Es ésta una de las compañías de ballet más antiguas del mundo, fundada en 1773 por el rey Gustavo III y la más grande de Suecia, dedicada a ofrecer la creación y el desarrollo del ballet clásico, a través de sus grandes títulos de la tradición, así como de obras contemporáneas y actuales. Crítica: «Julieta Romeo» Ek Real

Miembros de la compañía del Real Ballet de Suecia / Foto: J. del Real

Hasta el momento, su director es el que fuera estrella de la Opera de París, Nicolas Le Riche, quien asumió el cargo en otoño de 2017, si bien deja esta temporada su puesto en manos del sueco Anders Hellström, que vuelve a la compañía después de cuarenta años desde que fue bailarín en ella, en los ochenta. Su opinión sobre esta coreografía del maestro Ek no puede ser más certera, “es un clásico moderno que siempre me conmueve profundamente. Sus coreografías se caracterizan por la cotidianidad, la calidez y una fuerte sensación de reconocimiento”, asegura.

Protagonizada por Kaho Yanagisawa (Julieta) y Julien Keulen (Romeo), este ballet ha levantado a una gran mayoría de espectadores de las butacas en sus saludos finales, extendiéndose los aplausos durante varios minutos, acompañados por aclamaciones. Sobre todo para los citados artistas principales. Qué maravilla de interpretación, técnica, ductilidad de movimiento, ambos. Sobre todo en los dos pasos a dos que protagonizan en cada uno de los dos actos de los que se compone esta versión de Ek.

Kaho Yanagisawa (Julieta) y Julien Keulen (Romeo) / Foto: J. del Real.

La Orquesta del Teatro Real en el foso, dirigida por Nir Kabaretti, ofreció una estremecedora interpretación de las piezas de Tchaikovsky sobre las que ha coreografiado Ek el ballet. Entre otras, la Sinfonía nº 5, La tempestad o la Suite nº3, famosa ésta por la coreografía que realizó Balanchine sobre ella, su famoso Tema y variaciones.  Porque Mats Ek no quiso realizarlo sobre el famoso (y maravilloso) ballet compuesto por Prokofiev, ya que su madre, la pionera coreográfica sueca del siglo XX, Birgit Cullberg, había realizado su creación sobre él, además de buscar un tapete menos estructurado en escenas y dramaturgia.

Consigue, por supuesto, el coreógrafo -cuya musa en la escena y la vida fue (y todavía es) la española Ana Laguna, ya retirada de la escena, activa como repetidora y para quien fue creado el papel de Nodriza en esta obra- ofrecernos un nuevo mundo de sonidos sobre el que nos cuenta exactamente el drama de Shakespeare que todos conocemos, liberado, eso sí, del corsé que podría haber sido para él la composición de Prokofiev. Y, muy importante, su narración es absolutamente con el movimiento. Con sus personales arabesques, para los que el cuerpo se alinea con la pierna. Con su forma única de demostrar el lamento, esos brazos paralelos estirados hacia abajo, bien saltando o en caminata, y el torso erguido que pide comprensión; o sus saltos, ya en perfecto grand jeté o desdibujado en attitudes para darle otro cáriz a la expresión del bailarín. Crítica: «Julieta Romeo» Ek Real

En el suelo, Daniel Norgren-Jensen (Mercutio) y Daniel Goldsmith (Tybalt) / Foto: J. del Real

Si todo Julieta y Romeo es un espectáculo de cómo narrar solamente a través de la danza, con bailarines perfectamente entrenados en la técnica clásica que aquí se dejan moldear por el coreógrafo, su segundo acto es de una perfección absoluta. Y más cuando descubrimos cómo realiza el desenlace Mats Ek. Ah, por eso Julieta encabeza el título, porque es quien tiene que rebelarse, quien se encara a los suyos para defender su amor… 

Junto a los citados protagonistas, que recibieron los bravos del público por su impecable interpretación de los dos jóvenes enamorados, destacaron Daria Ivanova (Madre de Julieta) y Dawid Kupinski (Padre), en sendas interpretaciones de altura, además de cualidades técnicas máximas, junto a Gunilla Hammar (Nodriza) y Daniel Norgren-Jensen, como Mercutio.