Crítica: Junior Ballet de la Ópera de París en Veranos de la Villa

Por Cristina Marinero Crítica: Ballet París Veranos Villa

Es la primera vez que un artista de la danza dirige uno de los festivales más importantes de España y que no está dedicado solo a este arte. Joaquín de Luz se ha estrenado este año como flamante responsable de los Veranos de la Villa de Madrid, tras la irresponsable, y fuera de sentido común, decisión del Ministerio de Cultura y de su directora del Instituto Nacional de las Artes y de la Música de no renovarle el contrato en 2024 como director de la Compañía Nacional de Danza (CND). Eso sí, Marta Rivera de la Cruz, Delegada de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, estuvo rápida en decidir que el internacional madrileño fuese nombrado director de este evento estival que se extiende del 7 de julio al 24 de agosto. Crítica: Ballet París Veranos Villa

El Ballet Junior de la Ópera de París / Foto: © Madrid Destino

 

Joaquín de Luz había conseguido apuntalar los pilares para el clásico y el neoclásico de la Compañía Nacional de Danza, que es lo que necesitamos, enfocando sus años como director en continuar la senda retomada por José Carlos Martínez con éxito. Ahora, ambos estrellas de la danza han vuelto a unir su altura de miras para este arte y de Luz ha programado en Veranos de la Villa dos actuaciones del Junior Ballet de la Ópera de París, nueva formación joven dentro del Ballet de la Ópera de París que dirige desde 2022 José Carlos Martínez, tras ser seleccionado para el importante cargo con que volvió a la excelsa compañía donde fue uno de sus étoile durante quince años.

En mayo de 2024, la Ópera de París anunció la creación de su Ballet Junior dentro de su estructura, proyecto que Martínez presentó en su memoria para ser director. Esta nueva compañía, compuesta por jóvenes artistas de entre 18 y 23 años, visita por primera vez España, en Veranos De la Villa, con un merecido éxito. Con estas actuaciones, además, el Joven Ballet ha ofrecido el talento de dos bailarines españoles elegidos para esta formación, Jaime Almaraz Beltrán y Santiago Sales Manzanera. A la salida, supimos como añadido que el también joven Alejandro Tino Baudesson, hijo de dos bailarines que ya son historia de la danza clásica de España, Hans Tino y Mar Baudesson, ha sido seleccionado para incorporarse a la compañía “madre», el Ballet de la Ópera de París, donde ya está contratado.

El programa que ofreció el Junior Ballet de la Ópera de París en la noche del 29 de julio puede ser definido como un breve, aunque jugoso, recorrido por la coreografía neoclásica de las últimas décadas. Didáctico y estupendamente interpretado, comenzó con el ya eterno Allegro Brillante, de George Balanchine, sobre el Piano Concerto No. 3, de Tchaikovsky, estrenado en 1956. Eran los años cincuenta, los que empezaron a ser gloriosos para el New York City Ballet con cada estreno que presentaba quien fuese el último coreógrafo de los Ballets Russes de Diaghilev. Allegro…es puro Balanchine, un emblema de su estilo y distinción. El coreógrafo que terminó de catapultar a Stravinsky al mundo menos melómano definió este ballet como un ensayo sobre el vocabulario de la danza clásica y así lo refrenda quien fuese una de sus esposas y primera bailarina, María Tallchief, en documentales sobre el genio: en los trece minutos que dura la pieza, el gran coreógrafo ruso-americano volcó todo su saber sobre ballet clásico. Crítica: Ballet París Veranos Villa

El Ballet Junior de la Ópera de París / Foto: © Madrid Destino

Le siguió otro clásico, con base en la danza académica aunque libertades más contemporáneas, firmado por Maurice Béjart. Su Cantata 51, sobre la composición de Bach, es otra joyita de la historia de la coreografía. Estrenada en 1966, tiene momentos en los que parece heredera del Apolo de Balanchine, por su vestuario y relación del bailarín principal con las bailarinas, si bien el toque Béjart –cercano en formas geométricas a sus solos orientales- lo subrayaron como “marca de la casa” Béjart. 

Anabel López Ochoa, la coreógrafa belga-colombiana que vive en Amsterdam, firma Requiem for a Rose, creado sobre piezas de Schubert y Almar Kok. Originalmente creado para el Pensilvania Ballet, en 2009, viste a ellos y ellas igual, con falda rojo-granate cuyo vuelo extremo hace que el escenario sea dibujado por las curvas y círculos de sus volantes. López Ochoa es famosa por su ballet Frida, encargo de Tamara Rojo para el English National Ballet –que ya ha llevado la española al San Francisco Ballet que dirige con éxito-, y ya figura entre los nombres principales de la coreografía neoclásica contemporánea internacional. El cierre de la representación fue a cargo del ballet de José Carlos Martínez Mi favorita, que también bailó la Compañía Nacional de Danza desde 2017. Este divertimento sobre música de Donizetti es el ballet idóneo para terminar con chispa y humor una velada que ha contenido mucha seriedad en cuanto al nivel coreográfico de los autores presentados y correspondido por la calidad de los jóvenes bailarines del Junior Ballet que muestran una técnica férrea y un saber estar en el escenario adulto. Bravo por esta iniciativa de José Carlos Martínez y por Joaquín de Luz al ofrecérnoslo en Madrid, en sus primeros Veranos de la Villa como director.  


Madrid (Centro Cultural Conde Duque), 29 de julio de 2025.  Veranos De la Villa. Ballet Junior de la Ópera Nacional de París. Director: José Carlos Martínez. Programa:
Allegro Brillante: G. Balanchine / P. I. Chaikovski
Cantanta 51: M. Béjart / J. S. Bach
Requiem for a Rose: A. López Ochoa / F. Schubert y Almar Kok
Mi Favorita: J. C. Martínez / G. Donizetti