Crítica: «La fille du régiment», Morley y Brownlee en el Met

Por Carlos J. López Rayward

La reposición de La fille du régiment de Donizetti en la Metropolitan Opera siempre es una oportunidad para disfrutar del buen belcanto y de un compositor que siempre llena el teatro. La célebre producción de Laurent Pelly —tan eficaz en su humor como ingeniosa en su estética— sigue ofreciendo un marco visual delicioso, en el que el espíritu francés del opéra comique se mezcla con la exuberancia escénica del Met.

Sandra Oh y Erin Morley en "La Fille du Régiment." Foto: Karen Almond / Met Opera
Sandra Oh y Erin Morley en «La Fille du Régiment.» Foto: Karen Almond / Met Opera

Una dirección musical precisa y amable

 Bajo la dirección musical de Giacomo Sagripanti, la partitura de Donizetti sonó viva, compacta y perfectamente acompasada al ritmo teatral, desplegando una ligereza bien entendida y una complicidad constante con los cantantes. Sagripanti condujo a la orquesta con un pulso firme, de tempi ágiles y fraseo flexible, cuidando la claridad de las texturas y ofreciendo un acompañamiento amable y espacioso.

Su lectura, sin pretensiones de reinventar el estilo, destacó por su coherencia y buen gusto, logrando una fluidez narrativa que se agradece en un título donde la acción y el canto se entrelazan con tanta naturalidad. Su generosidad con los cantantes le hizo perder color y homogeneidad en la línea, pero se hizo en todo caso a favor del canto. El coro, preparado por Tilman Michael, respondió infalible, con gran precisión y entusiasmo, especialmente en los concertantes, aportando brillo a una nueva noche de buena ópera en Nueva York.

Lawrence Brownlee en "La Fille du Régiment." Foto: Karen Almond / Met Opera
Lawrence Brownlee en «La Fille du Régiment.» Foto: Karen Almond / Met Opera

Los protagonistas: luces y sombras

En el papel de Marie, la lírico-ligera Erin Morley desplegó su habitual elegancia vocal, una afinación impecable y un admirable dominio de las agilidades. Su canto se distingue por la limpieza y la inteligencia musical, y en este sentido, su interpretación fue siempre controlada y pulcra. Sin embargo, el tamaño de su instrumento, pequeño para un teatro de las dimensiones del Met, limitó el alcance dramático de su caracterización. En los grandes finales donizettianos, donde el brillo vocal debe traducirse también en expansión emocional, su voz se mostró algo insuficiente para alcanzar la plenitud de la joven heroína.

El tenor Lawrence Brownlee, por su parte, encarnó a un Tonio de encomiable presentación y presencia escénica. Actor creíble y simpático, su canto se mantuvo siempre dentro del más estricto canon belcantista: buen fraseo, línea cuidada y agudos seguros y bien colocados. Su “Ah! mes amis”, con sus célebres nueve does de pecho, desató la esperada ovación del público, aunque la breve aclamación inicial no justificaba quizá el bis que siguió, más por costumbre que por verdadero fervor. Este tipo de bises automáticos, alentados por la propia casa, terminan por restar excepcionalidad a un gesto que debería reservarse a noches verdaderamente memorables. Y si de comparar se trata, la pirotecnia vocal de Javier Camarena en 2019 continúa siendo, a nuestro juicio, insuperada.

Peter Kálmán y Erin Morley en "La Fille du Régiment." Foto: Karen Almond / Met Opera
Peter Kálmán y Erin Morley en «La Fille du Régiment.» Foto: Karen Almond / Met Opera

La veterana Susan Graham aportó toda su experiencia y encanto escénico a la Marquesa de Berkenfield. Su instrumento, ya menguado, apenas logra hoy imponerse en los conjuntos, pero su porte y su inteligencia teatral mantienen intacto su magnetismo. El público la acogió con el respeto y la admiración que merece una auténtica dama de la ópera. El bajo-barítono húngaro Peter Kálmán compuso un Sulpice rotundo, de voz rocosa y bien proyectada, rebosante de humor sin caer en el exceso. Su presencia, equilibrada entre lo cómico y lo tierno, dio un contrapunto humano a la ligereza del conjunto. Esperamos verlo más a menudo en el Lincoln Center.

Por su parte, tanto Paul Corona como Yohan Yi fueron lucidos comprimarios, en papeles que exigen gran atención, atino vocal y desparpajo escénico. El cameo de la célebre actriz de cine Sandra Oh, como Duquesa de Krakenthorp, fue recibido con gran simpatía por parte del público, aunque su aportación artística fue discreta. Su intervención, más circunstancial que inspirada, no hizo justicia a la gran expectativa generada.

usan Graham y Erin Morley en "La Fille du Régiment." Foto: Karen Almond / Met Opera
Susan Graham y Erin Morley en «La Fille du Régiment.» Foto: Karen Almond / Met Opera

Aunque sin grandes sorpresas, La Fille du régiment del Met conserva su encanto original gracias al ingenio de Pelly y a la vitalidad musical de Sagripanti. La reposición se sostuvo por la profesionalidad del elenco y el buen pulso orquestal, con la presencia de artistas capaces de crear afición. Hubo momentos de gracia y frescura, aunque también cierta sensación de rutina, de espectáculo eficaz más que verdaderamente inspirado. En cualquier caso, la alegría donizettiana volvió a llenar el Met, y eso, en sí mismo, ya es motivo de celebración.

OW


★★★★☆

Metropolitan Opera de Nueva York, a 23 de octubre de 2025. La fille du régiment, ópera en dos actos de Gaetano Donizetti con libreto de Jules-Henri Vernoy de Saint-Georges y Jean-François-Alfred Bayard.

Oquesta y Coro de la Metropolitan Opera. Director: Giacomo Sagripanti, Producción: Laurent Pelly, Diseño escénico: Chantal Thomas, Diseño de vestuario: Laurent Pelly, Iluminación: Joël Adam, Coreografía: Laura Scozzi, Diálogos: Agathe Mélinand, Reposición escénica: Gregory Keller, Director del coro: Tilman Michael

Reparto: Erin Morley, Lawrence Brownlee, Peter Kálmán, Susan Graham, Paul Corona, Sandra Oh, Yohan Yi, Stephan Varnier, Remy Martin.