Por Natan González Crítica: forza destino» Bilbao Opera
La edición nº 74 de ABAO Bilbao Opera ha comenzado con nuevas funciones de la popular ópera de Verdi La forza del destino, representada por última vez en esta organización 12 años atrás, en noviembre de 2013, en pleno “Tutto Verdi”. Concluido dicho proyecto hace pocos años, “Forza” es de las primeras óperas del compositor de Busseto en ser representadas de nuevo, demostrando así su gran popularidad. Eso sí, como en aquella ocasión, se ha vuelto a elegir la versión final de 1869 de La Scala en lugar de la original rusa de 1862, privándonos así de la opción de conocer más en profundidad una ópera tan popular.

La puesta en escena de Ignacio García es la misma que ya pudimos ver doce años atrás, y ambienta la acción durante la Guerra Civil española, pero se queda en la superficie: quiere, sin duda, reflejar una crítica a la guerra, pero ni la destrucción ni las ejecuciones insertadas en la acción ayudan a despertar las emociones del espectador. Detalles como ver a Curra portando una gran maleta de viaje delante del marqués de Calatrava (revelando así incluso a la mente más obtusa la intención de fuga de su hija), el duelo entre Alvaro y Carlo del tercer acto, en el que ambos se apuntan con sus pistolas durante un minuto sin disparar, o la sustitución del duelo final entre ambos por la ejecución de Carlo a manos del protagonista no ayudan a dar credibilidad a una historia ya de por sí difícil de seguir. La escenografía de Tiziano Santi divide el escenario en dos niveles que suben y bajan durante la acción: uno inferior, que simula ser un hospital de campaña en las trincheras, y otro superior, donde transcurre la mayor parte de la acción con muy poco cambio escénico, siendo la parte más lograda la escena del palacio del marqués de Calatrava del primer acto. Correctos el vestuario y muy adecuada la iluminación, especialmente en el final del segundo acto.
La Orquesta Sinfónica de Euskadi fue dirigida con buen pulso por Lorenzo Passerini, que firmó una dramática versión de la obertura y continuó con buen ritmo, aunque por momentos con exceso de volumen, lo que llegaba a afectar a los solistas (véase, por ejemplo, el final del “Pace, pace, mio Dio”, donde Solís llegó a tener problemas para superar la enorme barrera orquestal). El Coro de la Ópera de Bilbao lució el mismo más que notable nivel que viene demostrando en los últimos años, y solo cabe esperar que el recién llegado nuevo director de la entidad, Esteban Urzelai, mantenga el listón en los próximos títulos.

De entre los comprimarios, Fernando Latorre (alcalde), Marifé Nogales (Curra) y Gillen Munguía (Trabuco), todos ellos de medios sobrados para sus breves papeles, supieron a poco, y solo cabe esperar poder disfrutarlos en papeles de más enjundia en próximos compromisos. Ketevan Kemoklidze fue una Preziosilla de gran desparpajo escénico y solvencia vocal, quizá un tanto desigual entre registros, pero de volumen suficiente, teniendo en cuenta la nefasta acústica del Euskalduna. Luis Cansino, quizá el mejor de la noche, fue un Melitone de gran gracia escénica, emisión impecable y voz torrencial que se hacía oír incluso cuando cantaba de espaldas al público. Manuel Fuentes se hizo cargo del doble cometido de cantar al marqués de Calatrava y al padre guardián; como marqués estuvo sobrado de medios, pero a su padre guardián le faltó una mayor rotundidad y graves más sonoros, además de omitir algún agudo en la escena final del segundo acto. Es joven todavía, y es de esperar que en el futuro su voz consiga la presencia que todavía le falta.

Juan Jesús Rodríguez dio una lección de canto verdiano con su Carlo, de timbre oscuro y dramático, pero rico en matices, con desparpajo en su “Son Pereda” y con toda esa montaña rusa de emociones que todo buen barítono debe demostrar en el “Morir, tremenda cosa”, desde los remordimientos hasta el odio vengativo más cruel. Angelo Villari, como Álvaro, lució una voz grande, voluminosa, de timbre broncíneo, que destacó más por el lado heroico que por el nostálgico. Estuvo así correcto de acentos en el “La vita è inferno”, aunque no le habría sobrado un mayor lirismo y recogimiento. Destacó más en los dúos con el barítono, cuando podía sacar su lado más dramático, pese a que algún agudo sonara un tanto apurado. La Leonora de Carmen Solís fue esencialmente lírica, luciendo un amplio legato en “La vergine degli angeli”, cantada con mucho gusto, así como en el final de la ópera, haciendo un buen uso de los reguladores, pero no se quedó atrás en los momentos más dramáticos, con un impactante final en el “Pace, mio Dio”.
Los aplausos finales demostraron el éxito de la función. Pero el aforo, con bastantes más huecos en el auditorio Euskalduna que en las últimas óperas de la pasada temporada, parece demostrar que la creencia de que los títulos más populares son los que llenan el aforo, y que es, por tanto, lo que hay que programar frente a títulos menos conocidos (premisa en la que parece basarse la presente temporada), puede ser errónea.
OW Bilbao (Palacio Euskalduna), 28 de octubre de 2025. La forza del destino Crítica: forza destino» Bilbao Opera
Dirección musical: Lorenzo Passerini. Dirección de escena: Ignacio García
Elenco: Carmen Solís, Angelo Villari, Juan Jesús Rodríguez, Ketevan Kamoklidze, Luis Cansino, Manuel Fuentes, Marifé Nogales, Fernando Latorre, Guillen Munguía. Crítica: forza destino» Bilbao Opera













