Crítica: «La Revoltosa» conquista al público en Santander

OW   Crítica: «La Revoltosa» Santander                                               Por Paulo Silva

La vigencia festiva del género chico

El denominado género chico —esa forma breve de zarzuela que cristaliza en el último tercio del siglo XIX— es, en realidad, mucho más complejo de lo que su aparente ligereza sugiere. Vinculado a un tiempo histórico muy concreto, el del umbral de la modernidad, surge en una España que ha dejado de proyectarse hacia ultramar y comienza a mirarse a sí misma. En ese repliegue, lo cotidiano adquiere categoría estética: la vida de barrio, los patios de vecindad, las tensiones domésticas y los afectos inmediatos se convierten en materia dramática.

En este contexto se inscribe La Revoltosa, con música de Ruperto Chapí y libreto de José López Silva y Carlos Fernández Shaw. Obra paradigmática del género, comparte horizonte temporal con el verismo italiano de Giacomo Puccini, Pietro Mascagni o Ruggero Leoncavallo, aunque su mirada no se dirige a las grandes tragedias, sino a la intrahistoria madrileña. No es exagerado afirmar que el género chico constituye una forma temprana de música urbana: un folklore de ciudad, castizo y vivo, que late en el bullicio de las corralas.

Una escena de «La Revoltosa» en el Palacio de Festivales de Cantabria / Foto: Miguel de Arriba : SRECD

Desde el primer compás, el inspirado y célebre preludio levanta el vuelo —real y simbólico— de la obra. En él, Chapí condensa la esencia dramática de la pieza: la pasión, los celos, la tensión amorosa que atraviesa este episodio de un verano madrileño. Ese arranque, de notable aliento sinfónico, no solo introduce la acción, sino que la anticipa con admirable eficacia, situando al espectador en ese microcosmos vecinal donde cada gesto tiene resonancia colectiva.

La propuesta escénica de Federico Figueroa se decanta por una estética reconocible y eficaz. La escenografía de Jesús Cordón —una corrala—, quizá algo empequeñecida en la amplitud del escenario del Palacio de Festivales de Cantabria, resulta sin embargo plenamente funcional, articulando con soltura las transiciones sin quebrar la coherencia visual. El vestuario de Leticia López, de vivo colorido y relativa fidelidad histórica, acentúa el carácter castizo y festivo de la obra. Por su parte, la iluminación, firmada por José Gallego, aun con alguna imprecisión puntual, sabe subrayar con eficacia tanto los resortes cómicos como los pasajes de mayor lirismo y carga emocional. Las coreografías de Mary Carmen Sereno, concebidas como oportuno aderezo para las piezas añadidas de La Gran Vía y el número de guajiras, participan de ese casticismo deliberado —para algunos, de aroma añejo— que, lejos de restar eficacia, conecta con el público y se traduce en entusiastas aplausos. En conjunto, la dirección de actores se muestra sólida, especialmente en los números cómicos y en el brillante conjunto inicial, bien resuelto en ritmo y dinámica escénica.

Rocío Ignacio como Mari Pepa / Foto: Miguel de Arriba – SRECD

La dirección musical de la maestra Lara Diloy resultó especialmente destacable. Su lectura supo otorgar protagonismo al tejido orquestal sin descuidar el acompañamiento a las voces, logrando un equilibrio poco frecuente en este repertorio. La orquesta Oviedo Filarmonía respondió con más que solvencia, desplegando la ligereza, la chispa y la frescura características de la escritura de Chapí, sin renunciar a su sustrato sinfónico. El preludio —en una versión espléndida— y el dúo de Felipe y Mari Pepa alcanzaron un notable vuelo lírico, mientras que la célebre romanza «Yo me vi en el mundo desamparada», interpolada desde El juramento, adquirió aquí un carácter casi operístico de gran belleza expresiva. Especial mención merece el terceto de las vecinas, recientemente recuperado, que evoca con gracia y vivacidad a las comadres del Falstaff de Giuseppe Verdi. Asimismo, la inclusión de números de La Gran Vía —como «Caballero de Gracia» o el «Chotis del Eliseo»— fueron tratada con detalle y sentido estilístico, integrándose con naturalidad en el conjunto.

César San Martín y Rocío Ignacio / / Foto: Miguel de Arriba – SRECD

El elenco vocal, dotado de buena proyección y carácter, ofreció una interpretación clara y comunicativa. La dicción resultó en general cuidada y en lo actoral el conjunto brilló por una vis cómica cálida y bien transmitida, sosteniendo con eficacia tanto el desarrollo narrativo como la intensidad dramática. El barítono César San Martín, debutante en el personaje de Felipe, brilló con su bien timbrada voz que maneja con soltura y una interpretación matizada del personaje. También debutando el personaje, la soprano Rocío Ignacio compuso una espléndida Mari Pepa en lo actoral y solvente en lo vocal, con  elegante fraseo y un vibrado ancho que da cierto calor a su interpretación. Fue muy aplaudida en la romanza de El juramento y ambos el famoso dúo entre ambos.

Fresca y muy bien cantada la Soledad de la joven soprano Lucía Beltrán, que interpretó con viveza la Guajira y el añadido Chotis del Eliseo, haciendo buena pareja con el caricato Atenedoro de Luismel Guerra, tenor de limitado caudal sonoro pero de fina dicción. La pareja formada por Pilar Tejero (Encarna) y Alberto Porcell (Tiberio) se mostró como solventes cantantes-actores y la joven Martina Feito hizo un chispeante Chupitos. Mención especial para los tres veteranos artistas que dieron cátedra de como hacerse con el público desde la primera frase: Milagros Martín como Gorgonia, Polo Falcón como Cándido y José Luis Gago como el señor Candelas. El Coro Lírico de Cantabria destacó por su empaste y ductilidad, contribuyendo de manera adecuada a la fluidez escénica.

Una escena de «La Revoltosa» / Foto: Miguel de Arriba – SRECD

Esta Revoltosa presentada por Palacio de Festivales de Cantabria se disfrutó con agrado y complicidad: es una propuesta respetuosa con la tradición y, a la vez, abierta a nuevas lecturas, con música de la buena y muy bien interpretada. El público, que llenaba el aforo, aplaudió con entusiasmo casi todos los números y a los artistas que comparecieron en los saludos finales, otorgando a la velada una pátina de celebración colectiva, de auténtica fiesta del género, y dejando en el ánimo ese inconfundible poso de alegría y nostalgia que solo el buen teatro musical sabe suscitar.


Santander (Palacio de Festivales de Cantabria), 25 de abril de 2026   La Revoltosa   Zarzuela en un acto, con música de Ruperto Chapí y libreto de José López Silva y Carlos Fernández Shaw. Crítica: «La Revoltosa» Santander

Dirección musical: Lara Diloy.  Orquesta Oviedo Filarmonía, Coro Lírico de Cantabria (Elena Ramos, directora).

Dirección de escena: Federico Figueroa.  Escenografía: Jesús Cordón.  Iluminación: José Gallego. Coreografía: Mary Carmen Sereno.

Solistas: Rocío Ignacio, César San Martín, Lucía Beltrán, Luismel Guerra, Milagros Martín, Polo Falcón, José Luis Gago, Pilar Tejero, Alberto Porcell, Martina Feito.

Ballet de Mary Carmen Sereno: Maite García, Amaya Sereno, Carmen Fernández, Paula Jiménez, Teresa Molina, Mary Carmen Sereno.

Crítica: «La Revoltosa» Santander