Crítica: «La traviata», protagonizada por Adela Zaharia, en el Teatro Real

Por Federico Figueroa Crítica: traviata» Zaharia Teatro Real

El Teatro Real ha traído, en el cierre de la temporada 2024/25, La traviata en la propuesta escénica firmada por Willy Decker que alcanzó gran popularidad, tras su estreno en Salzburgo en el verano de 2005 que catapultaron las carreras de Anna Netrebko y Rolando Villazón a niveles de estrellas líricas; y con las varias reposiciones que se hicieron, al menos, en Amsterdam (2009), Nueva York (2010, 2014, 2017) y Valencia (2013). Entre otras célebres cantantes que han pasado por el modelo de vestido rojo que utiliza Violetta en la este planteamiento están Natalie Dessay, Diana Damrau, Sonya Yoncheva, Olga Peretyatko y Marina Poplavskaya, entre otras. El Real propone a dos estupendas sopranos, la mediática Nadine Sierra y la menos conocida Adela Zaharia. Crítica: traviata» Zaharia Teatro Real

Adela Zaharia en una escena de «La traviata» / Foto: Javier del Real

El tiempo y el destino articulan la propuesta de Willy Decker (n. 1950), con un gran reloj presidiendo un escenario, único y monocromático, y algunos pocos elementos de atrezzo, como el sofá rojo o los varios color blanco que aparecerán bajo las telas estampadas en el segundo acto tras la pausa. El Dr. Grenvil está presente en la obra casi en todo momento, pareciendo más el Dr. Muerte que no deja en paz a la conciencia de Violetta. La escenografía (Wolfgang Gussmann), despojada de todo ornato y en clave conceptual, es potente y funcional. La iluminación (Hans Toelstede) incide el el poco optimismo general y el vestuario (Gussmann y Susana Mendoza) potencia la masculinidad destructiva en un claro ambiente de prostitución. En general la propuesta no ha perdido su fuerza pero hace falta tener excelentes actores-cantantes que defiendan esa mirada tan aséptica que, si no es bien manejada, puede dejar al espectador ajeno a los hechos y alejado de lo que buscaban los autores: hacernos vibrar de emociones.

En el Teatro Real se han visto varias propuestas escénicas de Decker, desde su apabullante Peter Grimes (1997) hasta el Anillo wagneriano (2002-2004), en coproducción con la Semper Oper, pasando por un desangelado Werther (2011), un inquietante Death in Venice (2014) y la inolvidable visión onírica de Die tote Stadt (2010). Esta última propuesta «deckeriana» también nació en Salzburgo en 2004, un año antes que La traviata que motiva estas líneas, y tuvo una larga vida que le llevó a Viena, Amsterdam, Londres y Barcelona antes de pasar por Madrid. Se vio tantas veces que corre el rumor que el propio Decker la quiere «descatalogada». La última vez que se puso en un escenario fue en 2022, en la Staatsoper de Viena, que es coproductora y posiblemente podrá ponerla tantas veces como lo desee. Quizá sea también el momento de dejar descansar esta Traviata que ya ha dado de sí todo y empieza a dar signos de cansancio. Quizá sería interesante asistir a una nueva propuesta de Decker de esta misma ópera. Crítica: traviata» Zaharia Teatro Real

Iván Ayón-Rivas y Adela Zaharia / Foto: Javier del Real

En esta función, la soprano rumana Adela Zaharia fue quien asumió el personaje de Violetta y lo hizo con un trabajo detallado, tanto en lo musical como en lo actoral, convenciendo como mujer galante y, más tarde, doliente. Fue solvente en el primer acto, con una emocionante escena final de primer acto («È strano! … Ah, forse lui … Sempre libera»), en el que exhibió seguridad en la agilidades y un centro vocal robusto. En el tercer acto, con «Addio del passato», mostró su riqueza en armónicos y su sensibilidad canora. Una suma, una excelente Violetta. En el personaje de Alfredo, el tenor peruano Iván Ayón-Rivas fue un brillante Alfredo, con voz cálida y bien timbrada además de seguro en sus ascensos al registro agudo. Se mostró como fogoso amante de la cortesana aunque con escasa chispa entre ellos. La escena del segundo acto, sobre un sofá blanco y el salto que debe dar desde este hacia Violetta, generó algunas sonrisas por la forma de realizarlo.

En el rol de Giorgio Germont estuvo el barítono polaco Artur Ruciński. Es un buen profesional y completa el personaje con eficacia, pero menguado en la emoción. Con la famosa aria “Di Provenza il mar, il suol” consiguió su mejor momento. En el largo dúo con Violetta se percibió una cierta frialdad que volvió a repetirse en el, supuestamente, emotivo final. En los secundarios, todos bien cumplimentados, destacan en lo vocal y escénico, la mezzosoprano Karina Demurova (Flora) y el tenor Albert Casals (Gastone).

Artur Ruciński y Adela Zaharia / Foto: Javier del Real

En el foso, el barcelonés Francesc Prat realizó una lectura más animada que la de su colega Henrik Nánási (en el foso en la mayoría de las funciones), consiguiendo un volumen orquestal adecuado a las voces que tenía en el escenario y creando atmósferas con tensiones y contrastes adecuados. Prat ha pasado, discretamente, por el foso del Real al frente de funciones de óperas como Das Libesverbot (2016) y Orlando (2023), además de Diàlegs de Tirant e Carmesina (2022) en los Teatros del Canal pero dentro de la programación del Teatro Real.

El público, a pesar de la desbandada en el patio de butacas en cuanto cae el telón, aplaudió con entusiasmo a todos los artistas.


Madrid (Teatro Real), 10 de julio de 2025.    La traviata 

Director musical: Francesc Prat             Director de escena: Willy Decker

Elenco:  Adela Zaharia, Iván Ayón-Rivas, Artur Rucinski, Karina Demurova, Gemma Coma-Alabert, Albert Casals, Tomeu Bibiloni, David Lagares, Giacomo Prestia, Joan Laínez e Ihor Voievodin. Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real. Dirección del coro: José Luis Basso. OW