OW Por Daniel Lara. Crítica: «Les arts florissants» Madrid
Con la enorme sala sinfónica del Auditorio Nacional de Música abarrotada de público, se presentó el afamado conjunto francés Les Arts Florissants dentro del ciclo Universo Barroco que organiza el Centro Nacional de Difusión Musical. Para la ocasión, el director estadounidense, naturalizado francés, Wiliam Christie propuso un doble programa que incluyo, en formato semi escenificado, la pequeña ópera alegórica Les arts florissants, H 487 (1685), y la ópera de cámara La descente d’Orphée aux enfers, H 488” (1686-1687), ambas composiciones de Marc-Antoine Charpentier (1643-1704) uno de los más importantes compositores del Barroco francés, favorito del rey Luis XIV, aunque opacado por la figura de Lully y cuyo redescubriendo se le debe en gran parte a Christie y a su conjunto especializado en música antigua.

El programa inició con Les Arts Florissants, joya operística pocas veces interpretada y a la que debe su nombre la agrupación musical. La ópera, una alegoría sobre el florecimiento de las artes, celebra la estabilidad cultural y política bajo el reinado de Luis XIV. Su argumento refiere a como la Discordia intenta destruir las Artes, la Paz interviene y restaura la armonía, permitiendo que las artes continúen prosperando. El equipo vocal, provenientes de la XII edición de la escuela-academia de canto “Jardin des voix” del propio Christie, tuvo un desempeño muy sólido. En el equipo de las Artes: destacaron las sopranos Camille Chopin (la Música), Sarah Fleiss (la Poesía) por la belleza de sus esmaltes y su bien trabajado canto. La contralto canadiense-estadounidense Sydney Frodshaw (la Arquitectura) deleitó por su graves profundos y aterciopelados. Completó con corrección el equipo de las artes, el contratenor estadounidense Richard Pittsinger (la Pintura). Amenazando con destruirlas, el barítono canadiense Olivier Bergeron (la Discordia) y el bajo colombiano Kevin Arboleda Oquendo (la Guerra) mostraron medios vocales importantes. Destacando con luz propia del conjunto, la soprano croata Josipa Bilić (la Paz) hizo gala de una voz cristalina, flexible y perfectamente conducida. Crítica: «Les arts florissants» Madrid

En la segunda parte, el mismo elenco vocal, ofreció la ópera de cámara barroca La descente d’Orphée aux enfers, una de las primeras adaptaciones francesas del mito griego de Orfeo, mezcla de tradición francesa y expresividad italiana. La ópera narra rápidamente el descenso de Orfeo al inframundo para rescatar a la infortunada Eurídice tras su muerte. Con el final supuestamente perdido o simplemente nunca escrito, esta ópera termina abruptamente cuando Orfeo está a punto de sacar a Eurídice del inframundo, sin el desenlace tradicional con Orfeo mirando atrás y perdiendo a su amada. Vocalmente, quien brilló con luz propia fue el contratenor Bastien Rimondi quien ofreció un impecable retrato del trágico héroe Orfeo con una voz potente, sólida técnica y un canto de gran expresividad y seducción impregnado de sufrimiento por la muerte de su amada. No le fue en zaga, la Eurídice de la soprano francesa Camille Chopin, esposa de Eurídice y víctima de la serpiente, quien extrajo toda la emoción posible de su parte y dio buen contrapunto a su doliente esposo. En el mismo nivel, una grata impresión dejó Kevin Arboleta Oquendo quien concibió un Plutón, la autoridad y severidad del mundo de los muertos, con una voz de bajo lírica y versátil y un canto matizado y de gran autoridad. Obstaculizando la historia de amor, el canadiense Olivier Bergeron le casó chispas a la parte del villano Ticio con su voz lírica, redonda y dúctil. Digna de todos los elogios, la soprano Sarah Fleiss fue una Proserpina, la reina del mundo de los muertos, sin mácula. Un lujo, el contratenor Richard Pittsinger como Ixion, figura del inframundo que ilustra los tormentos y la justicia de Hades. Desde el clave y el órgano, el veterano director William Christie dirigió a sus músicos con sobriedad e impoluto estilo y ofreciendo una lectura una lectura vivaz, llena de energía, contrastante y perfectamente equilibrada entre lo musical y lo teatral.

La danza está muy presente durante todo el espectáculo acentuando o complementando la trama de las óperas. Ligeras, fluidas y cautivantes, las dinámicas coreografías de Martin Chaix y la puesta en escena de Marie-Lambert-Le Bihan y Stéphane Facco sostienen magníficamente el espectáculo donde los cantantes muy implicados en las coreografías se integran perfectamente a la labor de los cuatro bailarines (Tom Godefroid, Claire Graham, Noémie Larcheveque y Andrea Scarfi). La puesta en escena tiene muy logrados y creativos momentos como el de agitar cuerdas rojas simulando las llamas del infierno y los obstáculos que debe superar en el camino a su camada. El vestuario se integra perfectamente a las operas destacando particularmente por su nivel de detalle que permite intuir fácilmente, por ejemplo, a que arte representa cada cantante. Entusiastas ovaciones celebraron esta nueva visita de la agrupación francesa y su director, así como otra exitosa propuesta del ciclo barroco.
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Madrid (Auditorio Nacional de Música), 15 de febrero de 2026. Marc-Antoine Charpentier. Les arts florissants / La descente d’Orphée aux enfers. Centro Nacional de Difusión de Música. Universo Barroco.
Les Arts Florissants. Dirección musical, clave y órgano: William Christie.
Dirección de escena: Marie Lambert-Le Bihan y Stéphane Facco. Coreografía: Martin Chaix.
Elenco: Tanaquil Ollivier, Camille Chopin, Josipa Bilic, Sarah Fleiss, S. Frodsham, Bastien Rimondi, Richard Pittsinger, Attila Varga-Toth, Olivier Bergeron, Kevin Arboleda Oquendo.













