Por María Pardo
Formalmente, podemos decir que Les Indes galantes es una obra compuesta por Jean-Philippe Rameau, uno de los compositores más innovadores del barroco francés, que fue estrenada en 1735 en la Académie Royale de Musique de París, y que combina música vocal, danza y escenografía exótica en un formato característico de la época: la ópera-ballet. La componen un prólogo y cuatro entrées o actos independientes en lugar de mantener una narrativa continua, es decir, cada uno está ambientado en un lugar lejano y cuenta cuatro historias de amor que ponen de manifiesto el contraste cultural desde la perspectiva europea del siglo XVIII. El Teatro Real ha presentado esta gran obre de Rameau en una versión semi escenificada.

Leonardo García-Alarcón, el director musical frente a los treinta músicos que conforman la orquesta Cappella Mediterranea y los veinticuatro coreutas que constituyen la agrupación vocal Choeur de Chambre de Namur, dirigió un barroco vivo que convive con la estética actual de las clases sociales más disconformes y variopintas y que comparte elementos comunes con lo que llamamos happening. Todos los integrantes, incluidos algunos miembros de la orquesta, participaron desde los propios palcos y pasillos de los patios de butaca. Este efecto creado incluía al público en esa esfera expresiva y comunicativa vinculándolo a la complicidad entre artistas. La habilidad de García-Alarcón fue mantener todo el entramado sonoro debidamente coordinado.
En el prólogo que precede a estos cuatro relatos amorosos, la diosa de la Juventud, Hébé, desde el palco real, convoca a sus seguidores para celebrar el amor y los placeres. Bellone, la diosa de la guerra, irrumpe con violencia, y muchos jóvenes abandonan el amor por el combate. Desilusionada, Hébé decide buscar corazones fieles en otras tierras, lo que da paso al tema central de la ópera-ballet: las diferentes aventuras amorosas que tienen lugar en Turquía, Perú, Persia y América del Norte respectivamente. Los diecisiete personajes que conforman esta ópera los interpretan cuatro cantantes: la soprano francesa de coloratura Julie Roset (Amour/Phani/Fatime/Zima) ofreció un voz limpia y flexible, muy pura y siempre bien proyectada, que cortó la respiración del público en el aria de Phani a dúo con la flauta “Viens, Hymen, viens m’unir au vainqueur que j’adore” perteneciente a la segunda entrée; la soprano portuguesa Ana Quintans (Hébé/Émilie/Zaïre/Atalide) con una voz más carnosa, pero igualmente de proyección clara y flexible; el tenor francés Mathias Vidal (Valère/Don Carlos/Tacmas/Damon) orgánicamente involucrado en la propuesta actoral y coreográfica, algo apretado por momentos sin menoscabo de sus intervenciones; y el bajo-barítono alemán Andreas Wolf (Bellone/Osman/Huascar/Ali/Don Alvar) con una voz redonda, potente y con cuerpo a la que, en algún momento, el grave de la partitura le sobrepasó y un vibrato al que le faltó contención.

El compositor Rameau y su libretista Louis Fuzelier presentan visiones idealizadas y fantasiosas de culturas extranjeras, reflejando tanto la fascinación como los prejuicios de la época. Pero en esta versión semiescenificada, bajo la visión de la coreógrafa Bintou Dembélé al frente de su compañía RUALITÉ, las diferentes historias transcurren como una sucesión de encuentros y desencuentros en los que la estética urbana y la coreografía de movimiento krump (cuyo origen está en la calle y se caracteriza por movimientos libres, expresivos, exagerados y de una carga de alta energía que expresa ira, frustración, violencia, protección, lealtades, nobleza, traición,…) cabalgan sobre la música de Rameau como si el libreto fuera un eco lejano en el que se diluye el mensaje de la palabra para que la pulsión de la cultura humana en todas sus latitudes tomen, con igual importancia, el protagonismo de la obra. De este modo, la danza y la expresión corporal toman las riendas de forma trepidante en conjunción con una iluminación que rasga la oscuridad lúgubre del escenario. El diseño de iluminación de Benjamin Nesme está lleno de contrastes y significados manejados desde el artefacto circular que pende sobre los artistas para representar los rayos del sol deslumbrando al público o los destellos de la lava volcánica y los tubos de iluminación led manipulados estratégicamente por los propios artistas desde cualquier parte del teatro.

La ópera culmina en el momento álgido de esta comunión artística que es la “Danse du Grand Calumet de la Paix”, una pieza instrumental muy rítmica y vibrante que representa la danza ceremonial de los nativos americanos junto al dúo final entre Zima y Adario «Forêts paisibles», que celebra la paz y el amor en la naturaleza. Esta es la parte más famosa y celebrada de toda la obra y que el director suizo-argentino Leonardo García-Alarcón, a sabiendas de ello, regala como bis al final de los aplausos y ovaciones de aquellos que se han dejado llevar por la senda de esta atrevida y exitosa propuesta.
Esta producción de Les Indes galantes es valorada no solo por su belleza musical, sino también por la controversia que suscita en torno a la representación desde esta arista sociocultural en el arte barroco. El resultado es que cualquier tipo de público puede disfrutar y vibrar ante semejante contenido de expresión artística, salvo aquellos que han entendido esta presentación conceptual como una “aberración” del barroco.
Madrid (Teatro Real), 28 de mayo de 2025. Les Indes galantes Opéra-ballet en un prólogo y cuatro entrées. Música de Jean-Philippe Rameau (1683-1764). Libreto de Louis Fuzelier. Estrenada en la Ópera de París el 23 de agosto de 1735. Estreno en el Teatro Real (Extreactos). Version semiescénica y coreográfica
Dirección musical: Leonardo García-Alarcón
Dirección de escena y coreografía: Bintou Dembélé
Vestuario: Anaïs Durand Munyankindi. Iluminación: Benjamin Nesme. Dramaturgia. Simon Attab
Reparto: Amour / Phani / Fatime / Zima: Julie Roset Hébé / Émilie / Zaïre / Atalide: Ana Quintans Valère / Don Carlos / Tacmas / Damon: Mathias Vidal Bellone / Osman / Huascar / Ali / Don Alvar: Andreas Wolf
Cappella Mediterranea Choeur de Chambre de Namur












