OW Crítica: «Lucia Lammermoor» Scala Milán Por Bernardo Gaitán
Lucia di Lammermoor continúa siendo una de las máximas expresiones del melodrama romántico, capaz de transformar el conflicto interior en pura materia musical. Estrenada en el Teatro di San Carlo de Nápoles en 1835, la obra maestra de Gaetano Donizetti trasciende la simple tragedia sentimental para ofrecer uno de los retratos psicológicos femeninos más complejos del siglo XIX. Basada en The Bride of Lammermoor (1819) de Walter Scott, la ópera lleva esta tragedia a una dimensión psicológica inédita, convirtiéndose con el paso del tiempo en uno de los títulos más representados del repertorio internacional y en una de las piedras angulares de la historia del Teatro alla Scala. Desde su debut milanés en 1839, el escenario del Piermarini ha acogido más de trescientas representaciones de la obra y ha visto desfilar a algunas de las más grandes intérpretes del papel protagonista: desde Giuseppina Strepponi en el siglo XIX hasta Maria Callas en los años cincuenta, pasando por Joan Sutherland, Renata Scotto, Anna Moffo, Luciana Serra, Edita Gruberová y Mariella Devia, así como, más recientemente, Diana Damrau, Jessica Pratt y Lisette Oropesa. Crítica: «Lucia Lammermoor» Scala Milán
El Teatro alla Scala retomó en este 2026 la producción firmada por Yannis Kokkos realizada en 2023. Un montaje que renuncia a la dimensión ilustrativa de la Escocia romántica tradicional, poblada de castillos góticos, nieblas y paisajes sombríos, para concentrarse en la dimensión psicológica del drama. Kokkos, responsable también de la escenografía y el vestuario, transformó la historia en un universo suspendido, situándola idealmente en un ambiente burgués de los años veinte del siglo pasado, donde la familia Ashton aparece como un organismo cerrado y dominado por tensiones irresueltas.

Una anticipación de la idea creativa acontece en la escena inicial en el bosque, donde se presenta una atmósfera simbólica: Lucia aparece como una presa destinada a sucumbir en una caza psicológica. Ayudan mucho los elementos escénicos -estatuas de perros de caza, trofeos, armas- convirtiéndose en metáfora del destino de los protagonistas. El universo visual encuentra un importante aliado en la iluminación de Vinicio Cheli y en los vídeos de Éric Duranteau, capaces de modelar los espacios vacíos de la escena transformándolos en lugares interiores más que reales, cadal espacio refleja el estado emocional de los personajes. También el vestuario contribuye a esta lectura atemporal: Lucia viste trajes refinados inspirados en la moda de los años veinte, mientras el resto parece sumergido en una dimensión más gris y funebre. La propuesta escénica evita cualquier énfasis romántico tradicional. Crítica: «Lucia Lammermoor» Scala Milán
Al frente de la Orquesta del Teatro alla Scala regresó Speranza Scappucci, primera mujer en dirigir una ópera en este teatro con I Capuleti e i Montecchi en 2022. Su lectura privilegió la teatralidad y la tensión psicológica que rodea a Lucia, aunque esta perspectiva sacrificó parte de la pureza belcantista y del lirismo característico de Donizetti. Algunos tempi excesivamente lentos y pausas innecesarias restaron fluidez al discurso musical, afectando especialmente páginas como el célebre sexteto Chi mi frena in tal momento?. Sus mejores resultados llegaron en los pasajes de mayor tensión dramática, como la obertura, donde la directora ofreció una visión más cercana a la sensibilidad contemporánea. La orquesta respondió con precisión y profesionalidad, destacando el trabajo de metales y maderas en las atmósferas más sombrías y la flexibilidad de las cuerdas en las amplias líneas melódicas. Scappucci utilizó la edición crítica de Gabriele Dotto y Roger Parker. Magnífica fue también la actuación del Coro del Teatro alla Scala, preparado por Alberto Malazzi, quien mostró precisión, homogeneidad y una notable capacidad para integrarse dentro del complejo equilibrio escénico.

El centro de la producción fue Rosa Feola, quien ofreció una Lucia profundamente personal, alejada de los estereotipos tradicionales. Dueña de una voz homogénea, bella y técnicamente impecable, la soprano italiana construyó un personaje de gran fragilidad psicológica, privilegiando la dimensión dramática por encima del mero virtuosismo. Las complicadas agilidades y cristalinas coloraturas surgieron como parte del desarrollo emocional de la protagonista, alcanzando su máxima expresión en la escena de la locura, donde Feola convirtió el célebre pasaje en un intenso retrato de una mente desintegrada. La recuperación de la armónica de cristal en la escena de la locura, cuya sonoridad etérea intensificó el carácter alucinatorio de este momento culminante de la ópera, fue un plus. Igualmente envidiables es el dominio del fiato, la limpieza de la emisión y la solidez técnica confirmaron la madurez artística de la soprano, recompensada con una de las ovaciones más intensas de la velada. Crítica: «Lucia Lammermoor»Scala Milán
Piero Pretti ofreció un Edgardo de sólida vocalidad y convincente presencia escénica, con un timbre luminoso y viril que privilegió la intensidad dramática sobre el lirismo más contemplativo. La voz se proyecta con facilidad en el registro agudo, donde mantiene estabilidad y fuerza. Su Edgardo aparece como un hombre dominado por la pasión, la desesperación y la ira, más que por la melancolía contemplativa. Pretti tiene grande experienca interpretando el rol y se nota en el dominio que evidencia en el escenario. Tras un notable dúo Verranno a te sull’aure, alcanzó sus mejores momentos en la escena final, donde Fra poco a me ricovero y Tu che a Dio spiegasti l’ali estuvieron marcadas por una conmovedora expresividad.
Por su parte, Boris Pinkhasovich ofreció un Enrico Ashton de fuerte presencia escénica y una voz de atractivo color oscuro. El barítono ruso-austriaco construyó un personaje menos cercano al villano tradicional y más vinculado a la lectura psicológica propuesta por Kokkos: un hombre atrapado por el peso del apellido familiar y por la necesidad de conservar el control. Su timbre brunido resulta adecuado para la autoridad del personaje. Pinkhasovich demuestra una notable capacidad dramática en sus escenas principales. En “Cruda, funesta smania” muestra potencia y determinación, mientras que en los conjuntos mantiene una presencia escénica sólida. Michele Pertusi confirmó su maestría en el repertorio italiano con un Raimondo de gran autoridad, refinamiento y profundo conocimiento del estilo donizettiano. Su interpretación, siempre de notable riqueza expresiva, vocalmente sólida en el registro medio y grave y con ligeras dificultades en el registro agudo; alcanzó uno de los momentos más emotivos de la velada en Dalle stanze ove Lucia, donde dotó al personaje de una interesante ambigüedad moral. Su instrumento conserva aún una noble oscuridad tímbrica y una capacidad de modulación que le permite construir un personaje mucho más complejo que un simple mediador religioso.

El breve pero significativo papel de Arturo Bucklaw lo afrontó Leonardo Cortellazzi con gran profesionalidad. Su color es ameno, claro y bien proyectado; cada una de sus intervenciones está cuidadosamente fraseada. Aunque el personaje aparece poco tiempo sobre el escenario, Cortellazzi logra transmitir la inocencia de un hombre convertido en víctima involuntaria del conflicto entre los Ashton y los Ravenswood. Su presencia en el concertato del segundo acto resulta especialmente efectiva. También merecen reconocimiento Paolo Antognetti como Normanno, personaje fundamental como motor inicial de la intriga, y Hyeonsol Park como Alisa, confidente de Lucia, ambos integrados con solvencia dentro de un reparto homogéneo.
Al término de la representación, el público tributó merecidas y calurosas ovaciones a Rosa Feola, así como al resto del elenco. Resultó llamativo, sin embargo, que el teatro no registrara un lleno absoluto, algo poco habitual tratándose de un título que normalmente agota localidades. Es posible que el intenso calor veraniego haya disuadido a parte del habitual público melómano milanés, sustituido solo parcialmente por el numeroso turismo presente en la ciudad. Crítica: «Lucia Lammermoor»Scala Milán
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Milán (Teatro alla Scala), 9 de julio de 2026. Lucia di Lammermoor (Producción 2023)
Director musical: Speranza Scappucci. Maestro de Coro: Alberto Malazzi.
Orquesta y coro del Teatro alla Scala.
Director, escenógrafo y diseñador de vestuario: Yannis Kokkos. Iluminación: Vinicio Cheli. Vídeo: Eric Duranteau.
ELENCO: Rosa Feola, Boris Pinkhasovich, Piero Pretti, Leonardo Cortellazzi, Michele Pertusi, Hyeonsol Park, Paolo Antognetti.











