Crítica: «Luisa Miller» en el Palau de les Arts de Valencia

OW  Por Pedro Valbuena Crítica: «Luisa Miller» Arts Valencia

Luisa Miller ha sido la obra escogida por Mark Elder (1947) para debutar como director de ópera ante el público valenciano, aunque de facto ya se ha puesto delante de la orquesta y el coro en varias ocasiones, siempre con excelentes resultados. Verdi es posiblemente la gran especialidad de Elder, y por ello ha esperado con paciencia hasta que los astros se han alineado antes de empuñar la batuta desde el foso. En Les Arts tan solo tenemos referencias de una Luisa Miller anterior, dirigida nada menos que por Lorin Mazel allá por 2008, y cuyo éxito ha venido renovado y seguramente superado por la función de hoy.

Estrenada en el precioso Teatro San Carlo de Nápoles en 1849, la partitura de Verdi aun destila un regusto belcantista de clara influencia rosiniana, y si se aguza el oído un poco mas, es posible escuchar algún re menor con regusto a Mozart. La tonalidad todavía es un elemento claramente diseñado y los pasajes recitados se pueden diferenciar de las arias con nitidez, uno de los ultimos ejemplos de estructura clásica predominante, y punto y final de la primera etapa creadora del compositor. He de reconocer que, a pesar de lo impactante de la interpretación de anoche, que debería quedar para glorioso recuerdo de la sala, de sus intérpretes y de sus gestores, hubo alguna decisión que me resultó extraña, y que en un principio no me convenció, aunque hacia el final de la velada ya todo me había maravillado lo suficiente como para olvidar mis prejuicios. 

Una escena de «Luisa Miller» / Foto: Miguel Lorenzo y Mikel Ponce

Comenzó la breve e inspirada obertura evidenciando que la disposición de los instrumentos en el foso no era la habitual; la cuerda estaba distribuida de forma un tanto aleatoria, de tal manera que los contrabajos quedaban inmediatamente detrás de la cuerda aguda, alejados de los cellos, y con toda la contundencia sonora de viento y percusión volcada hacia la derecha. Yo, que por mis años he visto todo tipo de propuesta espacial en cuanto a orquestas, sigo estando convencido de que la distribución tradicional es la que mejor resultado da, tanto en las tablas de un auditorio como bajo la escena de la ópera. Seguramente el señor Elder me sepultaría, y con razón,  bajo un aluvión de sólidos argumentos, pero lo cierto es que yo noté una orquesta dispuesta por estratos sonoros, que si bien aportaban transparencia a las texturas, hacía perder empaste y cohesión al conjunto. También pudo esto tener algo que ver con los ligeros desajustes que hubo entre los acompañamientos y las voces, y es que debe de ser muy difícil dar instrucciones precisas en varias direcciones a la vez. Sea como fuere, la orquesta estuvo brillante, afinada, exacta y variadísima en sus matices, si bien algo desmesurada en sus fuerzas y ligeramente desentendida de lo que ocurría arriba. Las instrucciones  de Elder, que se ha autodefinido en alguna ocasión como un “director físico”, se basaron en  su desinhibida gestualidad. Había preparado una versión rayana en la orfebrería, rica en colores y plenamente al servicio de la trama y de la voz, y supo contener a la sinfónica fiera lo suficiente como para que todas esas exquisiteces se pudieran percibir. Se le vio cómodo, feliz diría yo, conduciendo ese rutilante bólido que es la Orquesta de la Comunitat.

Una escena de «Luisa Miller» / Foto: Miguel Lorenzo y Mikel Ponce

La escena propuesta por Valentina Carrasco sitúa la acción en un doble espacio. Abajo una fábrica de muñecas de aspecto ligeramente siniestro, en la que se distribuyen extremidades por doquier, como una especie de casquería de plásticos que contribuye definitivamente a subrayar la crueldad de la situación de la protagonista, a través de una cosificación de la feminidad que llegará al paroxismo mas absurdo en la escena final. En la parte superior se abre una sala suntuosa, que hace las veces de mansión del conde, emulando los despachos que los empresarios solían tener en las antiguas factorías. La estructura portante avanzaba y retrocedía para articular o matizar nuevos espacios, lo cual es siempre de agradecer, si bien los desplazamientos eran lentos y bastante ruidosos. Por seguir sacando peros a una velada que rayó la perfección, decir que en el segundo acto un telón, que debía descender por detrás de un  elemento situado en el centro, se detuvo ligeramente porque los técnicos debieron temer un impacto. Algo parecido ocurrió hacia el final, cuando otro medio telón, que debía subir, descendió primero un par de palmos. No dirán ustedes que no estuve atento. La iluminación de Antonio Castro, en total complicidad con la escenografía de Carles Berga, se constituyó como un elemento decisivo en la generación de la atmósfera opresiva y asfixiante del relato.

Una escena de «Luisa Miller» / Foto: Miguel Lorenzo y Mikel Ponce

El elenco vocal destacó por la calidad del conjunto, si bien deberíamos matizar algunos aspectos. Por encima de todos, estuvo figurada y literalmente el malvado conde Walter, encarnado por el bajo italiano, Alex Esposito, un habitual de Les Arts, que cantó de forma magistral. Su afinación indubitada, el volumen y la redondez de su voz y su capacidad actoral le hicieron brillar de forma indiscutible, por encima incluso de otros nombres que tiraban más del cartel que el suyo propio. Una lección de buen hacer sin cortapisas. Mariangela Sicilia, puso voz a una Luisa verdaderamente excelente. Su timbre fresco y su pasmosa capacidad para regular el volumen a través de un filato casi imposible me impresionaron muy gratamente, si bien noté algún descuadre de metro en su primera intervención, posiblemente porque la dificultad de su parte tropezó con la insistencia de la orquesta, que parece tener criterio propio en algunas ocasiones. El tenor del momento. Freddie De Tomasso, en un afán de brillo un tanto descontrolado se quedó “en brillante” en más de una ocasión, o lo que es lo mismo traducido del lenguaje instrumental, ligeramente alto. A pesar de que tiene un timbre perfecto dentro de su categoría (tenor spinto) y que confirió al personaje un halo medio trágico medio heroico de gran efecto, la verdad es que no me convenció del todo. Aun así tuvo su momento de redondez incuestionable cuando cantó el “Quando le sere al placido”. El inquietante e incómodo tipejo de Wurm estuvo interpretado por Gianluca Buratto de forma muy convincente. Su voz oscura, u oscurecida, y sus dotes actorales contribuyeron a que el personaje cumpliese su cometido a la perfección, y qué difícil es hacer un buen malo. El breve papel de la duquesa fue interpretado por Maria Barakova, que exhibió una voz cálida y bien apoyada. No parecía perder cualidades ni tener mayor dificultad en el gravísimo registro que le demandaba una parte de su intervención, pero en esos momentos Elder debió sujetar un poco mas a los de abajo. El barítono argentino Germán Alcantará dotó de nobleza y presencia escénica al doblegado padre de Luisa. Por su parte, tanto Lora Grigoriva procedente del Centre de Perfeccionament como Antonio Lozano, integrante del coro, tuvieron una excelente actuación, defendiendo la pequeña dimensión de sus papeles en consonancia con la del resto del reparto. El Cor de la Generalitat, que volvió a tener un papel destacado en esta obra, cantó empastado y afinado, y figuró con gran profesionalidad, es decir, como siempre. Crítica: «Luisa Miller» Arts Valencia

Una escena de «Luisa Miller» / Foto: Miguel Lorenzo y Mikel Ponce

Una velada magnífica en líneas generales, a la que yo hubiera quitado el manido recurso de la protagonista que, en vez de morir en escena, coge su maleta y camina hacia la luz. Asimismo eliminaría también la sinfonía concertante para móviles anticuados que me vi obligado a soportar,  y que tanta vergüenza ajena me hizo pasar. Cuando uno tiene la suerte de asistir a los estrenos de un gran teatro de ópera como es el Palau de Les Arts, a menudo sale con la sensación de que lo último que ha visto será difícilmente superable, yo esta tarde tuve esa sensación de nuevo. Una representación que dado el estilo de vida que la postmodernidad impone, olvidaremos inmediatamente, con la avidez de quien ya busca un nuevo estímulo, pero será un olvido inicuo e injusto. Crítica: «Luisa Miller» Arts Valencia


Valencia, 10 de diciembre de 2025. Palau de Les Arts. Luisa Miller de G. Verdi. Director musical, Mark Elder. Directora de Escena, Valentina Carrasco. Escenografía, Carles Berga. Vestuario, Luciano Gutman. Iluminación, Antonio Castro. Miller, Germán Alcántara. Luisa, Mariangela Sicilia. Walter, Alex Esposito. Adolfo, Freddie De Tomasso. Federica, Maria Barakova. Wurm, Gianluca Buratto. Laura, Lora Grigorieva. Campesino, Antonio Lozano. Cor de la Generalitat Valenciana. Orquestra de la Comunitat Valenciana. Crítica: «Luisa Miller» Arts Valencia