OW Por Daniel Lara Crítica: mandarín castillo Barbazul” Madrid
El Teatro Real hizo justicia al presentar por primera vez sobre su escenario la ópera El castillo de Barbazul de Béla Bartók (1881-1945), dentro del espectáculo titulado “La (im)posibilidad de amar”, ideado por el director Christof Loy. En él se integraron otras dos obras del compositor húngaro: el ballet-pantomima El mandarín maravilloso (1926) y el primer movimiento de Música para cuerdas, percusión y celesta (1937). Estrenado en la Ópera de Basilea en 2022, el espectáculo entrelaza estas tres partituras explorando el tema del amor y sus múltiples facetas. La función se abrió con un prólogo en húngaro —originalmente escrito para El castillo de Barbazul y habitualmente omitido— interpretado por el actor holandés Nicolas Franciscus, quien, simbolizando la relación inseparable entre interior y exterior, guió al espectador por ambas historias amorosas. Con un tono idealista, ingenuo y esperanzador, recordó la necesidad de volver a contar las viejas historias y de cómo el arte escénico permite explorar nuestro mundo interior.

En la segunda repetición, antes de la ópera y tras haber participado en el ballet, Franciscus ofreció el mismo discurso, aunque esta vez con un carácter más reflexivo e introspectivo, acorde con el nuevo estado anímico del poeta. Lo mejor de la velada llegó con El mandarín maravilloso, donde Loy —también autor de las coreografías— planteó un espectáculo violento, hipersexualizado y dinámico que, salpicado de breves destellos de ternura, reflejó el clima agresivo y marginal de la acción, así como los sentimientos contradictorios que surgen entre los protagonistas.
El bailarín madrileño Gorka Culebras fue un seductor protagonista de gran potencia expresiva, y la catalana Carla Pérez Mora, una partenaire ideal y sensible como La Joven obligada a prostituirse, quien termina redimiendo, a través del acto amoroso —con el primer movimiento de Música para cuerdas, percusión y celesta como fondo—, al hasta entonces inmortal Mandarín. Magníficos también los vagabundos Nicky van Cleef, David Vento y Joni Österlund, así como el pretendiente libertino de Mario Branco. Muy acertada la intervención de Nicolas Franciscus como el joven pretendiente tímido. Una vez más, destacó la eficaz labor del coro que, desde bambalinas, simuló voces de ultratumba.

La segunda parte del espectáculo funcionó gracias a la entrega de los cantantes, quienes brillaron en la interpretación de la única ópera de Bartók, mostrando sólidos medios vocales y gran compromiso escénico. Como el atormentado y enigmático duque Barbazul, el bajo alemán Christof Fischesser desplegó una voz de notable belleza, línea de canto impecable y legato de cuidada factura. Aunque el timbre no resultó tan oscuro como cabría esperar para el personaje, su interpretación fue convincente y nunca se vio opacada por la densa orquestación. En el rol de Judith, la curiosa cuarta esposa del duque, la soprano alemana Evelyn Herlitzius se movió con soltura en una tesitura implacable que se ajustó perfectamente a sus medios. Exhibió una voz vigorosa, una seguridad deslumbrante en el registro agudo —como demostró en el célebre Do de la quinta puerta— y una intensidad expresiva que hizo de su canto un despliegue de matices. Crítica: mandarín castillo Barbazul” Madrid
Al frente de la Orquesta Titular del Teatro Real, el maestro Gustavo Gimeno ofreció una lectura cautivadora, cargada de tensión y dramatismo, que reveló la riqueza armónica de Bartók y las influencias tanto del nacionalismo húngaro como del simbolismo debussiano presentes en sus obras. Crítica: mandarín castillo Barbazul” Madrid

En el plano escénico, el Teatro Real volvió a confiar en el controvertido Christof Loy, quien firmó su octava producción en la casa. Su propuesta visual, de pretensiones psicológicas y simbólicas, funcionó de forma brillante en el ballet, pero naufragó en la ópera. Mientras que en El mandarín maravilloso la trama, trasladada a la actualidad, resultaba perfectamente comprensible, en El castillo de Barbazul la relación entre los recién casados apenas se vislumbró debido a la pobreza de ideas y la escasa dirección actoral.
Tampoco ayudó la oscura y desangelada escenografía del húngaro Márton Ágh, que ofreció un único espacio —con mínimas variaciones—: un entorno urbano marginal con una vieja cabina telefónica y cabañas sobre pilotes. Si bien resultó funcional para el ballet, la puesta en escena despojada, sin puertas ni cámaras secretas, restó profundidad a la ópera y no aportó claridad a la sangrienta leyenda. Eficaces, eso sí, el diseño de luces de Thomas Kleinstück y el vestuario de Barbara Drosihn, aunque, como suele decirse, una golondrina no hace verano.

Una parte considerable del público abandonó la sala tras la primera mitad del espectáculo; quienes resistieron hasta el final aplaudieron con entusiasmo a los intérpretes, pero manifestaron su descontento con la puesta en escena de Loy, que cosechó un nuevo y sonoro abucheo en el Teatro Real.
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Madrid (Teatro Real), 2 de noviembre de 2024. Béla Bartok El mandarín maravilloso / El castillo de Barbazul. Nueva producción del Teatro Real en coproducción con el Theater Basel, estrenada en 2022 en Basilea.
Dirección musical: Gustavo Gimeno. Dirección de escena: Christof Loy.
Elenco: Gorka Culebras, Carla Pérez Mora, Nicky van Cleef, David Vento, Joni Österlund, Mario Branco, Nicolas Franciscus, Christof Fischesser, Evelyn Herlitzius, Nicolas Franciscus.
Orquesta y coro titulares del Teatro Real.













