Crítica: «Norma» en el Teatro alla Scala de Milán

Por Bernardo Gaitán Crítica: «Norma» Scala Milán

Es curioso que uno de los títulos más representativos de la lírica haya sido representado pocas veces en un escenario tan icónico como el Teatro alla Scala: Norma, de Vincenzo Bellini, estrenada precisamente allí en 1831 con Giuditta Pasta en el papel principal. Eso sí, las escasas ocasiones en que se ha montado no han pasado desapercibidas: fue caballo de batalla de Maria Callas, quien la interpretó en este teatro entre 1952 y 1955, seguida por Leyla Gencer en 1965, y más tarde por Montserrat Caballé en 1977. Desde entonces, la obra había permanecido ausente en la Scala. Como anécdota, el 20 de octubre de 2020, Marina Rebeka ofreció un recital como solista en el teatro. Al final, tras una larga serie de aplausos, se atrevió a decir en un italiano impecable, casi invocando al destino: “Mi sueño ha sido siempre cantar esta pieza en este escenario”. En ese momento, Giulio Zappa, el pianista que la acompañaba en aquel íntimo recital, comenzó a tocar la sublime introducción de Casta Diva. Tuvieron que pasar cinco años desde aquel día para que a la internacional diva letona se le cumpliera el anhelo de interpretar a la sacerdotisa más emblemática del repertorio operístico justo en el escenario de sus sueños.
Una escena de «Norma» / Foto: . Brescia e Amisano – Teatro alla Scala
El regreso de esta obra maestra belliniana, tras casi medio siglo de ausencia, dejó un sabor agridulce. Por un lado, se disfrutó de una música espectacular; por el otro, la propuesta escénica de Olivier Py pasó sin pena ni gloria. El director escénico situó la acción no en la Galia bajo dominación romana, como señala Felice Romani en el libreto, sino en una especie de Risorgimento italiano -entre 1815 y 1871-, periodo durante el cual Italia alcanzó su unidad nacional. No obstante, varias escenas evidenciaban una falta de coherencia: para aludir al mito de Medea, apareció un camerino de cabaret berlinés de 1920; en otro momento, surgía una pira de fuego como en la Roma antigua, o unas grandes escaleras minimalistas que nada tenían que ver con la arquitectura del Ottocento, a las que se iban sumando elementos naturales como un árbol gigante o la luna. La propuesta del creativo francés careció de lógica, aunque no resultó del todo desagradable: no aportó nada sustancial, pero afortunadamente tampoco incomodó. Simplemente cumplió. El vestuario diseñado por Pierre-André Weitz se mantuvo coherente con el estilo del Risorgimento, especialmente en los solistas y el coro; y la iluminación de Bertrand Killy fue adecuada. Salvo por unos bailarines semidesnudos, fuera de contexto, que aludían al mundo del teatro mediante una coreografía -totalmente prescindible- de Ivo Bauchiero. Eso sí, Py logró momentos de gran impacto visual: la entrada de Norma desde la cima de las escaleras estremecía, y el final de la ópera, cuando Norma se sincera con Pollione, causaba auténticos escalofríos por lo bien logrado.
Vasilisa Berzhanskaya y Freddie De Tommaso eb «Tosca» / Foto: Brescia e Amisano – Teatro alla Scala
En cambio, fue la parte musical la que sacó a flote la producción. La dirección de Fabio Luisi logró capturar la complejidad emocional de la partitura, alternando con maestría momentos de gran pathos con un lirismo explosivo. Su interpretación se caracterizó por una elasticidad rítmica particular, perfectamente adaptada al dinamismo y dramatismo de la música. El concertador genovés, profundo conocedor del repertorio belcantista, también tuvo el acierto de utilizar la edición crítica de Roger Parker, ofreciendo así una versión completa y fiel. Desde la Sinfonia, el director creó una atmósfera de solemnidad trágica, desplegando un amplio abanico de emociones, desde la melancolía hasta la furia bélica. Por su parte, el Coro de La Scala, bajo la dirección de Alberto Malazzi, brilló con fuerza, entregando un momentos de gran potencia expresiva. La indiscutible triunfadora de la noche fue Marina Rebeka, quien abordó el papel de manera soberbia cercano a la perfección. Su elegante voz, de timbre rico y control técnico impecable, destacó en los momentos más emotivos gracias a su fluidez y su capacidad para transmitir empatía mediante filature y mezzevoci sin mencionar los sonoros y seguros sobreagudos. Su Norma resultó profundamente convincente, dotando al personaje de credibilidad como madre, más allá de su rol sacerdotal. La interpretación de “Qual cor tradisti, qual cor perdesti” fue conmovedora, arrancando lágrimas por lo increíblemente bien actuado y cantado. El público la ovacionó con entusiasmo por su maestría técnica y su intensidad emocional, confirmándola como una de las voces de referencia en el repertorio belliniano. Tras una impecable Casta Diva, ejecutada con maestría y religiosidad, desde el loggione llovieron gritos de “¡Brava!” e incluso “¡Bis! ¡Bis!”.
Marina Rebeka en «Tosca» / Foto: Brescia e Amisano – Teatro alla Scala
Una gratísima sorpresa fue Vasilisa Berzhanskaya como Adalgisa, quien obtuvo un éxito unánime gracias a su extraordinaria voz y a su notable inteligencia interpretativa, cualidades que le permitieron mostrar los matices emocionales del personaje. Su Adalgisa brilló por un timbre hermoso y un fraseo lleno de implicación emocional. Junto con Rebeka, además de entender perfectamente cómo se canta el estilo belcantista, formó el núcleo dramático de la ópera, sabiendo responder a todas las exigencias técnicas y estilísticas. El dueto “Sola, furtiva al tempio” fue una auténtica delicia. La soprano rusa supo transmitir los múltiples matices de un personaje desgarrado entre su juramento como sacerdotisa y su afecto por Norma, logrando una interpretación evocadora. Freddie De Tommaso encarnó a Pollione con una voz que, pese a unos agudos resonantes, no terminó de convencer, principalmente por una falta de fineza estilística e italianidad -curioso teniendo raíces italianas-. Si bien posee una voz generosa, su timbre no se adapta del todo a la textura belcantista del rol. Su Pollione fue en el primer acto torpe, carente de profundidad y con una agresividad vocal innecesaria, con una actuación falto de elegancia en el fraseo, lo que dificultó la comprensión del personaje. Prueba de ello fueron los abucheos que se escucharon desde el loggione tras su aria “Meco all’altar di Venere”. Para el segundo acto, su desempeño mejoró considerablemente, especialmente en la escena final del juicio y la muerte. Michele Pertusi, como Oroveso, ofreció una interpretación colmada de experiencia, aunque su voz, lamentablemente, no se encontraba en plenitud ni con la grandeza que requiere el personaje y a la que nos tiene acostumbrados. Aun así, se mantiene como un bajo de referencia en el repertorio belcantista, con una elegancia de fraseo intacta. Por su parte, Laura Lolita Perešivana como Clotilde y Paolo Antognetticomo Flavio ofrecieron interpretaciones frescas e incisivas, muy efectivas para realzar el protagonismo de los roles principales.
Tras 48 años sin una Norma en el escenario milanés, al final de la apoteósica función -y pese a algunos abucheos no muy contundentes dirigidos a De Tommaso-, cayeron grandes ovaciones para Berzhanskaya y sobre todo para Rebeka.
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Milán (Teatro alla Scala), 4 de julio de 2025.  Norma (nueva producción).  Dirección musical: Fabio Luisi. Dirección de escena: Oliver Py.  Director del coro: Alberto Malazzi. Crítica: «Norma» Scala Milán

Elenco: Marina Rebeka, Freddie De Tommaso, Michele Pertusi, Vasilisa Berzhanskaya, Laura Lolita Perešivana, Paolo Antognetti. OW