Metropolitan Opera vuelve a apostar sobre seguro recuperando la ya emblemática producción de Anthony Minghella para Madama Butterfly de Giacomo Puccini, una propuesta que, casi dos décadas después de su estreno en 2006, no solo resiste el paso del tiempo, sino que sigue llenando el teatro en su condición de clásico contemporáneo.

La propuesta de Minghella sigue funcionando. Su aparente simplicidad encierra una sofisticación teatral de gran inteligencia: los contrastes cromáticos, el uso dramático de la iluminación de Peter Mumford, el implacable espejo cenital y, sobre todo, la integración del teatro Bunraku con marionetas confeccionadas por Blind Summit Theatre, construyen un universo de belleza estilizada y perturbadora intensidad emocional.
En manos de la directora de reposición Paula Williams, todo fluye con naturalidad. Se percibe una comodidad general en el escenario: los cantantes se mueven con soltura dentro de un lenguaje escénico ya plenamente asimilado por la casa. No es poco mérito: pocas producciones logran este equilibrio entre estética y funcionalidad teatral.
La soprano Aleksandra Kurzak vuelve a confirmar su estrecha relación con el público neoyorquino. Su Cio-Cio-San es fruto de un conocimiento profundo del personaje, trabajado desde la inteligencia y la experiencia. En una etapa ya madura de su carrera, Kurzak afronta el desafío de encarnar a una adolescente con una voz que ha ganado cuerpo y densidad con el tiempo. Y lo hace, fundamentalmente, desde una técnica asentada y dominio del teatro.

Porque si bien en lo vocal hubo momentos en los que la orquesta —demasiado expansiva— llegó a cubrirla, la soprano polaca supo imponerse gracias a una emisión sólida, bien apoyada, con ricas resonancias en el registro grave y un control expresivo notable. Su interpretación, matizada y profundamente humana, mantuvo al público en vilo, recordando que el verdadero arte operístico no reside únicamente en la perfección sonora, sino en la capacidad de conmover.
En el foso, Carlo Rizzi no terminó de encontrar el equilibrio convincente de siempre. La orquesta del Met ofreció momentos de cierta desconexión con la escena, con episodios de desajuste que afectaron a la continuidad dramática. El volumen, en ocasiones excesivo, penalizó especialmente a la protagonista. El coro, preparado por Tilman Michael, firmó una actuación discreta, aunque el célebre coro a boca cerrada destacó por su incisividad, mejor perfilado que en otras ocasiones.

El tenor Adam Smith compuso un Pinkerton convincente en lo actoral, más ingenuo que cínico, apoyado en una emisión segura en el agudo. Sin embargo, su timbre mate y falto de brillo se aleja del ideal del estilo pucciniano, donde se echa en falta mayor luminosidad y expansión lírica.
Por su parte, el barítono Quinn Kelsey volvió a demostrar su habitual musicalidad y nobleza expresiva como Sharpless. Atento, comunicativo y siempre en diálogo con sus compañeros y el foso, fue uno de los pilares de la velada.
Destacó también la Suzuki de Jennifer Johnson Cano, de generoso caudal vocal y entrega escénica incuestionable, aunque de actuación menos sutil que la protagonista. En los comprimarios, tanto Tony Stevenson como Goro como Jeongcheol Cha como Yamadori volvieron a ofrecer interpretaciones ejemplares, confirmando su fiabilidad en estos roles. El Bonzo, de Peixin Chen nos sonó un tanto circunspecto y más bien sepultado por la orquesta de Rizzi.

Para quienes no se atreven aún a escalar las cumbres de Tristan und Isolde, el Met continúa ofreciendo títulos como Madama Butterfly en producciones de alto nivel, accesibles y profundamente teatrales.
Nueva York puede considerarse afortunada: la gran maquinaria operística del Metropolitan Opera sigue funcionando con una solidez admirable, capaz de combinar tradición, espectáculo y emoción con una eficacia que pocas instituciones pueden igualar.
★★★★☆
Metropolitan Opera de Nueva York, a 21 de marzo de 2026. Madama Butterfly, ópera en tres actos de Giacomo Puccini y libreto en italiano de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica basada en el drama de David Belasco.
Dirección Musical: Carlo Rizzi. Orquesta y coro de la Metropolitan Opera (director del coro: Tilman Michael). Producción: Anthony Minghella, Dirección y coreografía: Carolyn Choa, Diseño escénico: Michael Levine, Vestuario: Han Feng, Iluminación: Peter Mumford, Títeres: Blind Summit Theatre, Dirección del Revival: Paula Williams.
Reparto: Adam Smith, Tony Stevenson, Jennifer Johnson Cano, Quinn Kelsey, Aleksandra Kurzak, Paul Corona, Juhwan Lee, Peixin Chen, Jeongcheol Cha, Hannah Jones.













