Crítica: La Orquesta del Festival de Bayreuth en el Palau de la Música Catalana

OW   Crítica: Festival Bayreuth Palau Catalana    Por Roberto Benito

El 150.º aniversario del Festival de Bayreuth ha llevado a su orquesta y a tres de sus solistas habituales a emprender una gira internacional cuya primera parada ha tenido lugar en Barcelona. El Palau de la Música Catalana acogió este acontecimiento excepcional de la mano del Festival de Peralada, que cerraba así la celebración de su 40.º aniversario con una de las citas musicales más relevantes de su temporada. Crítica: Festival Bayreuth Palau Catalana

En circunstancias normales, el concierto habría tenido como escenario el auditorio del Festival de Peralada, actualmente a la espera de una próxima reapertura. La colaboración entre el festival ampurdanés y el Palau permitió, sin embargo, que Barcelona acogiera esta producción en una sala abarrotada, con todas las localidades vendidas y un público entregado formado, en buena medida, por fieles aficionados a la ópera y al universo wagneriano. La velada sirvió, además, como brillante pórtico de una nueva temporada musical en la capital catalana.

Una imagen de la Orquesta del Festival de Bayreuth en el Palau de la Música Catalana / Foto: Mario Wurzburger

Pocas orquestas poseen una identidad tan singular como la del Festival de Bayreuth. Integrada por instrumentistas procedentes de algunas de las mejores formaciones alemanas, la orquesta permanece habitualmente oculta a los ojos del público en el célebre foso diseñado por Richard Wagner para su Festspielhaus. Liberada en esta ocasión de aquella invisibilidad, la formación se presentó en toda su dimensión ante el público del Palau.

Precisamente ahí apareció uno de los principales reparos de la velada. La acústica ideada por Wagner para Bayreuth es inseparable de la sonoridad de su orquesta, y reproducirla fuera de aquel teatro constituye una empresa prácticamente imposible. El Palau, con sus propias y extraordinarias características acústicas, ofreció desde el comienzo un balance desigual entre las distintas familias instrumentales. La cuerda quedó en ocasiones absorbida por la presencia imponente de los metales y por el volumen de las maderas, un desequilibrio perceptible ya en «Abendlich strahlt der Sonne Auge», de El oro del Rin, que abrió el programa, y posteriormente en la entrada de los dioses en el Valhalla. Ello no impidió comprobar la extraordinaria categoría individual de los músicos. Los diferentes solos del programa pusieron de manifiesto la excelencia de unos instrumentistas capaces de combinar virtuosismo y refinamiento. Entre los momentos más logrados destacó el «Murmurio del bosque» (Waldweben) de Siegfried, página en la que Wagner convierte la orquesta en paisaje y la música en una evocación casi tangible de la naturaleza.

Los metales desplegaron una contundencia espectacular sin renunciar, sin embargo, a la tersura del sonido ni a la limpieza de la emisión. Esa capacidad para hacer audible con claridad cada motivo wagneriano constituye una de las señas de identidad de esta orquesta. La Marcha fúnebre de El ocaso de los dioses fue uno de los grandes momentos instrumentales de la noche, al igual que la propina final, «La cabalgata de las valquirias», recibida con el entusiasmo previsible por el público. La cuerda, precisa y disciplinada, fue ganando presencia conforme avanzaba el concierto, aunque los tutti siguieron evidenciando las dificultades de balance anteriormente señaladas. Un mayor número de instrumentistas en algunos de sus subgrupos habría contribuido probablemente a reforzar su presencia sonora. Las maderas, por su parte, ofrecieron una admirable conjunción, con una extraordinaria riqueza de colores y una notable ductilidad expresiva.

Catherine Foster y Klaus Florian Vogt / Foto: Mario Wurzburger

 

Tres solistas pusieron voz a la epopeya wagneriana. Los tres poseen una larga experiencia en este repertorio, aunque sus resultados fueron desiguales. La soprano británica Catherine Foster, bien conocida por el público catalán gracias a sus interpretaciones de Brünnhilde en la última tetralogía del Liceu y a su participación en Turandot hace tres temporadas, no atravesó su mejor noche. Su primera intervención, «Ewig war ich», de Siegfried, estuvo marcada por problemas de afinación y por unos agudos forzados que la situaron por debajo del nivel ofrecido por la orquesta. Mejoró en su segunda aparición, especialmente desde el punto de vista de la afinación, aunque su interpretación del final de El ocaso de los dioses, «Starke Scheite», no alcanzó plenamente la dimensión heroica que exige esta música.

Muy diferente fue la impresión dejada por Klaus Florian Vogt. El tenor alemán, igualmente familiar para el público del Liceu desde hace dos décadas, continúa conservando una voz de timbre inconfundible. Sin responder al modelo tradicional del Heldentenor, su instrumento le ha permitido desarrollar una larga y exitosa carrera en el repertorio wagneriano sin perder la frescura que todavía hoy caracteriza su canto. Su interpretación del relato de Siegmund, «Ein Schwert verhieß mir der Vater», de La valquiria, fue magnífica por su musicalidad y capacidad expresiva. Más discutible resultó, en cambio, su aproximación a la escena de la muerte de Siegfried en El ocaso de los dioses, donde el canto pareció excesivamente uniforme y menos generoso en matices. Crítica: Festival Bayreuth Palau Catalana

El gran triunfador de la velada fue, sin discusión, Nicholas Brownlee. El bajo-barítono estadounidense ya había dejado una excelente impresión en sus anteriores apariciones en el Liceu, en obras de Bartók y Mahler, y su esperado debut como Wotan esta temporada despierta ahora todavía mayores expectativas. Brownlee posee una voz redonda, poderosa y homogénea, capaz de imponerse a una gran masa orquestal sin perder calidad tímbrica ni atención al detalle. Su primera intervención, «Abendlich strahlt der Sonne Auge», de El oro del Rin, fue breve pero suficiente para anunciar lo que estaba por venir. Y lo que llegó después fue, sencillamente, el gran acontecimiento vocal de la noche. La despedida de Wotan de La valquiria encontró en Brownlee un intérprete de extraordinaria categoría. Su fraseo, cuidadosamente matizado; la riqueza de sus dinámicas; el carácter aterciopelado del timbre; la oscuridad de su color vocal y la claridad de su dicción construyeron una interpretación de enorme autoridad y profundidad expresiva. Una prestación de esas que permanecen en la memoria mucho después de que haya terminado el concierto. Crítica: Festival Bayreuth Palau Catalana

Pablo Heras-Casado al frente de la Orquesta del Festival de Bayreuth / Foto: Mario Wurzburger

Al frente de la Orquesta del Festival de Bayreuth se encontraba Pablo Heras-Casado. El director granadino ha ido consolidando su relación con Wagner desde su debut en la Colina Verde con Parsifal en 2023, incorporando progresivamente este repertorio a una trayectoria caracterizada, precisamente, por su amplitud y eclecticismo. En esta ocasión, sin embargo, la relación entre director y orquesta no siempre transmitió una sensación de absoluta unidad. Resultaba difícil determinar si se trataba de una cuestión relacionada con el número de ensayos o, paradójicamente, con la enorme experiencia y autonomía de una formación tan habituada a este repertorio. En algunos momentos, la impresión era la de dos caminos paralelos que llegaban incluso a separarse: ciertos matices planteados desde el podio parecían no encontrar una respuesta inmediata en la orquesta y, por instantes, la poderosa maquinaria musical daba la sensación de avanzar por sí misma.

Nada de ello impidió, en cualquier caso, que el resultado global alcanzara una notable calidad musical. La presencia de la Orquesta del Festival de Bayreuth fuera de su escenario natural continúa siendo un acontecimiento excepcional, y su paso por Barcelona dejó numerosos momentos de auténtica grandeza.

El Festival de Peralada cerró así la celebración de su 40.º aniversario con una cita a la altura de su prestigiosa trayectoria. Cuatro décadas de historia avalan a una institución que ha convertido la excelencia artística en una de sus principales señas de identidad. Solo queda desear que el futuro nuevo auditorio permita recuperar pronto el escenario natural de tantas noches memorables y que las próximas décadas sigan ofreciendo al público propuestas de la calidad de la vivida en el Palau.


 

Barcelona (Palau de la Música Catalana), 30 de junio de 2026.

Concierto con obras de la Tetralogía de Richard Wagner

Solistas: Catherine Foster, soprano; Klaus Florian Vogt, tenor; Nicholas Brownlee, bajo-barítono.
Orquesta: Orquesta del Festival de Bayreuth.
Director: Pablo Heras-Casado.