Crítica: «Otello» abre la temporada del Teatro Real

Por Federico Figueroa

Cuando Verdi estrenó Aida en 1871, muchos dieron por cerrada no solo la etapa romántica de la ópera italiana, sino también la propia trayectoria del maestro Giuseppe Verdi. Retirado en su finca de Sant’Agata, el compositor disfrutaba entonces de una vida serena y de una fama indiscutible. Pero la muerte de Alessandro Manzoni, símbolo del «Risorgimento», lo sacó de su silencio creativo y dio lugar a la Messa da Requiem (1874), que lo devolvió con fuerza al panorama musical europeo. Años más tarde, el veterano Verdi volvió a inspirarse en William Shakespeare (1564-1616), a quien ya había recurrido en Macbeth, para dar vida a Otello. No es casual que el Teatro Real haya elegido precisamente esta ópera para su temporada 2025/26, dedicada al Bardo inglés en el 410.º aniversario de su muerte. Con este marco conmemorativo, la institución recupera la producción escénica de Otello que ya inauguró la temporada en septiembre de 2016. Se trata de una coproducción con la English National Opera (ENO), en donde se estrenó en 2014; la Ópera Real de Estocolmo (Kungliga Operan), en donde se vió en 2015 y el coliseo madrileño. Esta reposición, pese a las buenas intenciones, topa con el mismo escollo de hace nueve temporadas: una propuesta escénica que no termina de convencer.

Una escena de «Otello» en el Teatro Real / Foto: Javier del Real

El director escénico estadounidense David Alden (Nueva York, 1949) traslada Otello a los años treinta del siglo pasado, en un Chipre militarizado, un recurso que, más que iluminar la trama, se percibe ya como un cliché escénico. El racismo del libreto queda diluido en esta actualización: lo más “negro” en este gobernador es su uniforme militar. Alden insiste en que no es ese el núcleo del drama, y confía en que el público acepte el odio visceral de Iago sin mediaciones. Más sugerente resulta su lectura de la relación con Desdémona, elevada a un ideal: Otello la adora como una Virgen inalcanzable, para después degradar el icono a la condición de simple diana. El monumental decorado de Jon Morrell, a ratos reforzado por la iluminación tenebrista de Adam Silverman, encierra a los personajes en un espacio de escasa luz y resquicios de humanidad. El resultado es una propuesta sombría, donde el impacto visual termina por imponerse al verdadero pulso dramático de la obra, creando una sensación de frialdad que ni la cálida lectura musical ha podido templar.

Brian Jagde y Asmik Grigorian / Foto: Javier del Real

Brian Jagde retrata a Otello con una voz de gran potencia y seguridad técnica; sin embargo, su interpretación no logra alcanzar del todo la dimensión heroica y, en ocasiones, la intensidad resulta algo forzada. También se echó en falta, por parte del tenor estadounidense, una mayor conexión emocional con su pareja, Asmik Grigorian. La soprano lituana ofrece una Desdemona cálida y líricamente hermosa, con una línea vocal bien pulida. Su “Canción del Sauce” y el “Ave María” resultaron conmovedores, aunque quizá demasiado terrenales para transmitir la espiritualidad idealizada que se esperaba. Ambos artistas debutan en estos papeles, y no dudo que lograrán llevarlos a cotas superiores. El barítono italiano Gabriele Viviani encarna a Iago con suficiente presencia escénica y una voz robusta, aunque le falta un registro grave más contundente que otorgara mayor malevolencia al personaje. Entre los secundarios, Airam Hernández (Cassio) destacó con un canto luminoso, que aportó un respiro en la atmósfera sombría de la producción, y el contundente bajo surcoreano In Sung Sim (Ludovico). Los demás, cumplieron con buena nota su cometido: el tenor Albert Casals (Roderigo), el barítono  Fernando Radó (Montano/Mensajero) y la mezzosoprano albanesa Enkelejda Shkoza (Emilia). Ella fue Maddalena (Rigoletto, 2001 y 2009) y también Suzuki (Madama Butterfly, 2017) y Mrs. Benson (Lakmé, 2022). Me pregunto ¿no se buscó y encontró una mezzosoprano «de cercanías» para hacer ese pequeño personaje? Cuando se presentó Otello por primera vez en el nuevo Teatro Real, en 1999, ese personaje fue interpretado por Marina Rodríguez-Cusì y en 2016, cuando se volvió a presentar esta ópera con motivo de los 400 años del fallecimiento de Shakespeare, la encargada fue Gemma Coma-Alabert.

Afortunadamente, y a diferencia de hace 9 años, esta vez sí hubo pasión en el foso insuflada por la lectura musical muy personal, dentro del estilo verdiano, de Nicola Luisotti. El director italiano parece que vive cada compás del maestro de Busetto con una intensidad brutal. A veces el sonido es un susurro, casi inaudible, y en otro momentos es como el fragor de una gran catarata. Y esto también puede ser un problema pues algunas voces, la de Viviani por ejemplo, resultaban sepultadas por el bombástico sonido de la orquesta.

Una escena de «Otello» en el Teatro Real / Foto: Javier del Real

En conjunto, la producción ofrece momentos de gran fuerza teatral y musical, pero el énfasis constante en lo sombrío acaba resultando excesivo. La combinación de escenografía monumental, iluminación tenebrista y la dirección de actores de Alden deja poco espacio para la emoción genuina. Aunque la calidad vocal y musical es notable, la propuesta termina siendo más una declaración estética que un drama humano plenamente conmovedor. No olvidemos que se trata de un feminicidio cometido en el seno de una pareja.

Era una noche de gran gala, y se notó la ausencia de los Reyes, quienes sí estuvieron presentes hace nueve años. Quizá, tras el viaje a Egipto, lo que menos deseaban Sus Majestades era volver a presenciar una puesta en escena ya conocida. Sí asistieron representantes de la política, la cultura y de las altas esferas económicas y sociales, así como algunos personajes populares de aquello que llaman el “periodismo del corazón”. Por cierto, Cervantes murió el mismo año que Shakespeare, por lo que el próximo año se cumplirán 410 años de su fallecimiento. Sería deseable que algún día se programe una ópera basada en alguna de sus obras.


Madrid (Teatro Real), 19 de de septiembre de 2025.   Otello. Ópera en 4 actos de Giuseppe Verdi con libreto de Arrigo Boito. OW

Dirección musical: Nicola Luisotti.               Dirección de escena: David Alden

Elenco: Brian Jagde, Asmik Grigorian, Gabriele Viviani, Airam Hernández, Enkelejda Shkoza, In Sung Sim, Albert Casals, Fernando Radó.